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lunes, 8 de julio de 2024

MBAPPÉ, JAMES RODRÍGUEZ Y LA CONCIENCIA DE CLASE

 

Por Germán Ayala Osorio 


Antes de conocerse los recientes resultados electorales en Francia en los que sacó ventaja la izquierda, en las redes sociales ya era viral lo que dijo la estrella del fútbol galo, Kilyan Mbappé, quien previo a las elecciones, invitó a  sus conciudadanos a votar en contra de la derecha fascista, esa misma que odia a los inmigrantes, condición que ostentan Mbappé y sus  padres. Esto dijo el crack: "Creo que ahora, más que nunca, hay que ir (a votar)Es una coyuntura urgente. No podemos dejar que nuestro país caiga en manos de esta gente. Es acuciante: hemos visto los resultados, es catastrófico".

Para los periodistas deportivos colombianos que creen que los deportistas y en particular los jugadores de fútbol no "deben meterse en política", lo dicho por Mbappé les debió sorprender y molestar porque esos colegas suelen ser defensores a ultranza del régimen de poder que les permite hoy ponerse al frente de unos micrófonos para entretener y manipular a las audiencias. El establecimiento colombiano, con el concurso de la Federación de Fútbol y de la mano de los narradores y comentaristas deportivos, usa de tiempo atrás el fútbol para inocular en los fanáticos un sentimiento patriotero que sirve a los propósitos enajenantes que busca todo régimen de poder.  Pan y circo es la fórmula mágica cuando lo que se busca es que los fanáticos dejen salir sus frustraciones durante largos 90 minutos o cuando se alcanza una estrella o una copa, para salir en caravanas a beber y a sacudir la bandera tricolor.

Es posible que las condiciones difíciles en las que se levantó Mbappé sean similares a las de muchos de los deportistas y jugadores de la selección colombiana de fútbol de mayores. Pobreza, desigualdad y violencia pueden ser tres elementos comunes en los orígenes del 10 de la selección gala y de muchos jugadores que actualmente brillan con el seleccionado nacional en la Copa América que se celebra en los Estados Unidos. A juzgar por lo dicho por Mbappé antes de las elecciones en su país, la diferencia  entre el jugador francés y los jugadores de la selección de Colombia está en la conciencia de clase, que no es otra cosa que ese sentimiento de saber de dónde se viene, de reconocer muy bien quiénes son los responsables de haber soportado condiciones adversas y el poder advertir para sí mismos que la fortuna que logren amasar jugando al fútbol, jamás podrá borrar sus orígenes.

Para Marx, la conciencia de clase "representa el mecanismo a través del cual una clase pasa de ser una clase en sí a una clase para sí. Sobre esta base, el mismo Marx señaló cómo la presencia o ausencia de conciencia de clase determinaba las posibilidades que tenía una clase social de convertirse en una fuerza social" (Pérez, Pablo. Cómo entender y estudiar la conciencia de clase en la sociedad capitalista contemporánea. Una propuesta).

Mbappé parece tener muy claro qué es eso de la conciencia de clase, pues sabe que la derecha fascista francesa, en tanto clase, no le conviene a quienes defienden las libertades y no asumen la migración como una amenaza cultural. Me pregunto si dentro del seleccionado colombiano existen jugadores con esa misma claridad de la estrella del Real Madrid. 

Como Mbappé juega con la 10, miremos el caso del 10 colombiano, James Rodríguez. Baste con recordar la reunión entre el crack de la selección y el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez para pensar que posiblemente Rodríguez poco o nada sabe de eso de la conciencia de clase. Lo primero que dejó ver en aquel encuentro con el político antioqueño es el desconocimiento de la historia reciente del país, en especial el contexto y las circunstancias socio políticas, culturales, económicas y de orden público que generó Uribe cuando "mandó" en Colombia (no gobernó) entre el 2002 y el 2010 y cuando  repitió mandato entre el 2018 y el 2022, en las "carnotas" de Iván Duque, su títere. 

Ojalá los tres jugadores chocoanos que hacen parte del combinado nacional tengan más elementos de juicio que James Rodríguez, fruto de las difíciles condiciones en las que se levantaron en ese departamento castigado por el centralismo, el clasismo y el racismo estructural, para acercarse a esa veta de conciencia de clase que dejó ver Mbappé en su declaración.

Quizás sea mucho pedir para quienes creen que siendo ricos y famosos, no están obligados a pensar por fuera de las canchas. Mi abuela materna solía decirle a mi madre y a sus hermanos y hermanas: "del cura, la misa, y nada más". A lo mejor debo recoger el sentido de la lapidaria y sigilosa frase de la "mamita" para decir: de los jugadores de la Selección, los triunfos, y nada más. 





miércoles, 8 de julio de 2026

SIGAMOS HABLANDO DE LA SELECCIÓN

 




James Rodríguez no anotó goles en el Mundial 2026. Foto: Getty Images / Getty Images


Por Germán Ayala Osorio

 

La eliminación de la Selección del Mundial de Fútbol es una inmejorable oportunidad para discernir alrededor de varios asuntos que rodean la vida social, política y cultural de los jugadores y del resto de la sociedad colombiana.  La actuación del equipo nacional es asumida por la prensa hegemónica, patrocinadores y aficionados como una suerte de válvula de escape a los problemas que arrastramos como sociedad o en el peor de los casos como fuente de poderosos opioides capaces de alivianar los dolores del alma de una sociedad infeliz que necesita con urgencia ese tipo de satisfacciones deportivas convertidas en un anhelo de la gran masa.

Propongo los siguientes enunciados categoriales para dar cuenta de ese discernimiento conectado como dije a esas tres variables de la vida societal en ese país llamado Colombia. El primer enunciado categorial lo llamo Heroización masculina. El segundo, Felicidad al debe; el tercero Identidad televisada y el cuarto, El Fútbol, el inmoral morfínico.

Heroización masculina. El fútbol, como el mundo entero, deviene, básicamente, masculino y masculinizante. De ahí el fervor, la pasión y las múltiples violencias que confluyen y se originan de su práctica callejera y por supuesto las que agencia la FIFA, organización que fija las reglas, inclusive aquellas que convirtieron a los jugadores en “esclavos millonarios” que se venden al mejor postor. Los presidentes de la FIFA son hombres; la dirigencia del fútbol colombiano es patriarcal. Baste con recordar el violento episodio protagonizado por su presidente Ramón Jesurún durante la pasada Copa América para entender de qué tipo de masculinidades estamos hablando.

Quizás por las dinámicas del conflicto armado interno la sociedad colombiana es muy dada a echar a andar, con el concurso de las empresas mediáticas, procesos de heroización de militares, paramilitares y guerrilleros, actores armados que habiendo violado los derechos humanos y desatendido las obligaciones morales del DIH son asumidos como “héroes” por sus simpatizantes. Lo mismo pasa con los jugadores de la Selección de Mayores: cuando ganan partidos u obtienen clasificaciones la prensa los eleva a la condición de “Héroes”. Les dicen “guerreros” y hasta les dan las gracias por haber competido, esto es, por haber cumplido con actividades propias del trabajo que desempeñan como futbolistas. El tratamiento con las mujeres de los seleccionados femeninos no es el mismo. Poco o nada se habla de “heroínas”. Las llaman “niñas” y les alcanza a algunos periodistas deportivos para llamarlas “guerreras o súper poderosas”, en un evidente esfuerzo por ocultar el machismo y la misoginia que genera el sistema patriarcal.

Felicidad al debe. Son millones de colombianos que aún insisten en depositar la obligación individual de alcanzar la felicidad en 11 jugadores que ya tienen resuelta su vida económica y por lo tanto son felices o aparentan serlo, en contraste con aquellos que se endeudan, empeñan joyas y apuestan hasta lo que no tienen con tal de acompañar a la “Sele”. Varios registros noticiosos dieron cuenta de esa realidad social y económica de cientos de aficionados que resolvieron viajar, con limitaciones, a México, Canadá y Estados Unidos exclusivamente para estar en los estadios animando a la Selección, vestidos con la camiseta amarilla. Son fanáticos a los que urge dejar salir todo tipo de frustraciones y por esa vía insistir y auto validar la práctica social de situar como responsables de ser felices a los integrantes del seleccionado nacional. A otros les parece genial tener el costoso y sufrido recuerdo de haber estado en un estadio viendo, desde lejanas tribunas, a sus ídolos. Otros tantos también lo hacen para presumir en sus redes sociales que son felices.

Identidad televisada. Los medios de información (insisten en llamarlos de comunicación) cumplen la función social y política de distraer a la gran masa necesitada de eventos masivos como el Mundial de Fútbol.  El objetivo más importante de las empresas mediáticas está atado a la acción de inocular en las audiencias o en la fanaticada el amor por una identidad nacional en ciernes y que arrastra graves problemas para su consolidación. Se trata de verdaderas taras civilizatorias que los jugadores creen haber superado por la fama, el reconocimiento y la riqueza alcanzadas, pero que todos sabemos que están ahí presentes.

Esa identidad televisada es falsa o por lo menos fantasmal en la medida en que el periodismo y la mágica cajita construyen realidades. Para el caso de la “identidad nacional” se chocan todo el tiempo con las taras civilizatorias, la vergüenza de ser colombiano y la insistencia de millones de colombianos de desconocer e incluso de maldecir los procesos de mestizaje de los que son “víctimas”. Esa identidad televisada es tan discutible como la identidad del fútbol colombiano. No hemos podido construir una identidad nacional basada en principios republicanos. Buscamos de manera desesperada la aceptación universal de eso de ser colombiano, alejados o buscando ocultar que como colectivo no hemos aprendido lo más básico: respetar al Otro y en particular cuando celebramos las siempre morales victorias que la “Sele” alcanzó en su historia.

Y por último está El Fútbol, el inmoral morfínico. Como deporte espectáculo el fútbol atrae, distrae, confunde y apasiona por su estética, por el gol, entendido por Eduardo Galeano como un “orgasmo”. El “orgasmo del fútbol” dijo el escritor uruguayo. La FIFA, poco a poco, en un proceso lento, pero seguro, le ha ido quitando la magia, hasta convertirlo en un grotesco espectáculo en el que confluyen mafiosos, lavadores de dinero y apostadores dispuestos a todo. Galeano dijo que “la historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí».

Eso sí, mantiene su poder morfínico en un mundo que necesita de este tipo de escenarios proto nirvánicos en los que se liberan rabias y frustraciones. Las barras bravas sí que saben de eso. Quizás por ser tan inmoral hoy el fútbol que regenta Infantino y la FIFA de tiempo atrás es que mantiene el mismo número de fanáticos e incluso van llegando niños, los nuevos fogosos que poco o nada les interesará conocer de dónde viene tanta inmoralidad.

Una periodista en la cuenta de X preguntaba qué le falta a la Selección para alcanzar la gloria. Me aventuré a responder lo siguiente: No es posible cambiar la mentalidad del jugador colombiano mientras siga pensando en que lo único importante es conseguir plata, comprar autos y llenarse de lujos. Se necesita un cambio cultural. "Destraquetizar" los gustos de los jugadores. Humildad y conciencia de clase. Examinar procesos de formación- si acaso existen- y el seguimiento a jugadores desde las inferiores. El técnico de la Selección "absoluta" debe ser proclive a darle oportunidad a jóvenes sub17. Debe pensar, por indicaciones de directivos, en el relevo generacional. Y por supuesto, hay que exigir un cambio en la dirigencia de la Federación, por una razón: son las mujeres, el fútbol femenino, las que están logrando los títulos que los falsos “héroes” jamás ganaron.

sábado, 20 de julio de 2024

JERRY MINA, EL "NUEVO JORGITO" DE ÁLVARO URIBE VÉLEZ

 

Por Germán Ayala Osorio


Circula en redes sociales un video en el que aparece el caballista, expresidente y expresidiario, Álvaro Uribe Vélez, montando un fino caballo y a Jerry Mina, jugador de la Selección Colombia. En la imagen se aprecia al popular y vulgar caballista exhibiendo un dominio excepcional del equino. Montado sobre el animal, Uribe convierte la cabeza de Mina en un eje y con su mano derecha hace girar al caballo en torno a la figura espigada del defensa del equipo nacional. Mina mide 1.95 de estatura.  

La imagen fue calificada como grotesca y esclavista por quienes la postearon en sus cuentas de X. Y al parecer, quien la hizo pública fue el mismo caballista. Vamos por partes, como diría Jack el destripador. No es la primera vez que el popular expresidiario hace alarde de su capacidad para dominar bestias. Ya lo había hecho con "Jorgito", un trabajador de su finca El Ubérrimo al que sometió a la misma figura, diciéndole "estese quieto Jorgito", mientras giraban, caballo y jinete, sobre el menudo cuerpo del empleado. "Jorgito" no debe medir más de 1.70. Muy seguramente Uribe Vélez aprovechó la visita de Mina a su enorme hacienda para "superar" lo hecho con su trabajador. Así suelen divertirse los caballistas.   

La publicación del video por parte del expresidente es premeditada. A pesar de la pérdida de popularidad y de su creciente imagen negativa por el lío judicial en el que se encuentra inmerso en calidad de procesado en etapa de juicio, Uribe sigue siendo una figura admirada por millones de colombianos, incluidos jugadores de fútbol, como el Tino Asprilla, James Rodríguez y ahora Jerry Mina. Por lo anterior, al expresidente le fascina que hablen de él. Su evidente narcisismo lo obliga a mantener su vigencia política (pública), así sea usando a su favor la positiva imagen que suelen tener entre los aficionados los jugadores del combinado nacional.

Ya expuesto el video, entonces los aficionados y tuiteros calificaron la imagen como esclavista y fustigaron a Jerry Mina por haberse prestado para que Uribe lo usara para demostrar sus destrezas en el dominio del caballo. La molestia de esos aficionados se expresa en esta frase: se trata de un "negro inconsciente, ignorante y sometido aún a los deseos de su amo. O un "esclavo domesticado", como calificó en su momento Francia Márquez al Tino Asprilla, exjugador de la Selección". Recordemos el origen del rifirrafe entre Márquez y Asprilla. El vallecaucano, también afrocolombiano como Jerry Mina, dijo en su cuenta de X que  "Apoyar a Álvaro Uribe es un acto de responsabilidad social. Fue quien le devolvió la fe y la esperanza a un pueblo que estaba rodeado por la criminalidad. Guerrilleros y paramilitares fueron arrinconados luego de años de someter a Colombia".

A este choque de visiones se sumó en ese mismo momento, Gustavo Petro: "uno de los movimientos que más discriminación ha producido en el pueblo afrocolombiano, después de los esclavistas, es el uribismo”. 

Creo que los tuiteros y millones de colombianos esperan demasiado de los jugadores de la Selección. Algunos recordaron la claridad política de Mbappé y hasta se atrevieron a establecer diferencias entre Mina y el crack francés, por ser hombres afrodescendientes. Los contextos socio culturales en los que se levantaron el 10 del seleccionado francés y el defensa del combinado nacional  son tan distintos que no caben comparaciones, en particular en lo que tiene que ver con aquello de la "conciencia de clase". Mbappé es hijo de padres inmigrantes, mientras que Mina es hijo de Guachené (Cauca), un territorio dominado por terratenientes de la caña de azúcar en el que, además de la pobreza económica, la cultural es la más evidente y dominante. No olvidemos que Uribe también es un terrateniente. 

En las luchas de una parte del pueblo caucano contra los azucareros existe la figura de los "capataces negros", que no son más que hombres  afros serviles a los intereses de los latifundistas. Guardando las proporciones, esos "capataces negros" cumplen la función de los Kapos en los campos de concentración nazis en donde maltrataron y asesinaron a por lo menos 6 millones de judíos durante el Holocausto. Esos Kapos eran prisioneros judíos serviles a los guardias de la SS. 

Mina tiene el derecho de reunirse con quien le dé la gana y eso incluye prestarse para que, este caso, el reconocido caballista se divirtiera. A lo mejor, Mina también gozó del momento con el Patrón. Así como Asprilla tiene el derecho a admirar a quien desee. 

A los miembros de los pueblos afros de Colombia no se les puede exigir que asuman luchas que territorial e identitariamente no tienen para ellos ningún sentido. La esclavitud como sistema económico y de dominación étnica no tiene por qué ser una carga histórica, ético-política y moral para los afrocolombianos que han logrado salir adelante (conseguir plata, mas no conciencia de clase) gracias al fútbol. 

Quizás para Asprilla y Mina una manera de enfrentar el racismo estructural sea acercarse a los poderosos, así estos sean o hayan sido agentes responsables de procesos de discriminación y racismo. Estar del lado de los "amos" es también una opción de vida. 

Insisto en que los aficionados al fútbol caen en un error al exigirle a los jugadores de fútbol que asuman posturas políticas o identitarias contrarias a las formas de dominación hegemónicas en Colombia. Hace parte del fuero individual de Mina reunirse con el patán de marras. 

 

 


Imagen tomada de Semana.com


jueves, 17 de abril de 2025

MARIO VARGAS LLOSA, FALCAO GARCÍA Y FRANCISCO BARBOSA

 

Por Germán Ayala Osorio

La muerte del nobel de literatura Mario Vargas Llosa generó una ola de comentarios a favor de su obra literaria y en contra de su actividad política y labor como Intelectual Orgánico (Gramsci), asociadas estas últimas a su perfil eurocentrista, clasista, cercano a la hegemonía conservadora y a la doctrina neoliberal.

Como reacción a la andanada en contra del político, alguien se preguntó si era posible separar al escritor del ciudadano políticamente comprometido y por esa vía poner por encima de sus ideas políticas la calidad de sus novelas y ensayos. Otros, quizás sin hacerse la pregunta, previamente tomaron la decisión de “quedarse” con el novelista y desechar sus contradicciones ideológicas o simplemente desconocerlas en aras de facilitar la elección.

Claro que es posible establecer límites y tajantes fronteras entre quien escribe magistrales novelas y se aprovecha de su condición de intelectual para hacer política en favor de un sector tradicional de poder.  El asunto problemático no está en la acción misma de separar al escritor, al hombre y al intelectual orgánico. La cuestión está en que en ese ejercicio de disección o vivisección de Vargas Llosa los admiradores y lectores consumados de sus libros decidan negar la existencia de contradicciones entre los roles jugados, elevando la condición humana del Nobel de Literatura a estadios idealizados o deificados.

La prensa tradicional en Colombia, por ejemplo, exaltó al novelista y puso su condición de Nobel de Literatura por encima de su actividad política e ideológica, tratando de ocultar los visos de “supremacismo político” que dejó ver Vargas Llosa cuando descalificó la elección de Petro como presidente de la República de esta manera: “Los colombianos al elegir a Petro eligieron la pobreza, es clarísimo. Yo creo que son tontos”. Al parecer, Vargas Llosa creía, a pesar de estar ya entrado en años cuando dijo lo que dijo, en el fantasma del comunismo y el castrochavismo. Lo dicho quizás se puede explicar porque en ese momento no estaba hablando el escritor, sino el intelectual orgánico.

Mientras una parte del mundo llora la partida del escritor peruano, una minoría quizás insista en poner en cuestión las posturas políticas del Nobel de Literatura, insistiendo en que no es posible separar al escritor, al hombre y al intelectual orgánico llamado Mario Vargas Llosa. Estos últimos seguirán atrapados en la idea de que “no hay muerto bueno”. Eso sí, el periodismo tiene la obligación ética de hacer las completas disecciones de las figuras públicas, sean estos escritores, atletas, jefes de Estado, científicos o astronautas, entre otros.

Llevemos la misma pregunta al ámbito del fútbol colombiano. En las mismas redes sociales en las que se hizo la vivisección del desaparecido novelista peruano circuló la imagen de Radamel Falcao García, conocido como el “Tigre”, muy cerca del exfiscal Francisco Barbosa. Ambos compartían espacio en uno de los palcos del estadio el Campin de Bogotá.

Los seguidores de Falcao optaron por separar la historia memorable del número 9 de la Selección Nacional y sus preferencias políticas muy cercanas a la derecha, compartidas también por compañeros que han visitado El Ubérrimo y “usados” por el expresidente Uribe Vélez como “postes” para girar sobre ellos montado en sus finos caballos de paso. Insisto: es posible hacer ese tipo de vivisección y optar por quedarse con el jugador y su palmarés, dejando de lado sus ideas y preferencias políticas.

El caso de Vargas Llosa guarda enormes diferencias con las de Falcao García por razones obvias: mientras que el escritor peruano era un hombre ilustrado y formado para dar discusiones conceptuales de carácter universal, el goleador del fútbol colombiano está en función exclusivamente de hacer goles y darles alegrías a los hinchas, lo que parece suficiente para negarles la razón a los aficionados que se molestaron por la foto con el narciso ex fiscal Francisco Barbosa.

Exigirle a Falcao y a otros jugadores de la Selección de Fútbol que piensen y digan bajo los parámetros de la conciencia de clase resulta exagerado en un país como Colombia en el que por mucho tiempo el Establecimiento se encargó de estigmatizar a quienes se atrevieron a cuestionar a la derecha dominante y a plantear opciones de poder diferentes desde la izquierda y más recientemente desde el progresismo. Justamente, por esa forma de “pensamiento único” no es obligación tratar de hallar en las posturas políticas de estos atletas contradicciones entre su actividad deportiva y su reducida capacidad para dar las discusiones conceptuales que sí pudo dar en vida Mario Vargas Llosa. Por ahora, dejemos descansar al novelista y no esperemos más de aquellos que se ganan la vida pateando un balón, así sepamos- y aquellos lo ignoren- que política y la práctica del fútbol seguirán unidas para siempre.



Imagen tomada de Infobae. 

martes, 13 de agosto de 2024

GARZÓN: 25 AÑOS DESPUÉS Y NADA CAMBIÓ

 

POR GERMÁN AYALA OSORIO

        Por estos días se conmemoran 25 años del crimen de Jaime Garzón Forero. Mientras cientos de miles de colombianos aún lloran la desaparición del humorista, varios políticos y periodistas, amigos y simpatizantes de los paramilitares que lo asesinaron, volverán a celebrar el haberle quitado la risa al país y sacado de encima a un insoportable crítico.  

Un año más para lamentar su asesinato y otro más para insistir en la idea de que el humor político que practicó el abogado y periodista, de poco sirvió para cambiar el país, pues la invitación que el humorista le hizo a los "jóvenes para asumieran la dirección del país, porque nadie vendría a salvárselos", se quedó en eso, en una invitación. 

No sé si Garzón esperaba mucho de sus compatriotas o si él mismo creía que con su incisivo humor político podría concientizar a una sociedad escindida, mal informada, poco leída y sin referentes éticos, que sigue votando por la misma clase política corrupta, mafiosa y criminal que Garzón cuestionó y de la que se burló a través de sus personajes. 

Garzón dijo en una conferencia en Cali en 1995 que "Uribe es peligrosísimo" y sin embargo, millones votaron por el exgobernador de Antioquia. Me pregunto: ¿Cuántos de esos millones de compatriotas que votaron y reeligieron a Uribe, gozaron con las "ocurrencias" de Garzón? 

Y aunque Godofredo Cínico Caspa dedicó varios minutos a caracterizar a Uribe políticamente como un "pacifista, cooperativo, hombre de mano firme y pulso armado, que inspirado en los soles de Farouk, llamó Convivir" a las cooperativas que terminaron siendo estructuras paramilitares, esos mismos muy seguramente lo eligieron y reeligieron. 

Garzón también lo calificó como una "neolumbrera neoliberal, él vislumbra este país como una zona de orden público total...y harán de Uribe Vélez el dictador que necesita este país". A pesar de  semejante caracterización tan precisa, salieron a votar por el político antioqueño. Quizás ese hecho político sea la prueba de que el humor político de Garzón muy pocos lo entendieron y que a millones de colombianos les sirvió solo para reír a carcajadas, evitando así la toma de conciencia individual y colectiva.

Asesinaron a Garzón y ese hecho criminal hay que entenderlo como una acción y un mensaje ejemplarizante de unos sectores de la derecha que al no soportar el humor político y la crítica, se acercaron al comportamiento fascista. 

El noticiero Caracol Noticias dedicó varios minutos a recordar el crimen de Garzón. En la extensa y emotiva nota periodística no apareció Godofredo Cínico Caspa hablando de Uribe Vélez. Eso es un indicador de que a pesar de ya no estar entre nosotros, su crítica política a través de un fino e inteligente humor sigue siendo mal vista por las empresas mediáticas responsables de haber creado políticamente a Uribe y haberle dado ese carácter de Mesías en el que confiaron cientos de miles de colombianos. 

Quizás algún día aprendamos como sociedad a conectar el humor y la sátira política con aquello de la conciencia de clase, la responsabilidad ciudadana y sobre todo, con la necesidad de negarle los votos a la clase política y dirigente que lleva por lo menos 200 años robándose el país, mientras nos distraemos viendo partidos de fútbol e incluso consumiendo chistes racistas y clasistas tipo Sábados Felices y La Luciérnaga. 

Cuando llegue el momento de conmemorar los 50 años del crimen, esta misma columna podrá servir para pedirle perdón a Jaime Garzón Forero por no haber comprendido su mensaje porque solo nos alcanzó para "cagarnos" de la risa cada que aparecía en la "televisora".




jueves, 4 de junio de 2026

EL DESAIRE DE JAMES RODRÍGUEZ A LA HIJA DE PETRO




Por Germán Ayala Osorio

 

Antes de iniciar la participación de la Selección Colombia en el Mundial a realizarse en Canadá, USA y México ya hay polémica- en el país de las polémicas-, por el desaire de James Rodríguez y de otros jugadores con Antonella Petro, hija del presidente de la República al momento de la despedida en el aeropuerto de CATAM. Al 10 del combinado nacional se le vio molesto, frío y distante-diría rabioso- por la presencia del mandatario y el saludo que les ofreció la dulce retoña de Gustavo Petro. Las imágenes son contundentes. 

Por supuesto que la actitud de los jugadores con el jefe del Estado y Antonella Petro es reprochable, justo en medio de semejante coyuntura electoral y política; eso sí, hay que señalar que la postura de las “estrellas” del fútbol colombiano deviene aupada y atada a las simpatías de muchos de estos jugadores con la derecha neoliberal. No olvidemos que varios de los convocados por el técnico Néstor Lorenzo compartieron en el pasado con el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez, enconado enemigo del país y de Petro. Estas figuritas de la Selección son arribistas y clasistas. Unos levantados sin conciencia de clase. Se les olvidó de dónde salieron. 

A James Rodríguez se le vio feliz junto al exmandatario antioqueño dentro de un vehículo, en tiempos en los que se hablaba de su retiro del fútbol. Corrían 22 días de junio de 2023 cuando se dio el encuentro entre el 10 de la Selección y el funesto expresidente. Entre tanto, Yerry Mina le sirvió de “poste” a Uribe para que el político antioqueño girara, montado en una yegua, alrededor del defensa de la Selección.

Considero que se pudo evitar ese momento desagradable que vivieron James, el propio presidente Petro y su hija, en el aeropuerto de CATAM: a la despedida únicamente debieron asistir, en representación de los jugadores, aquellos que sientan genuinamente simpatía por el proyecto político progresista y por su líder el presidente de la República. O por lo menos, aquellos que no sientan animadversión.

Obligar a los atletas a saludar al presidente de la República constituye una falta de respeto de la Federación Colombiana de Fútbol con quienes representarán al país en el Mundial y con el jefe del Estado a sabiendas de la animadversión que sienten varios de los jugadores hacia Petro. En particular cuando muchos de ellos- por no decir todos- solo aprendieron a patear un balón: suelen ser poco leídos y consumidores acríticos de la historia oficial y de lo que dice todos los días la prensa hegemónica. 

Los aficionados al fútbol y a los seguidores de la Selección Colombia caen en dos garrafales errores: el primero, exigirles que por fuera de la cancha se comporten como ciudadanos capaces de discernir sobre realidades complejas que requieren de un mínimo manejo conceptual que claramente James y Yerry Mina, entre otros, no tienen por qué tener por una razón evidente: son vedettes y tienen plata, lo que es suficiente para vivir así sea en medio de la oscuridad intelectual. Y el segundo, depositar en ellos la necesidad que tenemos todos de buscar y encontrar la felicidad. James y su combo ya tienen la vida resuelta, mientras que millones de sus fans viven al día y en medio de incertidumbres generadas por políticas neoliberales aplicadas por aquellos con los que si les gusta tomarse fotos sonriendo o dominados por un vulgar caballista. 


lunes, 22 de junio de 2026

CATARSIS



Foto: Colprensa. 

Por
Germán Ayala Osorio

 

Después de escuchar el primer discurso de Abelardo de la Espriella Otero desde la Barranquilla del clan Char que apoyó su campaña, bien vale la pena hacer catarsis como corresponde: exponiendo las circunstancias, los actores y errores cometidos durante cuatro años del gobierno progresista y por supuesto los de la campaña presidencial de Iván Cepeda Castro.

Agrupo esas circunstancias, actores y errores en los siguientes temas: 1. El papel de los medios masivos y las redes sociales. 2. La paz y la guerra. 3. La injerencia gringa. 4. Los errores de Petro. 5. Cepeda, el filósofo.

Inicio con el papel de los medios masivos. Como sucedió años atrás con el entonces Mesías de El Ubérrimo, y más adelante con Rodoldo Hernández, De la Espriella Otero es un fenómeno mediático y de las redes sociales. Es una invención mediática y como toda ilusión y fantasía, con el pasar del tiempo se irá desvaneciendo por la fragilidad de los elementos que la soportan. Basta con ver la felicidad de los periodistas de Noticias Caracol con el resultado electoral para entender que su falta de rigurosidad e independencia coadyuvó a la victoria del histriónico y ladino personaje.

Eran tanta la dicha, que no sabían si declararlo presidente electo o esperar los escrutinios ante una victoria apretada. Luego, volvieron a usar el vocablo outsider y a llamar “empresario” al abogado que defendió en el pasado a los jefes paramilitares. ¿Se atreverán los medios masivos hegemónicos a esculcarle la vida privada y pública a De la Espriella como lo hicieron con la del presidente Petro?

En lo que toca a las redes sociales, estas cloacas fueron determinantes para que cientos de miles de jóvenes engrillados a la banalidad, la estupidez, al entretenimiento y al vaciamiento conceptual que producen y se reproducen en Instagram y TikTok se gozaran como niños los mensajes publicitarios de la campaña de Abelardo, convertido en un “tigre”. El espíritu therian del candidato de la ultraderecha caló no solo en aquellos muchachos que como De la Espriella se identifican con animales, sino en los demás que acogieron la imagen del gran felino como la excusa perfecta para no tener que examinar y mucho menos confrontarse frente al origen político y la personalidad infantil, fatua y antidemocrática de Abelardo de la Espriella. Las redes sociales y el fútbol son los más efectivos distractores sociales: suelen sacar de sus pesadas realidades a millones de ciudadanos agobiados por sus rutinas.  Dejar de pensar es el resultado final y se suele actuar en consecuencia.

2. La paz y la guerra. El origen de la cacareada polarización política está en esa dualidad que, durante el proceso de paz de La Habana y el plebiscito por la paz, dividió a la sociedad entre Buenos y Malos. Los primeros, los que estaban con la guerra; y los segundos, los que abogan por una solución pacífica al “conflicto armado interno”. No hay forma de superar esa división social, política, moral y ética. A Buenos y Malos los separa un abismo insondable. Abelardo ancló en ese abismo su amenaza de “destripar a la izquierda”. Quizás venga un Plan Colombia II como lo prometió en campaña De la Espriella. Ese es el escenario soñado por los Señores de la Guerra, nacionales e internacionales, que disfrutan imaginar las selvas y campos quemados y arrasados por cuenta de una guerra declarada contra el campesinado y la Naturaleza.

3. La injerencia gringa. Abelardo de la Espriella dijo que habló con Donald Trump horas después de conocido el resultado electoral. Esa llamada y la bendición del pederasta y convicto presidente de los Estados Unidos son elementos moralmente superiores al reconocimiento institucional de su condición de presidente electo. No se necesita que el Consejo Nacional Electoral lo declare como tal.

Trump domina Venezuela, Ecuador, Chile y Argentina. Le faltaba Colombia. De esa manera podrá ejecutar sus planes de intervención para expoliar los recursos naturales y ejercer el control político sobre los presidentes de cada país, vistos por Trump y Rubio como verdaderos lacayos.

4. Los errores de Petro. El manejo de las redes sociales y el que le dio a su vida privada les facilitaron la tarea a las empresas mediáticas a las que solo les tocó esperar a que el presidente diera “papaya”. Y la dio y la sirvió en "julianas".  En ese momento y durante todos los días lo fustigaron, hasta consolidar la narrativa que indicaba que era “un borracho, drogadicto, homosexual; un enfermo incurable que jamás debió llegar a la presidencia de la República”. Su espíritu indómito, contestatario y “revolucionario” resultó inaceptable para esos sectores societales que jamás le perdonaron haber hecho parte del M-19. Su condición de exguerrillero fue el punto de quiebre moral con el que la oposición, con la ayuda de los medios tradicionales, edificaron la aborrecible figura de un político que jamás debió ser indultado por el Estado.

Sus peleas con los gringos asustaron e incomodaron a empresarios y políticos colombianos que valoran más tener la visa americana, que gozar de la soberanía, asumida por ellos como una invención de los “mamertos”. Mientras puedan viajar a los parques de Disney a ver muñequitos cada año les es suficiente a estos lacayos. Ahora podrán gozar de los rugidos de un tigre. Solo falta que desde la Casa de Nariño se apoye un emprendimiento consistente en la fabricación y venta de tigres de peluche. De esa forma se confirmaría la “muñequización” de la política.

5. Cepeda, el filósofo. En este punto hay que iniciar por reconocer que De la Espriella Otero tenía razón cuando dijo que él “no sacrificaría su familia por un país como este que no agradece nada; un país de desagradecidos, desleales y cafres”. Y sí, Colombia es un país de cafres, desagradecidos y desleales a juzgar por aquellos cientos de miles de pobres que, en lugar de votar por el candidato progresista, lo hicieron por De la Espriella, un consumado aporofóbico. Presos de la hegemonía cultural, de la ignorancia, algo de estupidez y ausencia de conciencia de clase, millones de pobres votaron por el “Tigre”. Nunca un gobierno como el de Petro reivindicó los derechos de los más vulnerables. Ahí están los efectos de los media.

Cepeda fue un gran candidato presidencial: decente, formado, inteligente, leído y formado en la discusión argumentada de hechos y realidades políticas y sociales. Si comparamos su perfil con el de Abelardo de la Espriella entenderemos que hay gente en el país que aún prefiere a los machitos que gritan, vociferan y caen todo el tiempo en los lugares comunes en los que se sostiene la ignorancia de millones de pobres que votaron por el “felino”.

Que se preparen Camilo Romero, Carolina Corcho e incluso el propio Daniel Quintero. En caso de aspirar dentro de cuatro años a ocupar la Casa de Nariño, deben comprender que los discursos elevados no gustan en sectores societales en los que prima la bobada, la pendejada, la banalización. Allí están las redes sociales. Les tocará buscar, como lo hizo tardíamente Cepeda, a influencers y youtubers, prueba irrefutable de que hay cientos de miles de jóvenes que no quieren “rollos académicos” y reflexiones profundas. Quieren mensajes cortos, efectistas, con música estridente. Que les hablen como reguetoneros, como therian. La Política, en mayúscula, desapareció.  Hoy quieren ver a políticos vestidos de payasos, que bailen, se dejen caer; que jueguen con un balón y sobre todo, que les muevan las emociones más primarias como lo supo hacer el Tigre de papel. 

jueves, 11 de julio de 2024

¿LA SELECCIÓN NOS UNE?

 

Por GERMÁN AYALA OSORIO

 

Después de alcanzar la clasificación a la final de la Copa América y en medio de la algarabía y de expresiones de patrioterismo, volvió a escucharse que “la Selección Colombia nos une”. Convertida dicha frase en un imaginario colectivo, atado, por supuesto al poder de penetración del lenguaje periodístico, bien vale la pena tratar de ahondar en sus raíces y alcances. 

Lo primero que hay que decir es que ese imaginario colectivo supone que la sociedad colombiana deviene históricamente escindida por razones políticas, culturales e ideológicas. En el 2021, cuando se ganó por primera vez la Copa América, la misma frase se escuchó de las voces de narradores y periodistas deportivos y por supuesto, de hinchas que creyeron y aceptaron el mensaje de una idea que se popularizó tanto, que no no parece haber nadie dispuesto a poner en duda de que efectivamente "la Selección nos une". En esa oportunidad quedamos campeones. Me pregunto: ¿Hubo unión, en qué consistió? ¿Acaso se resolvieron los problemas y los conflictos sociales y políticos se transformaron? ¿O lo que el periodismo deportivo busca realmente, al fijar ese imaginario en la conciencia colectiva es que por unas horas nos "unamos" para celebrar, disfrutar, consumir y beber? Si es así, entonces el único objetivo de los programas y periodistas deportivos cuando sueltan la frase es que salgamos como locos a consumir bebidas y a gastar sin control y por esa vía, olvidarnos de nuestras tristezas, problemas, miedos y angustias.  

Sigamos. También se puede pensar que esa realidad objetiva llamada "desunión o eterna división" se ha intentado cambiar a través de fórmulas distintas al fútbol, esto es, acuerdos sociales y políticos como el que permitió derogar la conservadora y anacrónica constitución de 1886 y otros pactos políticos de menor alcance, pero que sirven para comprender que los problemas de la sociedad colombiana no se pueden superar con el hecho de abrazarnos en torno a la celebración de un título deportivo en la disciplina del fútbol. Hablo del Frente Nacional, el fallido Pacto de Chicoral en los años 60, el proceso de paz entre el Estado y el M-19, los pactos Ralito, Chivolo y Pivijay entre una parte de la clase política y los paramilitares, así como el tratado de paz con las entonces Farc-Ep durante el gobierno de Juan Manuel Santos Calderón.

Los señalados acuerdos, pactos o negociaciones no sirvieron para cambiar esa realidad a la que nos remite la idea de que la Selección es lo único que une a los colombianos. Es tal la potencia de dicho imaginario colectivo que no es necesario explicar que se trata de la selección masculina de fútbol de mayores. Justamente, una sociedad machista como la colombiana parece tener exclusivamente en los jugadores (hombres) la posibilidad de dejar atrás la “desunión colectiva" de la que posiblemente otros hombres son responsables por disímiles decisiones tomadas en lo político, lo social y lo económico. 

Con la “fiebre” por la Selección parece que aquello de que somos un país de regiones puede atenuarse en virtud de los efectos negativos que viene dejando un centralismo bogotano que ha logrado consolidar esa condición de país de regiones, creando en las más importantes ciudades capitales "espejos" regionales de ese fatal centralismo capitalino. Un ejemplo de lo anterior es que hay ciudadanos que viven en el centro y norte del departamento que deben desplazarse a la capital del Valle del Cauca Cauca a tramitar asuntos que  en sus municipios no se pueden abordar administrativamente. 

Insisto en que la manida frase "la Selección es lo único que nos une" deviene con un alto grado de confusión porque quienes la promueven no explican con claridad si eso de unirnos tan solo apunta a salir juntos a celebrar en caravanas y sentarnos a beber hasta perder la conciencia. El mismo imaginario colectivo arrastra un sentido lastimero que da cuenta de cómo nos auto percibimos, con un detalle no menor: le entregamos a 11 jugadores la responsabilidad de transformar a toda una sociedad cuyos miembros de sus élites gravitan en torno a un naturalizado ethos mafioso. 

No podemos ocultar que vivir en el país es toda una aventura y hasta un "deporte de alto riesgo" por la posibilidad de morir en una masacre, en un atentado terrorista o víctima de un agente del Estado, un paraco, guerrillero o ladrón callejero. 

Solo espero que las tragedias que dejó la celebración del 5 a 0 contra Argentina en el Monumental de Núñez, ese 5 de septiembre de 1993, no se repitan en caso de que Colombia alcance por segunda ocasión el anhelado título continental. Ojalá hayamos aprendido a celebrar con mesura, de manera civilizada, con responsabilidad y respeto. Cualquiera sea el resultado, la frase "la Selección nos une" seguirá instalada en la conciencia colectiva con un complemento: "nos une para celebrar, pero para nada más". 


   


 Imagen tomada de la cuenta de X de la Presidencia de Colombia

viernes, 6 de marzo de 2026

MESSI: LA “PULGA CIPAYA”

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Ver a Lionel Messi en la Casa Blanca, compartiendo con el pederasta presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, constituye un hecho político-deportivo que confirma que la coherencia política y la conciencia de clase son valores que escasean en ídolos del fútbol como el astro argentino.

La imagen resulta a todas luces grotesca por razones ético-políticas, morales y deportivas que permiten poner en discusión si Messi está obligado a parecerse ideológicamente a Diego Maradona, el referente con el que los argentinos suelen medir y comparar lo hecho por la “pulga” dentro y fuera de la cancha. Y la respuesta es un contundente No. Los defensores de Messi recuerdan que Maradona se abrazó con “Chávez Frías, Nicolás Maduro, Fidel Castro, Evo Morales, Gadafi y Putin”.

Huelga recordar que Maradona siempre miró con desdén a los gringos y su poderío militar. Messi hoy se codea con el pederasta y criminal octogenario. Messi aprendió a patear y correr con un balón pegado a sus pies y se refugió en el fútbol justamente para reducir su  presencia en el planeta  a lo que sucede dentro de las canchas. Maradona hizo lo mismo, pero sacaba tiempo para hablar de política, defender causas sociales y meterse en líos ideológicos.

Por fuera de las canchas, al actual 10 de la Selección Argentina le tienen sin cuidado las guerras, el genocidio en Gaza, las correlaciones de fuerza, la hegemonía norteamericana y el nuevo (des) orden que está imponiendo Trump.

Messi es un jugador que disfruta, en su adultez, del fútbol en una liga con el nivel recreativo que se le reconoce a la de los Estados Unidos; de la misma manera como Trump se regocija persiguiendo latinos y asesinando musulmanes y persas.

El 10 argentino lo ganó todo. Con justicia o no, pero lo hizo. Maradona, también, incluida la Copa del Mundo México 86, con el gol de la “mano de Dios” contra los ingleses: de esa manera les escupió la cara por lo sucedido en las islas Malvinas. Si los comparamos dentro del ámbito de la política,  Lionel Messi es un pibe, un purrete, un nene o un chango.  Maradona jugó a ser un "animal político universal". En su minoría de edad, a Messi jamás se le hubiese ocurrido negarse a asistir a la Casa Blanca en rechazo a las intervenciones militares en Venezuela e Irán. Salvo, claro está, que se trate de un pibe formado en un hogar en el que se hayan leído las Venas abiertas de América Latina o alguna de las obras de José Carlos Mariátegui. Y quizás, por ser padre de tres varoncitos, a Messi no le preocupa legitimar la vida del consumado pederasta que, por fortuna, está de salida. 

Messi seguirá siendo grande dentro del mundo del fútbol y sus admiradores honrarán su grandeza llamándolo la “pulga”; Maradona ya alcanzó el carácter de deidad en la sociedad argentina que lo venera y llora aún después de su azarosa partida; y sus fieles seguidores le gritarán en adelante a Lionel Messi “pulga cipaya” por haberse reunido con el pederasta.

Adenda: la fatal jugada de Messi no necesitará del VAR para que el mundo comprenda que la "pulga cipaya" lleva la mítica camiseta 10 y que los propios argentinos le "están hinchando las pelotas" por haberse reunido con el criminal estadounidense. 

Adenda 2: ¿Dirá algo la Unicef de su reconocido agente?

martes, 7 de julio de 2026

ELIMINADA LA “SELE”

 

 

Por Germán Ayala Osorio

 

No hay mentira- diría mentirota- más grande que esta: “la Sele nos une”. Ahora que la Selección fue eliminada del Mundial, periodistas, políticos y aficionados salen al ruedo a pontificar los primeros, sobre decisiones técnicas, falta de jerarquía de los jugadores y otros asuntos que el periodismo deportivo convirtió en temas de discusión filosófica e incluso, cercanos a una naciente “ciencia” para explicar un juego simple: para ganar hay hacer goles; mientras tanto, los segundos, en particular los progresistas, entran con los “taches levantados” a cobrar el desaire y la grosería de los jugadores hacia Petro y Antonella aquel día en el que la hija del jefe del Estado le pidió a James una foto y el 10 se la negó. Dicen que Abelardo “saló” la camiseta, la politizó y convirtió en símbolo de desunión y odio. Lo cierto es que las camisetas de la Selección con un tigre pintado son un especie de sacrilegio.

¿Cuántas camisetas se dejaron de vender por razones ideológicas? Esa es una investigación pendiente por hacer; y los aficionados, siempre de últimos, dejan salir la ya garantizada frustración de cada cuatro años con chistes y memes. Entonces, dicen que a la “Sele” le dicen “perro entrenado”, porque jamás entran a los “cuartos”. Otros, proponen que el presidente therian llame a Infantino para que repitan el partido; o que Cepeda no reconozca el resultado, la derrota. Y los menos pulidos critican a Suárez y Campaz por los goles que se comieron. Dicen que se “comen un moco ajeno y con sangre”. Un chiste sucio y sangriento como la política interna e incluso tan bajo como la amenaza de “destripar” a la izquierda. Un chiste del populacho, dirán en el Chicó.

Si juntamos a los aficionados, políticos y periodistas deportivos tenemos la triada perfecta que dice más de lo que somos como sociedad, que cualquier estudio sociológico: millones de colombianos depositan la obligación individual de alcanzar la felicidad en un puñado de jugadores que ya tienen más que asegurado su futuro económico. Seguir a la Selección es una manera de sacudirse y disipar las frustraciones por no haber podido construir un país en el que quepamos todos y lo que es peor, una verdadera República. Millones de colombianos van por ahí tomando decisiones políticas y votando por personas y proyectos políticos sin conciencia de clase. Por eso, votan por sus verdugos, los mismos que están dispuestos a generar escenarios disfóricos haciendo minería y fracking a lo que marque en páramos y otros ecosistemas naturales-históricos y frágiles.

Si se quiere recordar o hacer referencia a la hegemonía cultural de la que habló Gramsci y del sistema patriarcal y machista, con visos de misoginia imperante en Colombia, qué mejor que mentar a la “Selección”.  Nótese que no es necesario decir que se trata del equipo de hombres y en la categoría de mayores. Y si miramos el fútbol femenino, las muchachas siguen siendo víctimas de dirigentes machistas, de una vetusta institucionalidad deportiva que odia a las mujeres. No olvidemos que este es un país y una sociedad de “machitos” que “amenazan con dar en la cara marica” o que ordenan “destripar a los que piensan diferente”.

Si, eliminaron en penales a la “Sele”. Qué son unos “cagones” les gritan porque en las instancias definitivas les pasa siempre lo mismo. Los periodistas deportivos hablan de “falta de jerarquía”. Los más creyentes, meten a Dios al baile: así lo quiso el Señor, por algo será. ¿Será porque aún no aprendimos a celebrar?

El día que Colombia gane un Mundial lo más probable es que las funerarias, hospitales y morgues colapsen. Además, si hubiesen clasificado a cuartos, se enfrentarían a la mimada de la FIFA, la misma que está ya lista para ser campeona, otra vez. No olviden que Milei necesita que Escaloni y sus jugadores se lleven la Copa para Buenos Aires: es urgente disipar los ánimos caldeados y distraer al pueblo argentino que sufre las consecuencias de haber puesto en la Casa Rosada al cipayo que se sentó en las piernas de Trump. A Colombia le hubiera caído bien llegar a la final para aguantar lo que se viene con el primer presidente therian. Nos vemos en cuatro años. Si no nos destripan, claro está. Eso sí, el año entrante hay que apoyar a la Selección Femenina.  

miércoles, 1 de mayo de 2024

COLOMBIA: UN PAÍS DE OSOS, PERRAS, ABEJAS, CONEJOS, CEBRAS Y ELEFANTES BLANCOS

 

Por Germán Ayala Osorio

 

El lenguaje suele dar cuenta de lo que somos como individuos y sociedad. Cuando hablamos o escribimos, dejamos ver nuestras partes pudendas. “Habitamos” en él, dijo un filósofo. Y en los usos particulares de una lengua como la que compartimos en Colombia, encontramos curiosas asociaciones entre palabras y unos hechos fácticos que responden a ejercicios metafóricos, muchos de estos con fines eufemísticos.

Desconozco de dónde viene la “costumbre lingüística” de conectar los nombres de animales con normas, actos de corrupción o para descalificar a específicas personas. No creo que esos usos muy particulares de nuestra lengua respondan a un alto nivel de conciencia por ser uno de los países más biodiversos del mundo. Si por algo se caracteriza el colombiano promedio es por no saber qué es eso de la biodiversidad, animales o plantas endémicas y mucho menos, ecosistemas frágiles y estratégicos protegidos.

Una de esas asociaciones con nombres de animales es el “Elefante blanco”. La usamos para referirnos a casos de corrupción y negligencia expresados en la no terminación de obras civiles como la construcción de hospitales, acueductos y colegios, entre otros. Aunque hay que advertir, que en el país los elefantes no hacen parte original de nuestra fauna. Por estos días, el gobierno anuncia que encontró por lo menos 100 de esos “elefantes blancos”. Algunos de esos los están intentando recuperar del deterioro físico al que han sido sometidos por el paso del tiempo. Lo interesante de esa asociación es que siempre habrá “elefantes blancos” en Colombia porque los políticos son quienes se aseguran de que jamás falten. Esos curiosos paquidérmicos son hijos del ethos mafioso que guía la vida de muchos miembros de la clase dirigente, política y empresarial de Colombia.

El “Lobo” es otro animal que sirve para descalificar la vestimenta y los gustos de personajes públicos. Por ahí anda un abogado colombiano muy mediático él, a quien suelen molestarlo por sus llamativas “pintas” (ropa que usa a diario), las mismas que le han permitido a sus detractores calificarlo como “lobo”.

El “Sapo” es quizás el animal más odiado en términos socio lingüísticos puesto que la gente asocia su presencia con una persona soplona, delatora o que se mete en donde la han llamado. También sirve para referirse a quien busca protagonismo, extendiendo su lengua para lamerle al jefe, quizás buscando un ascenso o para congraciarse con una decisión tomada.

La “Cebra” nos recuerda al hermoso animal rayado, pero también al paso peatonal pintado sobre las vías, con el propósito de que los transeúntes pasen con seguridad y orden. Hay que decir que hay animales humanos que prefieren no atravesar por la cebra por pereza o simplemente porque los desborda la incultura y la estupidez.

 La “Abeja” como imagen nos recuerda al útil animalito no humano, conocido por los expertos como un bioindicador de los ecosistemas en los que aún sobrevive. Pero sirve para que socialmente pensemos en personas hábiles para los negocios o quizás para intentar salirse con la suya, incluso, por fuera de la ley o las normas sociales. Caben en esa asociación ladrones, trabajadores mañosos y “avispados”. También políticos, porque hay unos que son unas verdaderas abejas. 

La imagen del dócil Conejo no solo se asocia a los numeritos circenses de magia, sino a la acción de no pagar una cuenta o de estafar a otra persona. Entonces, le “hicieron conejo” se asume como una acción negativa para quien sufre la estafa o el incumplimiento de algo previamente pactado.

Cuando se busca trabajo, entonces los colombianos azotados por el desempleo hablan de “buscar Camello”. También, para dar cuenta de dónde están o para dónde van: “voy para el camello o estoy en el camello”, para indicar que estamos en el lugar de trabajo.  

Los llamativos Lagartos los asociamos a políticos o a quienes suelen asistir a reuniones políticas, preferiblemente en campañas electorales, para “sobar chaquetas” o mendigar un contrato o un trabajo a un político clientelista y corrupto. “Lagartear” es la acción verbal reconocida a esos curiosos “Lagartos”. “Me estoy lagarteando un cargo en el gobierno” suele ser la expresión más común entre estos asqueantes especímenes.

La expresión “trabaja como una Hormiga” es positiva en la medida en que con esta se reconoce el trabajo laborioso e incansable de un empleado y por supuesto, de las Hormigas. Se trata de un trabajador eficiente y eficaz en el cumplimiento de sus obligaciones laborales. La pequeñez del animal no humano llamado Hormiga, sirve para engrandecer a quien se merece dicho reconocimiento.

El precioso Oso también es usado para hacer referencias a hechos culturales. Expresiones como “hizo el oso” sirve para dar cuenta de una situación vergonzosa y vergonzante que nadie más quiere volver a vivir o experimentar. En Colombia contamos aún con el Oso de anteojos (Tremarctos ornatus) en selvas y  páramos. Eso sí, asediado por colonos y ganaderos, que los asesinan porque los osos suelen atacar al ganado cuando tienen hambre. Olvidan que las selvas y los páramos son hábitat y que los intrusos son ellos y nos los osos. 

Y en un país machista, misógino y patriarcal como el nuestro, la “Zorra” sirve como epíteto para descalificar a las mujeres liberales o simplemente, aquellas que optaron por dejar a su pareja. Entonces, vieja “zorra” es un descalificativo muy usado por machitos violentos. Hay que recordar que esa expresión también estuvo asociada a los vehículos de tracción animal, halados por caballos. Entonces, se decía, en Bogotá especialmente, “contrate a un zorrero o ahí viene una “zorra”.

Para los propósitos de esa misma asociación se usa el vocablo Perra, referido como todos sabemos a esas hermosas caninas que alegran las vidas de millones de animales humanos en todo el mundo.  Por fortuna, el término “Perro” sirve para dar cuenta del hombre que se cree muy conquistador o es un picaflor consumido. De allí que anda enamorando mujeres. Hay por supuesto, un desbalance entre los efectos psicosociales que se generan cuando se usan las expresiones "perra" y "perro". Cosas del lenguaje machista. 

Y la Paloma, asociada a la idea de paz y cordialidad, sirve para señalar a aquellas personas que en su actuar cotidiano no le hacen mal a nadie o que trabajan en búsqueda de la anhelada paz en Colombia. Por eso, los primeros se llaman mansas Palomas y los segundos, soñadores. Claro que hay en la política una Paloma que suele entregar mensajes de odio. Es la Paloma mensajera de la violenta derecha colombiana, manejada por un vulgar caballista. 

Un extranjero podría pensar, después de comprender el sentido de esos particulares usos de nuestra lengua, que efectivamente somos una sociedad formada para respetar a los animales salvajes y domésticos. Pero no. Hay cientos de miles de compatriotas que asesinan a Osos de anteojos y envenenan perros callejeros y domésticos. Bueno, no podríamos esperar nada distinto en una sociedad violenta, cuyos miembros son capaces de matarse por una camiseta de un equipo de fútbol, o por ser de izquierda o de derecha o, porque simplemente se nos dio la gana.


 

Imagen tomada de https://www.google.com/search?sca_esv=a69b8a5a4d8be7ee&rlz=1C1UUXU_esCO975CO975&sxsrf=ACQVn0_mRyJI-9zWP-C_j5UQIxEMQUjJFQ:1714575382521&q=colombia+biodiversidad&uds=AMwkrPuKiz3kd7jHuta4ar-HNLVt_xcP2PTL9EvxPOPgbi_l3PbjbHW0mY03-5dkUZCfFZc3AC_DIwxEFQONB1oQbx9gI0ZSwqWpGCTZBDr6LEeskFf7jLQ6ub5WPjRZ5El6cJrgfuX87rVxFfRV-lsSnYebvyUIiI76vgvpFnKMauHMUYehuSOM2pdsvQ5LHf0ZiHX3zlfJj6EhIa0R0jXlAsjLkC2vdZbEZw3F-H6_kde2c5q2_KPgHvZvYqyXTEGGlM8KLj1itGQAfW6H5TqE7iP21bv6FaOxGMYlv5VWeZB6K1Dku6U&udm=2&prmd=ivnsmbtz&sa=X&sqi=2&ved=2ahUKEwi54_WE2-yFAxVHfjABHaBiDBYQtKgLegQIDRAB&biw=1024&bih=641&dpr=1


TERREMOTO, SOLDADOS ISRAELÍES Y EL PRIS

  Por Germán Ayala Osorio En medio de la tragedia humanitaria que dejó el terremoto del 10 de agosto y que   se extenderá por varios año...