Por Germán Ayala Osorio
El presidente Petro perdonó al
vendedor ambulante que profirió amenazas de muerte en contra del mandatario y los
miembros de su familia. El ciudadano fue identificado como Manuel Yasman Sacro
Ramírez, quien reconoció públicamente que “no entendía bien lo que decía.
Dije cosas violentas que ahora me dan vergüenza. Me dejé llenar la cabeza de
odio. Hoy reconozco que desear un golpe de Estado y decir que hay que
acabar con el presidente, ni acabar con él, no es libertad de expresión, es un
crimen y es odio puro. No quiero ser parte de quienes odian al país”.
Más allá de si la retractación de
Sacro Ramírez fue fruto de una recomendación de un abogado en el marco del
principio de oportunidad solicitado por la Fiscalía o de un genuino arrepentimiento, el suceso
debe conminarnos a reflexionar en torno a las fuentes y actores que pudieron coadyuvar
a que Manuel Yasman Sacro Ramírez alimentara la violenta e inexplicable animadversión
hacia el jefe del Estado.
¿Fueron acaso los periodistas y
las empresas mediáticas que todos los días, durante estos casi cuatro años de
gobierno creyeron que la mejor forma de confrontar el poder que ostenta el presidente
de la República era apelando a la crítica mal intencionada (ética-estética) de
la figura presidencial? Quienes dicen y reconocen que odian a Petro, ¿esa
inquina es fruto de un análisis serio de las “malas decisiones” adoptadas por
el presidente o simplemente esa animadversión se explica por el miedo-rabia que
les da reconocer que el país, a pesar de los catastrofistas no se fue al
abismo, no se le entregó a las Farc, o al temido comunismo?
Como vendedor ambulante o
rebuscador es posible que en la calle Sacro Ramírez haya creído a pie juntillas
las “verdades” que suelen circular en semáforos y andenes en torno a los
gobernantes y en particular alrededor del presidente Petro, el mandatario que
más ha soportado el escrutinio moralizante de columnistas y periodistas que le
han criticado por el uso de los zapatos ferragamo, el caminado y en general su outfit,
atado sin duda a su pasado guerrillero.
Les alcanzó a esos mismos “comunicadores
y odiadores profesionales” para meterse con su vida íntima y hasta para atacar
a sus hijas, en particular a Antonella, perseguida y ultrajada en estadios de
fútbol y en las redes sociales, verdaderas alcantarillas en donde supuran
heridas; redes sociales que realmente son insondables trincheras ideológicas en
donde se escupen toda suerte de improperios. ¿Acaso Manuel Yasman Sacro Ramírez
es víctima de las redes sociales?
La supina ignorancia de Sacro
Ramírez puede ser la mayor responsable del lío judicial en el que se metió al amenazar
al presidente y a los miembros de su familia. Esto dijo en uno de los videos que
publicó: “Cuál es el miedo Petro, no Gustavita, perra… Los
vamos a acabar a todos y te vamos a acabar a ti (Presidente Petro), ya pedí 70
mil hombres para hacer el golpe de estado (…) Este es un mensaje bien bravo que
te estamos dando, y a todo el ELN y las FARC que se preparen”.
Bien por el gesto del presidente
Petro y mejor aún el arrepentimiento de Sacro Ramírez. ¿Reconocerán algún día
los periodistas y columnistas que abandonaron los límites éticos del oficio para
atacar con saña al presidente de la República? ¿Tendrán la gallardía de aceptar
que actuaron como “bodegueros” y activistas políticos?
Última pregunta: ¿Sabrá Manuel
Yasmán el significado de la palabra Sacro, que le sirve de apellido? “El
apellido «Sacro» tiene sus raíces en el término latino «sacrum», que se traduce
como «sagrado». Este significado sugiere una conexión espiritual o
religiosa, lo que es común en muchos apellidos de origen latino. En diversos
contextos, el apellido puede haber sido utilizado para designar a quienes
tenían una relación particular con la iglesia, o a aquellos que trabajaban en
profesiones relacionadas con lo sagrado. A medida que se expandió su uso,
también podría haber adquirido connotaciones relacionadas con el honor y la
dignidad”.
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