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lunes, 8 de julio de 2024

MBAPPÉ, JAMES RODRÍGUEZ Y LA CONCIENCIA DE CLASE

 

Por Germán Ayala Osorio 


Antes de conocerse los recientes resultados electorales en Francia en los que sacó ventaja la izquierda, en las redes sociales ya era viral lo que dijo la estrella del fútbol galo, Kilyan Mbappé, quien previo a las elecciones, invitó a  sus conciudadanos a votar en contra de la derecha fascista, esa misma que odia a los inmigrantes, condición que ostentan Mbappé y sus  padres. Esto dijo el crack: "Creo que ahora, más que nunca, hay que ir (a votar)Es una coyuntura urgente. No podemos dejar que nuestro país caiga en manos de esta gente. Es acuciante: hemos visto los resultados, es catastrófico".

Para los periodistas deportivos colombianos que creen que los deportistas y en particular los jugadores de fútbol no "deben meterse en política", lo dicho por Mbappé les debió sorprender y molestar porque esos colegas suelen ser defensores a ultranza del régimen de poder que les permite hoy ponerse al frente de unos micrófonos para entretener y manipular a las audiencias. El establecimiento colombiano, con el concurso de la Federación de Fútbol y de la mano de los narradores y comentaristas deportivos, usa de tiempo atrás el fútbol para inocular en los fanáticos un sentimiento patriotero que sirve a los propósitos enajenantes que busca todo régimen de poder.  Pan y circo es la fórmula mágica cuando lo que se busca es que los fanáticos dejen salir sus frustraciones durante largos 90 minutos o cuando se alcanza una estrella o una copa, para salir en caravanas a beber y a sacudir la bandera tricolor.

Es posible que las condiciones difíciles en las que se levantó Mbappé sean similares a las de muchos de los deportistas y jugadores de la selección colombiana de fútbol de mayores. Pobreza, desigualdad y violencia pueden ser tres elementos comunes en los orígenes del 10 de la selección gala y de muchos jugadores que actualmente brillan con el seleccionado nacional en la Copa América que se celebra en los Estados Unidos. A juzgar por lo dicho por Mbappé antes de las elecciones en su país, la diferencia  entre el jugador francés y los jugadores de la selección de Colombia está en la conciencia de clase, que no es otra cosa que ese sentimiento de saber de dónde se viene, de reconocer muy bien quiénes son los responsables de haber soportado condiciones adversas y el poder advertir para sí mismos que la fortuna que logren amasar jugando al fútbol, jamás podrá borrar sus orígenes.

Para Marx, la conciencia de clase "representa el mecanismo a través del cual una clase pasa de ser una clase en sí a una clase para sí. Sobre esta base, el mismo Marx señaló cómo la presencia o ausencia de conciencia de clase determinaba las posibilidades que tenía una clase social de convertirse en una fuerza social" (Pérez, Pablo. Cómo entender y estudiar la conciencia de clase en la sociedad capitalista contemporánea. Una propuesta).

Mbappé parece tener muy claro qué es eso de la conciencia de clase, pues sabe que la derecha fascista francesa, en tanto clase, no le conviene a quienes defienden las libertades y no asumen la migración como una amenaza cultural. Me pregunto si dentro del seleccionado colombiano existen jugadores con esa misma claridad de la estrella del Real Madrid. 

Como Mbappé juega con la 10, miremos el caso del 10 colombiano, James Rodríguez. Baste con recordar la reunión entre el crack de la selección y el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez para pensar que posiblemente Rodríguez poco o nada sabe de eso de la conciencia de clase. Lo primero que dejó ver en aquel encuentro con el político antioqueño es el desconocimiento de la historia reciente del país, en especial el contexto y las circunstancias socio políticas, culturales, económicas y de orden público que generó Uribe cuando "mandó" en Colombia (no gobernó) entre el 2002 y el 2010 y cuando  repitió mandato entre el 2018 y el 2022, en las "carnotas" de Iván Duque, su títere. 

Ojalá los tres jugadores chocoanos que hacen parte del combinado nacional tengan más elementos de juicio que James Rodríguez, fruto de las difíciles condiciones en las que se levantaron en ese departamento castigado por el centralismo, el clasismo y el racismo estructural, para acercarse a esa veta de conciencia de clase que dejó ver Mbappé en su declaración.

Quizás sea mucho pedir para quienes creen que siendo ricos y famosos, no están obligados a pensar por fuera de las canchas. Mi abuela materna solía decirle a mi madre y a sus hermanos y hermanas: "del cura, la misa, y nada más". A lo mejor debo recoger el sentido de la lapidaria y sigilosa frase de la "mamita" para decir: de los jugadores de la Selección, los triunfos, y nada más. 





sábado, 20 de julio de 2024

JERRY MINA, EL "NUEVO JORGITO" DE ÁLVARO URIBE VÉLEZ

 

Por Germán Ayala Osorio


Circula en redes sociales un video en el que aparece el caballista, expresidente y expresidiario, Álvaro Uribe Vélez, montando un fino caballo y a Jerry Mina, jugador de la Selección Colombia. En la imagen se aprecia al popular y vulgar caballista exhibiendo un dominio excepcional del equino. Montado sobre el animal, Uribe convierte la cabeza de Mina en un eje y con su mano derecha hace girar al caballo en torno a la figura espigada del defensa del equipo nacional. Mina mide 1.95 de estatura.  

La imagen fue calificada como grotesca y esclavista por quienes la postearon en sus cuentas de X. Y al parecer, quien la hizo pública fue el mismo caballista. Vamos por partes, como diría Jack el destripador. No es la primera vez que el popular expresidiario hace alarde de su capacidad para dominar bestias. Ya lo había hecho con "Jorgito", un trabajador de su finca El Ubérrimo al que sometió a la misma figura, diciéndole "estese quieto Jorgito", mientras giraban, caballo y jinete, sobre el menudo cuerpo del empleado. "Jorgito" no debe medir más de 1.70. Muy seguramente Uribe Vélez aprovechó la visita de Mina a su enorme hacienda para "superar" lo hecho con su trabajador. Así suelen divertirse los caballistas.   

La publicación del video por parte del expresidente es premeditada. A pesar de la pérdida de popularidad y de su creciente imagen negativa por el lío judicial en el que se encuentra inmerso en calidad de procesado en etapa de juicio, Uribe sigue siendo una figura admirada por millones de colombianos, incluidos jugadores de fútbol, como el Tino Asprilla, James Rodríguez y ahora Jerry Mina. Por lo anterior, al expresidente le fascina que hablen de él. Su evidente narcisismo lo obliga a mantener su vigencia política (pública), así sea usando a su favor la positiva imagen que suelen tener entre los aficionados los jugadores del combinado nacional.

Ya expuesto el video, entonces los aficionados y tuiteros calificaron la imagen como esclavista y fustigaron a Jerry Mina por haberse prestado para que Uribe lo usara para demostrar sus destrezas en el dominio del caballo. La molestia de esos aficionados se expresa en esta frase: se trata de un "negro inconsciente, ignorante y sometido aún a los deseos de su amo. O un "esclavo domesticado", como calificó en su momento Francia Márquez al Tino Asprilla, exjugador de la Selección". Recordemos el origen del rifirrafe entre Márquez y Asprilla. El vallecaucano, también afrocolombiano como Jerry Mina, dijo en su cuenta de X que  "Apoyar a Álvaro Uribe es un acto de responsabilidad social. Fue quien le devolvió la fe y la esperanza a un pueblo que estaba rodeado por la criminalidad. Guerrilleros y paramilitares fueron arrinconados luego de años de someter a Colombia".

A este choque de visiones se sumó en ese mismo momento, Gustavo Petro: "uno de los movimientos que más discriminación ha producido en el pueblo afrocolombiano, después de los esclavistas, es el uribismo”. 

Creo que los tuiteros y millones de colombianos esperan demasiado de los jugadores de la Selección. Algunos recordaron la claridad política de Mbappé y hasta se atrevieron a establecer diferencias entre Mina y el crack francés, por ser hombres afrodescendientes. Los contextos socio culturales en los que se levantaron el 10 del seleccionado francés y el defensa del combinado nacional  son tan distintos que no caben comparaciones, en particular en lo que tiene que ver con aquello de la "conciencia de clase". Mbappé es hijo de padres inmigrantes, mientras que Mina es hijo de Guachené (Cauca), un territorio dominado por terratenientes de la caña de azúcar en el que, además de la pobreza económica, la cultural es la más evidente y dominante. No olvidemos que Uribe también es un terrateniente. 

En las luchas de una parte del pueblo caucano contra los azucareros existe la figura de los "capataces negros", que no son más que hombres  afros serviles a los intereses de los latifundistas. Guardando las proporciones, esos "capataces negros" cumplen la función de los Kapos en los campos de concentración nazis en donde maltrataron y asesinaron a por lo menos 6 millones de judíos durante el Holocausto. Esos Kapos eran prisioneros judíos serviles a los guardias de la SS. 

Mina tiene el derecho de reunirse con quien le dé la gana y eso incluye prestarse para que, este caso, el reconocido caballista se divirtiera. A lo mejor, Mina también gozó del momento con el Patrón. Así como Asprilla tiene el derecho a admirar a quien desee. 

A los miembros de los pueblos afros de Colombia no se les puede exigir que asuman luchas que territorial e identitariamente no tienen para ellos ningún sentido. La esclavitud como sistema económico y de dominación étnica no tiene por qué ser una carga histórica, ético-política y moral para los afrocolombianos que han logrado salir adelante (conseguir plata, mas no conciencia de clase) gracias al fútbol. 

Quizás para Asprilla y Mina una manera de enfrentar el racismo estructural sea acercarse a los poderosos, así estos sean o hayan sido agentes responsables de procesos de discriminación y racismo. Estar del lado de los "amos" es también una opción de vida. 

Insisto en que los aficionados al fútbol caen en un error al exigirle a los jugadores de fútbol que asuman posturas políticas o identitarias contrarias a las formas de dominación hegemónicas en Colombia. Hace parte del fuero individual de Mina reunirse con el patán de marras. 

 

 


Imagen tomada de Semana.com


jueves, 17 de abril de 2025

MARIO VARGAS LLOSA, FALCAO GARCÍA Y FRANCISCO BARBOSA

 

Por Germán Ayala Osorio

La muerte del nobel de literatura Mario Vargas Llosa generó una ola de comentarios a favor de su obra literaria y en contra de su actividad política y labor como Intelectual Orgánico (Gramsci), asociadas estas últimas a su perfil eurocentrista, clasista, cercano a la hegemonía conservadora y a la doctrina neoliberal.

Como reacción a la andanada en contra del político, alguien se preguntó si era posible separar al escritor del ciudadano políticamente comprometido y por esa vía poner por encima de sus ideas políticas la calidad de sus novelas y ensayos. Otros, quizás sin hacerse la pregunta, previamente tomaron la decisión de “quedarse” con el novelista y desechar sus contradicciones ideológicas o simplemente desconocerlas en aras de facilitar la elección.

Claro que es posible establecer límites y tajantes fronteras entre quien escribe magistrales novelas y se aprovecha de su condición de intelectual para hacer política en favor de un sector tradicional de poder.  El asunto problemático no está en la acción misma de separar al escritor, al hombre y al intelectual orgánico. La cuestión está en que en ese ejercicio de disección o vivisección de Vargas Llosa los admiradores y lectores consumados de sus libros decidan negar la existencia de contradicciones entre los roles jugados, elevando la condición humana del Nobel de Literatura a estadios idealizados o deificados.

La prensa tradicional en Colombia, por ejemplo, exaltó al novelista y puso su condición de Nobel de Literatura por encima de su actividad política e ideológica, tratando de ocultar los visos de “supremacismo político” que dejó ver Vargas Llosa cuando descalificó la elección de Petro como presidente de la República de esta manera: “Los colombianos al elegir a Petro eligieron la pobreza, es clarísimo. Yo creo que son tontos”. Al parecer, Vargas Llosa creía, a pesar de estar ya entrado en años cuando dijo lo que dijo, en el fantasma del comunismo y el castrochavismo. Lo dicho quizás se puede explicar porque en ese momento no estaba hablando el escritor, sino el intelectual orgánico.

Mientras una parte del mundo llora la partida del escritor peruano, una minoría quizás insista en poner en cuestión las posturas políticas del Nobel de Literatura, insistiendo en que no es posible separar al escritor, al hombre y al intelectual orgánico llamado Mario Vargas Llosa. Estos últimos seguirán atrapados en la idea de que “no hay muerto bueno”. Eso sí, el periodismo tiene la obligación ética de hacer las completas disecciones de las figuras públicas, sean estos escritores, atletas, jefes de Estado, científicos o astronautas, entre otros.

Llevemos la misma pregunta al ámbito del fútbol colombiano. En las mismas redes sociales en las que se hizo la vivisección del desaparecido novelista peruano circuló la imagen de Radamel Falcao García, conocido como el “Tigre”, muy cerca del exfiscal Francisco Barbosa. Ambos compartían espacio en uno de los palcos del estadio el Campin de Bogotá.

Los seguidores de Falcao optaron por separar la historia memorable del número 9 de la Selección Nacional y sus preferencias políticas muy cercanas a la derecha, compartidas también por compañeros que han visitado El Ubérrimo y “usados” por el expresidente Uribe Vélez como “postes” para girar sobre ellos montado en sus finos caballos de paso. Insisto: es posible hacer ese tipo de vivisección y optar por quedarse con el jugador y su palmarés, dejando de lado sus ideas y preferencias políticas.

El caso de Vargas Llosa guarda enormes diferencias con las de Falcao García por razones obvias: mientras que el escritor peruano era un hombre ilustrado y formado para dar discusiones conceptuales de carácter universal, el goleador del fútbol colombiano está en función exclusivamente de hacer goles y darles alegrías a los hinchas, lo que parece suficiente para negarles la razón a los aficionados que se molestaron por la foto con el narciso ex fiscal Francisco Barbosa.

Exigirle a Falcao y a otros jugadores de la Selección de Fútbol que piensen y digan bajo los parámetros de la conciencia de clase resulta exagerado en un país como Colombia en el que por mucho tiempo el Establecimiento se encargó de estigmatizar a quienes se atrevieron a cuestionar a la derecha dominante y a plantear opciones de poder diferentes desde la izquierda y más recientemente desde el progresismo. Justamente, por esa forma de “pensamiento único” no es obligación tratar de hallar en las posturas políticas de estos atletas contradicciones entre su actividad deportiva y su reducida capacidad para dar las discusiones conceptuales que sí pudo dar en vida Mario Vargas Llosa. Por ahora, dejemos descansar al novelista y no esperemos más de aquellos que se ganan la vida pateando un balón, así sepamos- y aquellos lo ignoren- que política y la práctica del fútbol seguirán unidas para siempre.



Imagen tomada de Infobae. 

martes, 13 de agosto de 2024

GARZÓN: 25 AÑOS DESPUÉS Y NADA CAMBIÓ

 

POR GERMÁN AYALA OSORIO

        Por estos días se conmemoran 25 años del crimen de Jaime Garzón Forero. Mientras cientos de miles de colombianos aún lloran la desaparición del humorista, varios políticos y periodistas, amigos y simpatizantes de los paramilitares que lo asesinaron, volverán a celebrar el haberle quitado la risa al país y sacado de encima a un insoportable crítico.  

Un año más para lamentar su asesinato y otro más para insistir en la idea de que el humor político que practicó el abogado y periodista, de poco sirvió para cambiar el país, pues la invitación que el humorista le hizo a los "jóvenes para asumieran la dirección del país, porque nadie vendría a salvárselos", se quedó en eso, en una invitación. 

No sé si Garzón esperaba mucho de sus compatriotas o si él mismo creía que con su incisivo humor político podría concientizar a una sociedad escindida, mal informada, poco leída y sin referentes éticos, que sigue votando por la misma clase política corrupta, mafiosa y criminal que Garzón cuestionó y de la que se burló a través de sus personajes. 

Garzón dijo en una conferencia en Cali en 1995 que "Uribe es peligrosísimo" y sin embargo, millones votaron por el exgobernador de Antioquia. Me pregunto: ¿Cuántos de esos millones de compatriotas que votaron y reeligieron a Uribe, gozaron con las "ocurrencias" de Garzón? 

Y aunque Godofredo Cínico Caspa dedicó varios minutos a caracterizar a Uribe políticamente como un "pacifista, cooperativo, hombre de mano firme y pulso armado, que inspirado en los soles de Farouk, llamó Convivir" a las cooperativas que terminaron siendo estructuras paramilitares, esos mismos muy seguramente lo eligieron y reeligieron. 

Garzón también lo calificó como una "neolumbrera neoliberal, él vislumbra este país como una zona de orden público total...y harán de Uribe Vélez el dictador que necesita este país". A pesar de  semejante caracterización tan precisa, salieron a votar por el político antioqueño. Quizás ese hecho político sea la prueba de que el humor político de Garzón muy pocos lo entendieron y que a millones de colombianos les sirvió solo para reír a carcajadas, evitando así la toma de conciencia individual y colectiva.

Asesinaron a Garzón y ese hecho criminal hay que entenderlo como una acción y un mensaje ejemplarizante de unos sectores de la derecha que al no soportar el humor político y la crítica, se acercaron al comportamiento fascista. 

El noticiero Caracol Noticias dedicó varios minutos a recordar el crimen de Garzón. En la extensa y emotiva nota periodística no apareció Godofredo Cínico Caspa hablando de Uribe Vélez. Eso es un indicador de que a pesar de ya no estar entre nosotros, su crítica política a través de un fino e inteligente humor sigue siendo mal vista por las empresas mediáticas responsables de haber creado políticamente a Uribe y haberle dado ese carácter de Mesías en el que confiaron cientos de miles de colombianos. 

Quizás algún día aprendamos como sociedad a conectar el humor y la sátira política con aquello de la conciencia de clase, la responsabilidad ciudadana y sobre todo, con la necesidad de negarle los votos a la clase política y dirigente que lleva por lo menos 200 años robándose el país, mientras nos distraemos viendo partidos de fútbol e incluso consumiendo chistes racistas y clasistas tipo Sábados Felices y La Luciérnaga. 

Cuando llegue el momento de conmemorar los 50 años del crimen, esta misma columna podrá servir para pedirle perdón a Jaime Garzón Forero por no haber comprendido su mensaje porque solo nos alcanzó para "cagarnos" de la risa cada que aparecía en la "televisora".




jueves, 11 de julio de 2024

¿LA SELECCIÓN NOS UNE?

 

Por GERMÁN AYALA OSORIO

 

Después de alcanzar la clasificación a la final de la Copa América y en medio de la algarabía y de expresiones de patrioterismo, volvió a escucharse que “la Selección Colombia nos une”. Convertida dicha frase en un imaginario colectivo, atado, por supuesto al poder de penetración del lenguaje periodístico, bien vale la pena tratar de ahondar en sus raíces y alcances. 

Lo primero que hay que decir es que ese imaginario colectivo supone que la sociedad colombiana deviene históricamente escindida por razones políticas, culturales e ideológicas. En el 2021, cuando se ganó por primera vez la Copa América, la misma frase se escuchó de las voces de narradores y periodistas deportivos y por supuesto, de hinchas que creyeron y aceptaron el mensaje de una idea que se popularizó tanto, que no no parece haber nadie dispuesto a poner en duda de que efectivamente "la Selección nos une". En esa oportunidad quedamos campeones. Me pregunto: ¿Hubo unión, en qué consistió? ¿Acaso se resolvieron los problemas y los conflictos sociales y políticos se transformaron? ¿O lo que el periodismo deportivo busca realmente, al fijar ese imaginario en la conciencia colectiva es que por unas horas nos "unamos" para celebrar, disfrutar, consumir y beber? Si es así, entonces el único objetivo de los programas y periodistas deportivos cuando sueltan la frase es que salgamos como locos a consumir bebidas y a gastar sin control y por esa vía, olvidarnos de nuestras tristezas, problemas, miedos y angustias.  

Sigamos. También se puede pensar que esa realidad objetiva llamada "desunión o eterna división" se ha intentado cambiar a través de fórmulas distintas al fútbol, esto es, acuerdos sociales y políticos como el que permitió derogar la conservadora y anacrónica constitución de 1886 y otros pactos políticos de menor alcance, pero que sirven para comprender que los problemas de la sociedad colombiana no se pueden superar con el hecho de abrazarnos en torno a la celebración de un título deportivo en la disciplina del fútbol. Hablo del Frente Nacional, el fallido Pacto de Chicoral en los años 60, el proceso de paz entre el Estado y el M-19, los pactos Ralito, Chivolo y Pivijay entre una parte de la clase política y los paramilitares, así como el tratado de paz con las entonces Farc-Ep durante el gobierno de Juan Manuel Santos Calderón.

Los señalados acuerdos, pactos o negociaciones no sirvieron para cambiar esa realidad a la que nos remite la idea de que la Selección es lo único que une a los colombianos. Es tal la potencia de dicho imaginario colectivo que no es necesario explicar que se trata de la selección masculina de fútbol de mayores. Justamente, una sociedad machista como la colombiana parece tener exclusivamente en los jugadores (hombres) la posibilidad de dejar atrás la “desunión colectiva" de la que posiblemente otros hombres son responsables por disímiles decisiones tomadas en lo político, lo social y lo económico. 

Con la “fiebre” por la Selección parece que aquello de que somos un país de regiones puede atenuarse en virtud de los efectos negativos que viene dejando un centralismo bogotano que ha logrado consolidar esa condición de país de regiones, creando en las más importantes ciudades capitales "espejos" regionales de ese fatal centralismo capitalino. Un ejemplo de lo anterior es que hay ciudadanos que viven en el centro y norte del departamento que deben desplazarse a la capital del Valle del Cauca Cauca a tramitar asuntos que  en sus municipios no se pueden abordar administrativamente. 

Insisto en que la manida frase "la Selección es lo único que nos une" deviene con un alto grado de confusión porque quienes la promueven no explican con claridad si eso de unirnos tan solo apunta a salir juntos a celebrar en caravanas y sentarnos a beber hasta perder la conciencia. El mismo imaginario colectivo arrastra un sentido lastimero que da cuenta de cómo nos auto percibimos, con un detalle no menor: le entregamos a 11 jugadores la responsabilidad de transformar a toda una sociedad cuyos miembros de sus élites gravitan en torno a un naturalizado ethos mafioso. 

No podemos ocultar que vivir en el país es toda una aventura y hasta un "deporte de alto riesgo" por la posibilidad de morir en una masacre, en un atentado terrorista o víctima de un agente del Estado, un paraco, guerrillero o ladrón callejero. 

Solo espero que las tragedias que dejó la celebración del 5 a 0 contra Argentina en el Monumental de Núñez, ese 5 de septiembre de 1993, no se repitan en caso de que Colombia alcance por segunda ocasión el anhelado título continental. Ojalá hayamos aprendido a celebrar con mesura, de manera civilizada, con responsabilidad y respeto. Cualquiera sea el resultado, la frase "la Selección nos une" seguirá instalada en la conciencia colectiva con un complemento: "nos une para celebrar, pero para nada más". 


   


 Imagen tomada de la cuenta de X de la Presidencia de Colombia

viernes, 6 de marzo de 2026

MESSI: LA “PULGA CIPAYA”

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Ver a Lionel Messi en la Casa Blanca, compartiendo con el pederasta presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, constituye un hecho político-deportivo que confirma que la coherencia política y la conciencia de clase son valores que escasean en ídolos del fútbol como el astro argentino.

La imagen resulta a todas luces grotesca por razones ético-políticas, morales y deportivas que permiten poner en discusión si Messi está obligado a parecerse ideológicamente a Diego Maradona, el referente con el que los argentinos suelen medir y comparar lo hecho por la “pulga” dentro y fuera de la cancha. Y la respuesta es un contundente No. Los defensores de Messi recuerdan que Maradona se abrazó con “Chávez Frías, Nicolás Maduro, Fidel Castro, Evo Morales, Gadafi y Putin”.

Huelga recordar que Maradona siempre miró con desdén a los gringos y su poderío militar. Messi hoy se codea con el pederasta y criminal octogenario. Messi aprendió a patear y correr con un balón pegado a sus pies y se refugió en el fútbol justamente para reducir su propio mundo a lo que sucede dentro de las canchas. Maradona hizo lo mismo, pero sacaba tiempo para hablar de política, defender causas sociales y meterse en líos ideológicos.

Por fuera de las canchas, al actual 10 de la Selección Argentina le tienen sin cuidado las guerras, el genocidio en Gaza, las correlaciones de fuerza, la hegemonía norteamericana y el nuevo (des) orden que está imponiendo Trump.

Messi es un jugador que disfruta, en su adultez, del fútbol en una liga con el nivel recreativo que se le reconoce a la liga de los Estados Unidos; de la misma manera como Trump se regocija persiguiendo latinos y asesinando musulmanes y persas.

El 10 argentino lo ganó todo. Con justicia o no, pero lo hizo. Maradona, también, incluida la Copa del Mundo México 86, con el gol de la “mano de Dios” contra los ingleses: de esa manera les escupió la cara por lo sucedido en las islas Malvinas. Si los comparamos dentro del ámbito de la política,  Lionel Messi es un pibe, un purrete, un nene o un chango.  Maradona jugó a ser un "animal político universal". En su minoría de edad, a Messi jamás se le hubiese ocurrido negarse a asistir a la Casa Blanca en rechazo a las intervenciones militares en Venezuela e Irán. Salvo, claro está, que se trate de un pibe formado en un hogar en el que se hayan leído las Venas abiertas de América Latina o alguna de las obras de José Carlos Mariátegui. Y quizás, por ser padre de tres varoncitos, a Messi no le preocupa legitimar la vida del consumado pederasta que, por fortuna, está de salida. 

Messi seguirá siendo grande dentro del mundo del fútbol y sus admiradores honrarán su grandeza llamándolo la “pulga”; Maradona ya alcanzó el carácter de deidad en la sociedad argentina que lo venera y llora aún después de su azarosa partida; y sus fieles seguidores le gritarán en adelante a Lionel Messi “pulga cipaya” por haberse reunido con el pederasta.

Adenda: la fatal jugada de Messi, no necesitará del VAR para que el mundo comprenda que la "pulga cipaya" lleva la mítica camiseta 10. 

Adenda 2: ¿Dirá algo la Unicef de su reconocido agente?

miércoles, 1 de mayo de 2024

COLOMBIA: UN PAÍS DE OSOS, PERRAS, ABEJAS, CONEJOS, CEBRAS Y ELEFANTES BLANCOS

 

Por Germán Ayala Osorio

 

El lenguaje suele dar cuenta de lo que somos como individuos y sociedad. Cuando hablamos o escribimos, dejamos ver nuestras partes pudendas. “Habitamos” en él, dijo un filósofo. Y en los usos particulares de una lengua como la que compartimos en Colombia, encontramos curiosas asociaciones entre palabras y unos hechos fácticos que responden a ejercicios metafóricos, muchos de estos con fines eufemísticos.

Desconozco de dónde viene la “costumbre lingüística” de conectar los nombres de animales con normas, actos de corrupción o para descalificar a específicas personas. No creo que esos usos muy particulares de nuestra lengua respondan a un alto nivel de conciencia por ser uno de los países más biodiversos del mundo. Si por algo se caracteriza el colombiano promedio es por no saber qué es eso de la biodiversidad, animales o plantas endémicas y mucho menos, ecosistemas frágiles y estratégicos protegidos.

Una de esas asociaciones con nombres de animales es el “Elefante blanco”. La usamos para referirnos a casos de corrupción y negligencia expresados en la no terminación de obras civiles como la construcción de hospitales, acueductos y colegios, entre otros. Aunque hay que advertir, que en el país los elefantes no hacen parte original de nuestra fauna. Por estos días, el gobierno anuncia que encontró por lo menos 100 de esos “elefantes blancos”. Algunos de esos los están intentando recuperar del deterioro físico al que han sido sometidos por el paso del tiempo. Lo interesante de esa asociación es que siempre habrá “elefantes blancos” en Colombia porque los políticos son quienes se aseguran de que jamás falten. Esos curiosos paquidérmicos son hijos del ethos mafioso que guía la vida de muchos miembros de la clase dirigente, política y empresarial de Colombia.

El “Lobo” es otro animal que sirve para descalificar la vestimenta y los gustos de personajes públicos. Por ahí anda un abogado colombiano muy mediático él, a quien suelen molestarlo por sus llamativas “pintas” (ropa que usa a diario), las mismas que le han permitido a sus detractores calificarlo como “lobo”.

El “Sapo” es quizás el animal más odiado en términos socio lingüísticos puesto que la gente asocia su presencia con una persona soplona, delatora o que se mete en donde la han llamado. También sirve para referirse a quien busca protagonismo, extendiendo su lengua para lamerle al jefe, quizás buscando un ascenso o para congraciarse con una decisión tomada.

La “Cebra” nos recuerda al hermoso animal rayado, pero también al paso peatonal pintado sobre las vías, con el propósito de que los transeúntes pasen con seguridad y orden. Hay que decir que hay animales humanos que prefieren no atravesar por la cebra por pereza o simplemente porque los desborda la incultura y la estupidez.

 La “Abeja” como imagen nos recuerda al útil animalito no humano, conocido por los expertos como un bioindicador de los ecosistemas en los que aún sobrevive. Pero sirve para que socialmente pensemos en personas hábiles para los negocios o quizás para intentar salirse con la suya, incluso, por fuera de la ley o las normas sociales. Caben en esa asociación ladrones, trabajadores mañosos y “avispados”. También políticos, porque hay unos que son unas verdaderas abejas. 

La imagen del dócil Conejo no solo se asocia a los numeritos circenses de magia, sino a la acción de no pagar una cuenta o de estafar a otra persona. Entonces, le “hicieron conejo” se asume como una acción negativa para quien sufre la estafa o el incumplimiento de algo previamente pactado.

Cuando se busca trabajo, entonces los colombianos azotados por el desempleo hablan de “buscar Camello”. También, para dar cuenta de dónde están o para dónde van: “voy para el camello o estoy en el camello”, para indicar que estamos en el lugar de trabajo.  

Los llamativos Lagartos los asociamos a políticos o a quienes suelen asistir a reuniones políticas, preferiblemente en campañas electorales, para “sobar chaquetas” o mendigar un contrato o un trabajo a un político clientelista y corrupto. “Lagartear” es la acción verbal reconocida a esos curiosos “Lagartos”. “Me estoy lagarteando un cargo en el gobierno” suele ser la expresión más común entre estos asqueantes especímenes.

La expresión “trabaja como una Hormiga” es positiva en la medida en que con esta se reconoce el trabajo laborioso e incansable de un empleado y por supuesto, de las Hormigas. Se trata de un trabajador eficiente y eficaz en el cumplimiento de sus obligaciones laborales. La pequeñez del animal no humano llamado Hormiga, sirve para engrandecer a quien se merece dicho reconocimiento.

El precioso Oso también es usado para hacer referencias a hechos culturales. Expresiones como “hizo el oso” sirve para dar cuenta de una situación vergonzosa y vergonzante que nadie más quiere volver a vivir o experimentar. En Colombia contamos aún con el Oso de anteojos (Tremarctos ornatus) en selvas y  páramos. Eso sí, asediado por colonos y ganaderos, que los asesinan porque los osos suelen atacar al ganado cuando tienen hambre. Olvidan que las selvas y los páramos son hábitat y que los intrusos son ellos y nos los osos. 

Y en un país machista, misógino y patriarcal como el nuestro, la “Zorra” sirve como epíteto para descalificar a las mujeres liberales o simplemente, aquellas que optaron por dejar a su pareja. Entonces, vieja “zorra” es un descalificativo muy usado por machitos violentos. Hay que recordar que esa expresión también estuvo asociada a los vehículos de tracción animal, halados por caballos. Entonces, se decía, en Bogotá especialmente, “contrate a un zorrero o ahí viene una “zorra”.

Para los propósitos de esa misma asociación se usa el vocablo Perra, referido como todos sabemos a esas hermosas caninas que alegran las vidas de millones de animales humanos en todo el mundo.  Por fortuna, el término “Perro” sirve para dar cuenta del hombre que se cree muy conquistador o es un picaflor consumido. De allí que anda enamorando mujeres. Hay por supuesto, un desbalance entre los efectos psicosociales que se generan cuando se usan las expresiones "perra" y "perro". Cosas del lenguaje machista. 

Y la Paloma, asociada a la idea de paz y cordialidad, sirve para señalar a aquellas personas que en su actuar cotidiano no le hacen mal a nadie o que trabajan en búsqueda de la anhelada paz en Colombia. Por eso, los primeros se llaman mansas Palomas y los segundos, soñadores. Claro que hay en la política una Paloma que suele entregar mensajes de odio. Es la Paloma mensajera de la violenta derecha colombiana, manejada por un vulgar caballista. 

Un extranjero podría pensar, después de comprender el sentido de esos particulares usos de nuestra lengua, que efectivamente somos una sociedad formada para respetar a los animales salvajes y domésticos. Pero no. Hay cientos de miles de compatriotas que asesinan a Osos de anteojos y envenenan perros callejeros y domésticos. Bueno, no podríamos esperar nada distinto en una sociedad violenta, cuyos miembros son capaces de matarse por una camiseta de un equipo de fútbol, o por ser de izquierda o de derecha o, porque simplemente se nos dio la gana.


 

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