martes, 3 de febrero de 2026

REUNIÓN PETRO-TRUMP: ¿SALIÓ BIEN REALMENTE?

 



Por Germán Ayala Osorio

 

La reunión Petro-Trump resultó positiva a pesar del discurso cifrado y las declaraciones generales entregadas por el mandatario colombiano durante la rueda de prensa ofrecida en la embajada de Colombia en los Estados Unidos. El tono un tanto zalamero de la respuesta de Trump sobre cómo había salido el encuentro hace parte de la lectura positiva que la prensa y agentes políticos están haciendo en las redes sociales.

Más allá de los temas expuestos durante la reunión y los mecanismos acordados para que las mesas de trabajo técnico diseñadas arranquen con miras a solucionar las diferencias en el manejo de asuntos como el narcotráfico y el papel de Colombia en el tutelaje que sobre Venezuela ejerce hoy la administración Trump, nuevamente la derecha uribizada sale golpeada políticamente porque sus principales representantes esperaban o soñaban con un resultado catastrófico del encuentro entre los dos mandatarios: más de uno fantaseó con ver a Petro vestido de naranja y preso, como Nicolás Maduro Moros.  

Los esfuerzos por enlodar y deslegitimar al gobierno Petro que hicieron los alcaldes de Medellín y Cali, al igual que María Fernanda Cabal y Vicky Dávila, entre otros agentes políticos, en sus viajes a Washington, resultaron infructuosos a juzgar por la reunión misma y porque según dejó entrever el presidente colombiano, entregó información clave, con nombres incluidos, de los capos internacionales que se benefician de la producción de cocaína en Colombia y que muy seguramente han estado conectados con miembros de la élite política y económica local.

Eso sí, el tono afable de Trump y el silencio de Marco Rubio no deberían asumirse como parte de una incontrastable victoria política de la delegación colombiana. El Gran Sheriff de la Casa Blanca no es precisamente un hombre de fiar: es impredecible, medio orate e influenciable por quienes desde las propias mesnadas republicanas y las siempre genuflexas huestes de la derecha colombiana se benefician de las finas redes de corrupción que vienen atadas al negocio de la cocaína y a los intereses binacionales en la fabricación y comercialización de armas y pertrechos que dinamizan el conflicto armado interno colombiano.

Si a Petro le devuelven la visa y si las autoridades gringas lo sacan de la lista Clinton (OFAC) nadie de la oposición podrá negar lo positivo que resultó el encuentro entre los dos presidentes. Un asunto crucial que también servirá para medir el impacto positivo o negativo de la reunión está atado a las apuestas electorales que se impulsarán desde el salón Oval en las elecciones presidenciales en el país. Si Trump hace público en unos meses el nombre del candidato presidencial que le gustaría que llegara a la Casa de Nariño, entonces sabremos si en la reunión o en las mesas técnicas se logró erosionar la narrativa uribista que indica que a Colombia llegó el comunismo, el socialismo o el neocomunismo y que Iván Cepeda se encargaría de hacer del país “otra Venezuela u otra Cuba”. Eso sí, se espera que Petro haya aprendido la lección y en adelante se controle y evite volver a agitar las relaciones con el consagrado pederasta.

 

Adenda: la periodista Vicky Dávila informó de la existencia de unas pruebas que dice tener el narcotraficante alias Pipe Tuluá, extraditado por orden del presidente a los Estados Unidos, sobre la entrega de dinero a Juan Fernando Petro en apoyo a la campaña Petro Presidente. Este tipo de información pretende, nuevamente, ensuciar la imagen de Gustavo Petro. Cuidado. 

lunes, 2 de febrero de 2026

PASTRANA, MAXWELL Y EL ERÓTICO JUEGO DE LA GUERRA

 




Por Germán Ayala Osorio

 

Como si se tratara de un capítulo de la serie el Superagente 86, el entonces presidente Andrés Pastrana Arango y Ghislaine Maxwell, la proxeneta del pederasta Jeffrey Epstein se montaron en un helicóptero artillado del Ejército para sobrevolar una zona selvática colombiana y emprender una “cacería de terroristas”, de acuerdo con los documentos desclasificados por la justicia gringa. Al parecer, se divirtieron de lo lindo jugando a la guerra.

Estanislao Zuleta, años atrás habría definido a la guerra como una “fiesta”. Dijo además que “sólo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo maduro para la paz”. Quizás por lo anterior el proceso de paz del Caguán terminó en un absoluto fracaso: Pastrana no llegó “maduro” a la mesa de diálogo con la entonces Farc-Ep. Como tampoco los comandantes de la guerrilla.

De acuerdo con los correos desclasificados, Pastrana y la reconocida proxeneta y reclutadora de niñas para el “consumo” de hombres blancos, millonarios y poderosos llegaron al clímax no tanto por pilotear la aeronave militar, sino al ver trabajar la canana que alimentaba a la ametralladora. El viaje se habría producido al final del mandato de Pastrana.

Maxwell tenía licencia de piloto, lo que sin duda facilitó darse un “pichón” en el aparato militar para “dar balín” como dirían los candidatos presidenciales Santiago Botero y Abelardo de la Espriella”. En las redes se lee que “durante un viaje a Colombia, invitada por Pastrana, Maxwell piloteó un helicóptero Black Hawk de la Fuerza Aérea Colombiana, un modelo militar artillado (equipado con armas como misiles y ametralladoras)”.

Pastrana y Maxwell aparecen en una imagen con uniformes de pilotos, lo que confirmaría que por lo menos hubo un vuelo en la aeronave militar. “Pastrana organizó el evento, incluyendo un "show" donde Maxwell pudo apuntar y disparar un misil o cohete contra un supuesto "campamento terrorista" (posiblemente refiriéndose a guerrillas como las FARC)” …, se lee en las redes sociales.

En los años 70 y 80 una parte de la sociedad disfrutó de las ocurrencias del personaje Maxwell Smart, el Superagente 86. Décadas después, y gracias a la desclasificación de los archivos del caso Epstein, los colombianos se están enterando de que el presidente Pastrana y la alcahueta Ghislaine Maxwell salieron una tarde-noche de cacería porque asumieron el conflicto armado interno o la guerra interna, como una fiesta. Y al parecer, se divirtieron como niños chiquitos.

Conclusión: no hay nada en el mundo más sensual y excitante que asesinar terroristas o guerrilleros vestidos de civil y violar niñas en una isla paradisíaca. Por ello jamás faltarán las guerras y siempre habrá pedófilos y pederastas en la política, la academia, en el mundo castrense, en la curia y en...

 

 

 

 

domingo, 1 de febrero de 2026

LA PRENSA, PASTRANA Y EL CASO EPSTEIN





Por Germán Ayala Osorio

 

Los medios de comunicación son actores político-culturales dispuestos para legitimar y promover los valores y prácticas de la cultura dominante, atada, por supuesto a los ejercicios de poder de los miembros de la élite que suelen ser determinantes en la toma de decisiones políticas y económicas.

Para el caso colombiano, la prensa hegemónica defiende los valores de una sociedad católica, conservadora, premoderna, machista y patriarcal, lo que supone la defensa de la imagen de los hombres poderosos y sobresalientes en la vida económica, social y política acostumbrados a hacer lo que les viene en gana.

Cuando se trata de defender la imagen de expresidentes de la República, la prensa tradicional pro-establecimiento apela a la autocensura para evitar afectar la imagen de exmandatarios que resulten cuestionados moral y éticamente por hechos de corrupción, violencia política e incluso violencia sexual, en particular con menores de edad (niñas, niños y adolescentes).

También suelen apelar al uso de eufemismos con el objetivo de minimizar los efectos negativos en la imagen de los exjefes de Estado comprometidos en escándalos. Por estos días, y en virtud de la desclasificación de archivos del caso Jeffrey Epstein, que ensucia al presidente Donald Trump, varios medios hablan de “relaciones sexuales con menores”. De esa manera ocultan una realidad y un delito: se trata de violaciones, de relaciones no consentidas con adolescentes.

El poder político y económico, sumado al reconocimiento social, suele ser la mascarada en la que se esconden verdaderos predadores sexuales. El caso de la isla de Jeffrey Epstein que por estos días la justicia gringa viene desclasificando correos y llamadas en las que están involucrados presidentes de varios países, primeros ministros y agentes de la realeza europea es la constatación de que el dinero y el poder político son la patente de corso para que hombres como Donald Trump hayan violado a adolescentes reclutadas para satisfacer los deseos de hombres mayores que prefieren someter a menores de edad, que intentar sostener relaciones consentidas con mujeres adultas.

En el señalado caso de pedofilia y pederastia aparece el nombre del expresidente Andrés Pastrana Arango en varios de los documentos desclasificados. La prensa hegemónica colombiana parece haberse puesto de acuerdo para evitar exponer al expresidente conservador. El hijo de Misael Pastrana aparece en varios correos y en registros de vuelos a la isla del violador de niñas, Jeffrey Epstein.

Desde la lógica periodística-noticiosa las empresas mediáticas estarían obligadas a consultar al expresidente para que dé las explicaciones a las que haya lugar acerca de sus relaciones con el degenerado Jeffrey Epstein y la probada amistad con la proxeneta Ghislaine Maxwell, que Pastrana invitó al país. En su visita a Colombia, la alcahueta y encubridora de delitos sexuales con menores piloteó un helicóptero artillado y de acuerdo con los documentos desclasificados, habría disparado contra “terroristas”.

Cuidar la imagen de hombres poderosos, como expresidentes de la República, hace parte de las tareas que la prensa pro-establecimiento debe cumplir, lo que implica ocultar o guardar silencio frente a revelaciones que ponen en duda la probidad de los exmandatarios. A Pastrana, las empresas mediáticas parecen estarle cuidando la espalda. Un caso parecido ocurrió cuando la periodista Claudia Morales denunció, a través de una columna de opinión, que fue violada por un hombre poderoso, al parecer un expresidente de la República. En su relato, Morales entregó pistas que hacen pensar que el asqueroso que la violó fue jefe del Estado: la periodista dijo que no denunció en su momento para no poner en riesgo la carrera militar de su padre. Además, le dijo al país que “lo oyen y lo ven todos los días”.

Aunque Morales no volvió a referirse al asunto, es probable que la “relevancia y la peligrosidad” asociada al violador sigan presentes. Las sospechas que recayeron sobre varios de sus jefes permitieron a cientos de miles de colombianos entrar en el juego de las especulaciones. Quizás cuando muera su victimario, Claudia Morales decida revelar su identidad. Eso sí, no importa si el país logra confirmar que efectivamente el maldito violador es el poderoso político que millones de colombianos creen que fue el que la violó. La cultura dominante buscará las maneras de disculparlo por ser Hombre y por no haber sido capaz de controlar su excitación.

Los agentes legitimadores, entre ellos los medios de comunicación hegemónicos, sabrán decir que ese Hombre fue “provocado” por Claudia Morales. De lo que sí estoy seguro es que la “relevancia y peligrosidad” del violador de la periodista dice mucho de lo que somos como colectivo. Si realmente fuéramos solidarios con Morales, con otras tantas de las mujeres violadas en Colombia, y por supuesto con las niñas y adolescentes sometidas en la isla de Jeffrey Epstein, todos los días se estarían escribiendo columnas de opinión o grafitis preguntando por qué el expresidente Pastrana era amigo de la proxeneta Ghislaine Maxwell y del predador sexual, Jeffrey Epstein; así como la identidad del maldito, protervo, perverso, sucio, asqueroso, repulsivo, repugnante, inmundo, siniestro y malévolo personaje que violó a la periodista Claudia Morales.

TRES DIMENSIONES PARA ENTENDER LA ACTUAL COYUNTURA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Colombia atraviesa por una compleja coyuntura electoral, institucional y ético-política. Se trata, entonces, de tres dimensiones en las que sobresalen deseos burocráticos, mantener el proceso de desprivatización del Estado o el regreso de su captura privada y mafiosa lograda por el uribismo durante 25 años; las animadversiones ideológicas y políticas y la construcción y deconstrucción de narrativas polarizantes y violentas en los medios masivos tradicionales y redes sociales. Examinemos cada una de esas tres dimensiones:

La dimensión electoral: en esta dimensión encontramos una explosión de candidatos presidenciales, todos con la fórmula mágica para transformar el país sin una revolución ética y mucho menos con una de carácter cultural. Mientras que el gobierno Petro le apuesta a profundizar las reformas sociales con Iván Cepeda, la oposición uribista intenta regresar para echar para atrás lo hecho por el actual gobierno; además, llega dividida a la contienda electoral y en medio de una profunda crisis del liderazgo del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez, otrora gran elector.

La carta enviada por Lafaurie y María Fernanda Cabal fue demoledora y confirma que esa derecha uribizada se atomizó de tal manera que tienen sus esperanzas de triunfo en candidatos como Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia, Sergio Fajardo, Claudia López e incluso el propio Roy Barreras, el político más camaleónico que ha existido en el país en los últimos tiempos.

La Gran Consulta representa los intereses de la derecha y el pasado uribista; si finalmente el Consejo Nacional Electoral (CNE) impide que Iván Cepeda, el candidato del gobierno, participe de la consulta del Frente por la Vida, el gran favorecido sería Barreras, quien le apuesta a ser el imán que atraerá a sus viejos conocidos del uribismo, del conservatismo, de Cambio Radical, del liberalismo gavirista y del partido de la U, entre otras colectividades que conocen muy bien el talante ético-político del médico vallecaucano. 

La dimensión institucional: en esta dimensión hay un evidente choque entre las altas cortes (Corte Constitucional y Consejo de Estado) y el gobierno Petro, lo que claramente pone en riesgo el equilibrio de poderes y los pesos y contrapesos de la democracia. La suspensión del decreto de emergencia económica no solo es inédita, sino que constituye una inesperada estocada al equilibrio de poderes, quizás en respuesta a la amenaza del Ejecutivo de convocar a una Asamblea Constituyente  para eliminar el perverso diseño constitucional que le permite a los magistrados de esas altas corporaciones beneficiarse de lo que se conoce como el clientelismo político-judicial (entrega de cargos a las familias de los togados en la Contraloría, Procuraduría y Defensoría del Pueblo). Además, de la elección por cooptación. 

En cuanto al CNE hay que decir que hace rato viene actuando en contra de los intereses del gobierno y del Pacto Histórico.  De impedir la participación de Cepeda en la consulta del Frente por la Vida simplemente confirmaría que existe una especie de oposición institucional hacia el gobierno Petro, de la que harían parte las señaladas altas cortes, el CNE y la Junta Directiva del Banco de la República, que recientemente subió las tasas de interés.

Y finalmente, en la dimensión ético-política se advierte la presencia de un ethos mafioso, especie de tara civilizatoria que acompaña la vida institucional y las acciones políticas de todos los agentes de poder, incluidos por supuesto los de la izquierda o el llamado progresismo. De la mano de ese ethos mafioso están el clasismo, el racismo y la aporofobia. De allí que la lucha político-electoral sea también la oportunidad para consolidar los procesos de eliminación simbólica y física del Otro, fruto del odio de clases que se despertó desde la llegada a la Casa de Nariño de Gustavo Petro Urrego.

Así las cosas, la narrativa que alude a la existencia de una polarización política y una fuerte crispación ideológica sirve para ocultar lo que realmente pasa en el país: hay un claro odio entre clases sociales, procesos de representación social negativa de ese Otro visto como enemigo y no como contradictor. Todo lo anterior, en medio de una incapacidad colectiva e individual para conversar y dialogar en medio de las diferencias. Bajo esas condiciones la comunicación política fracasa como posibilidad y proceso de construcción de consensos y de reconocimiento identitario. Al final, la relación amigo-enemigo sigue vigente porque el uribismo logró, en 25 años, convertirla en una variable cultural y política difícil de erosionar.




REUNIÓN PETRO-TRUMP: ¿SALIÓ BIEN REALMENTE?

  Por Germán Ayala Osorio   La reunión Petro-Trump resultó positiva a pesar del discurso cifrado y las declaraciones generales entregada...