Por Germán Ayala Osorio
Si miramos los casos de acoso
sexual que Caracol Televisión aceptó estar revisando a la luz de sus propios
protocolos, desde la perspectiva de la Comunicación, lo primero que hay que
advertir es que están ante un desafío corporativo que puede terminar minando la
credibilidad de las directivas, en particular las del noticiero Caracol, espacio
institucional en el que habrían actuado los dos presentadores-periodistas sobre
los que recaen las denuncias de acoso sexual contra colegas mujeres.
El reconocimiento público de la bochornosa
situación interna se asume como un relativo punto positivo a favor del canal en
la medida en que sobre el escueto comunicado recaen preguntas claves que, de no
resolverse adecuadamente, terminarán afectando la ya minada credibilidad de
Noticias Caracol, un actor político fustigado por sectores de las audiencias
por tratamientos periodísticos amañados de hechos políticos asociados a decisiones
adoptadas por el gobierno Petro, asumido por el noticiero como “objetivo
político” con miras a deslegitimarlo.
Interrogantes como estos salieron
al paso una vez se conoció el contenido del comunicado: ¿Desde cuándo las
directivas conocen de esta y de otras situaciones de acoso sexual?; ¿El canal y
el noticiero institucionalmente protegieron a los presentadores señalados de
acosar sexualmente a periodistas mujeres? ¿Tienen contemplado, una vez se surta
el debido proceso interno, exponer los nombres de los victimarios y sus
víctimas? ¿El reconocimiento público y la credibilidad de los dos presentadores
involucrados son motivo de duda para cancelarles los contratos?
Si el acoso sexual al interior
del canal y el noticiero se asume de tiempo atrás como parte del paisaje, esto
es, como parte de las relaciones cotidianas, es fácil advertir que estamos ante
un problema comunicativo expresado en la reducción de la mujer a la condición
de “objeto sexual” al que se accede desde las instancias de poder reconocidas
dentro de las dinámicas del propio noticiero de televisión. Las exigencias
estéticas a las mujeres periodistas-presentadoras no necesariamente responden a
los estándares societales; es posible que detrás haya una pretensión
sexualizante que complementa y alimenta la cachondez y la concupiscencia de los
periodistas (jefes) que interactúan a diario con las periodistas.
Entre más se demore @NoticiasCaracol
en exponer a los acosadores sexuales peor será para su imagen. Encubrirlos
porque son reconocidos y garantizan credibilidad tendrá un alto costo en
materia de consumo por parte de las audiencias.
Aunque parece paradójico que
dentro de un medio de comunicación subsistan problemas comunicativos ancorados
al no reconocimiento de la Otredad, no lo es tanto porque si de algo se encarga
el periodismo y la información como instrumento político, económico y social es
de negar, señalar y mancillar identidades, en particular las de aquellos ciudadanos
que el noticiero asume como “inconvenientes, incómodos e incluso como “desechables”.
Hablo de los pueblos afro e indígenas y de las comunidades campesinas, entre
otros, cuyos registros noticiosos por parte de Noticias Caracol estuvieron motivados
en un ya probado racismo y clasismo. Por supuesto que tipos específicos de
mujeres también resultan “incómodas” para el noticiero: las que denuncian a los
acosadores, defienden la causa feminista y rechazan el sistema patriarcal.
El canal y el noticiero tienen al
frente una oportunidad única para ofrecerle a la sociedad colombiana, machista
y misógina por excelencia, un cambio institucional alrededor de las maneras
como se percibe a la mujer. De esta coyuntura pueden salir ideas y procesos reeducativos
que requiere una sociedad patriarcal que sexualiza todo el tiempo a la mujer a través
del discurso publicitario, las exigencias estéticas y las relaciones de poder y
dominación hegemónica de los hombres sobre las mujeres.