Por Germán Ayala Osorio
Como aparato ideológico de Estado
como diría Louis Althusser, el conjunto de la prensa colombiana cumple con rigor
los protocolos dispuestos por el ritual católico al momento en el que uno de
sus borregos, notable o no, hijo o no de la oligarquía, parte hacia el reino
de los cielos, esto es, a los brazos del Señor.
Los parroquiales del común son
velados en funerarias: unas de prestigio, en donde suelen ser rezados, llorados
y despedidos los hijos más importantes de las ciudades capitales; otras de menor
alcurnia, cumplen la misma función cultural: inocular el miedo a morir, pero
sobre todo a aceptar la autoridad moral de la iglesia católica a pesar de la inmoralidad
de sus curas pederastas y la que arrastra su oscura historia como actor
político y multinacional de la fe. Hay multinacionales que son un riesgo para
la humanidad. Para este caso, baste con recordar las Cruzadas y su papel
durante el genocidio contra los judíos perpetrado por los nazis.
Otros, como el caso de Vargas Lleras,
reciben honores militares y sus féretros reposan por días en edificios estatales
para que los otros mortales los despidan caminando juntos de la mano del mismo miedo
a morir. Las flores, el luto en la ropa, la apesadumbrada narrativa
periodística y rostros preparados para la ocasión, las cornetas y cañones de
salva le dan la solemnidad necesaria a la despedida de este hijo mimado de la
oligarquía colombiana para que millones de colombianos entiendan quiénes mandan
en el país: la clase política tradicional, la fe en Dios y la iglesia católica.
“Siga aquí el minuto a minuto
del funeral de Germán Vargas Lleras” es la invitación que El
Espectador -y todos los medios- hacen a los internautas que de manera furtiva o
permanente ingresan a sus páginas web. Los que decidieron seguir los pormenores
del reclamado “adiós nacional” al exvicepresidente ya saben que el perfumado
finado recibió la más efectiva bendición social y política que se expresa en la
frase “todo muerto es bueno”.
La vida de millones de seres humanos depende de lo que la iglesia católica y otras instituciones religiosas quieran hacer con sus vidas: validan regímenes mafiosos y dictatoriales; bendicen armas y ocultan a sus ovejas “descarriadas”. En la Virgen de los Sicarios la asesina le encomienda a Dios la bala con la que asesinará a otro ser humano. ¿Alguna diferencia?
Y lo más importante, con
cada ceremonia y recorrido funerario nos confrontan acerca de la muerte, nos
ponen a pensar cuándo será el día de nuestra partida; y con el clasismo y el
racismo nos dicen quiénes mandan y a quiénes debemos obedecer: a esa forma de
dominación llamada Estado de la que hacen parte las empresas mediáticas y la
iglesia católica, dos aparatos ideológicos al decir de Althusser. Y lo que es peor: a ese Estado privatizado, operado por
políticos como Germán Vargas Lleras.
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