Por Germán Ayala Osorio
Los resultados de la encuesta de Invamer
y pagada por Caracol y Blu radio, arrojan una imagen favorable del presidente Petro
del 49,1% y una desfavorable del 46,1%. En la medición de
noviembre de 2025, la imagen positiva era del 38% y la negativa del 57%.
La derecha mediática y política amaneció
buscando explicaciones a esos resultados, a todas luces inesperados por quienes
llevan tres años soñando con que al gobierno y al país les fuera mal: realmente
le apostaban a la debacle nacional. Varios miembros de la mesa de trabajo de Blu
radio, declarados enemigos del presidente Petro, registraron los datos de la
encuesta con una dolorosa sorpresa. Con Néstor Morales a la cabeza, reconocen
que Petro es un “fenómeno político”, pero evitan hacer un examen de los errores
cometidos por ellos mismos y la clase política que defienden a diario: esto es,
a la derecha uribizada.
Antes de exponer los yerros cometidos
por los periodistas y agentes más
visibles de la derecha, incluidas las bancadas en el Congreso y magistrados de
las altas cortes que hicieron y hacen aún esfuerzos para extender hasta el 7 de
agosto de 2026 el “bloqueo institucional” o “lawfare”, el incremento de la
imagen favorable y la reducción de la desfavorable se debe en gran medida al
significativo aumento del salario mínimo, la entrega de tierras al campesinado,
la reivindicación de los derechos de los más vulnerables y la consolidación de
Petro como un verdadero “hijo del pueblo”.
Medios como Blu radio, La FM, La
W, El Tiempo, El Colombiano, El Heraldo, El País de Cali y los noticieros de
televisión Caracol y RCN noticias, entre otros, cometieron el gran error de
desconocer la autoridad y la dignidad de la figura presidencial precedida de un
incontrastable respaldo popular. A Petro no lo bajaron de “borracho, de
tener problemas mentales, de vicioso y de tener moza”. Esos medios apelaron
a la mentira y a la manipulación de los hechos para construir una imagen negativa
del jefe del Estado. Pero había un objetivo superior: generar miedo e incertidumbres
por la llegada del “comunismo, del socialismo o del neocomunismo”. Al
final, sucedió lo contrario: Petro, jugando con las reglas del capitalismo,
derrotó las tesis, miedos y el carácter miserable y precapitalista de la
ortodoxia económica que pronosticaba el colapso de la economía.
En su afán por deslegitimar el
mandato presidencial, varios de los periodistas de las señaladas empresas
mediáticas mutaron a influenciadores, bodegueros, generadores de odio y activistas, lo que les restó credibilidad
y legitimidad frente a unas audiencias mejor informadas y que por fin parece que
entendieron qué es eso de la conciencia de clase; para infortunio de los
periodistas-estafetas-activistas-bodegueros, el Pacto Histórico les disputó las redes
sociales con efectistas youtubers, influenciadores y creadores de contenido que
le hicieron contrapeso a las noticias tendenciosas publicadas a diario.
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