Por Germán Ayala Osorio
La reunión Petro-Trump resultó positiva
a pesar del discurso cifrado y las declaraciones generales entregadas por el
mandatario colombiano durante la rueda de prensa ofrecida en la embajada de
Colombia en los Estados Unidos. El tono un tanto zalamero de la respuesta de
Trump sobre cómo había salido el encuentro hace parte de la lectura positiva
que la prensa y agentes políticos están haciendo en las redes sociales.
Más allá de los temas expuestos durante
la reunión y los mecanismos acordados para que las mesas de trabajo técnico
diseñadas arranquen con miras a solucionar las diferencias en el manejo de asuntos
como el narcotráfico y el papel de Colombia en el tutelaje que sobre Venezuela
ejerce hoy la administración Trump, nuevamente la derecha uribizada sale
golpeada políticamente porque sus principales representantes esperaban o
soñaban con un resultado catastrófico del encuentro entre los dos mandatarios: más
de uno fantaseó con ver a Petro vestido de naranja y preso, como Nicolás Maduro
Moros.
Los esfuerzos por enlodar y
deslegitimar al gobierno Petro que hicieron los alcaldes de Medellín y Cali, al
igual que María Fernanda Cabal y Vicky Dávila, entre otros agentes políticos,
en sus viajes a Washington, resultaron infructuosos a juzgar por la reunión
misma y porque según dejó entrever el presidente colombiano, entregó
información clave, con nombres incluidos, de los capos internacionales que se
benefician de la producción de cocaína en Colombia y que muy seguramente han
estado conectados con miembros de la élite política y económica local.
Eso sí, el tono afable de Trump y
el silencio de Marco Rubio no deberían asumirse como parte de una incontrastable
victoria política de la delegación colombiana. El Gran Sheriff de la Casa Blanca
no es precisamente un hombre de fiar: es impredecible, medio orate e
influenciable por quienes desde las propias mesnadas republicanas y las siempre
genuflexas huestes de la derecha colombiana se benefician de las finas redes de
corrupción que vienen atadas al negocio de la cocaína y a los intereses
binacionales en la fabricación y comercialización de armas y pertrechos que dinamizan
el conflicto armado interno colombiano.
Si a Petro le devuelven la visa y
si las autoridades gringas lo sacan de la lista Clinton (OFAC) nadie de la oposición
podrá negar lo positivo que resultó el encuentro entre los dos presidentes. Un asunto
crucial que también servirá para medir el impacto positivo o negativo de la
reunión está atado a las apuestas electorales que se impulsarán desde el salón
Oval en las elecciones presidenciales en el país. Si Trump hace público en unos
meses el nombre del candidato presidencial que le gustaría que llegara a la
Casa de Nariño, entonces sabremos si en la reunión o en las mesas técnicas se
logró erosionar la narrativa uribista que indica que a Colombia llegó el
comunismo, el socialismo o el neocomunismo y que Iván Cepeda se encargaría de hacer
del país “otra Venezuela u otra Cuba”. Eso sí, se espera que Petro haya
aprendido la lección y en adelante se controle y evite volver a agitar las
relaciones con el consagrado pederasta.