Por Germán Ayala Osorio
Es posible pensar que el gobierno
Petro, con todo y errores, y las actividades proselitistas de influenciadores,
youtubers y congresistas del Pacto Histórico consolidaron procesos sociales y
políticos propios de un despertar colectivo atado a lo que se conoce como “conciencia
de clase”.
Una toma de conciencia alrededor
de la identificación de los responsables de la pobreza estructural, la
concentración de la tierra y la riqueza en pocas manos; y el discurso de la dignidad
y la defensa de los derechos humanos da vida a un fuerte y legítimo relato con
el que la derecha uribizada se está topando en las actividades de campaña adelantadas
en territorios en los que esa “toma de conciencia de clase” es una realidad
cultural que rechaza las promesas de unos candidatos que parece no saber cómo
seducir a quienes ya tomaron partido o por lo menos saben por quiénes no pueden
volver a votar.
Más allá del bloqueo
institucional de las altas cortes y las bancadas uribizadas en el Congreso, el
paso del primer gobierno progresista en los últimos 30 años deja marcas indelebles
en comunidades rurales y urbanas convencidas de los avances sociales y dispuestas
a defender a dentelladas esa narrativa durante y después de las elecciones. Lo
conquistado en materia de derechos, adquisición de tierras y reconocimiento
identitario es tan significativo que los tropiezos para lograr la reforma a la
salud y recientemente la irresponsable suspensión temporal del incremento del
salario mínimo vital por parte del Consejo de Estado pasan a un segundo plano porque
el pueblo petrista entiende que para consolidar las reformas se necesita de la
continuidad del proyecto político en el 2026.
Colombia es otra después
de Petro, afirrmó el candidato presidencial y exalcalde de Cali,
Maurice Armitage. La frase del empresario y político vallecaucano resume bien
el contenido de esa narrativa con la que los petristas y el petrismo como
movimiento político están enfrentando las actividades proselitistas de los
precandidatos presidenciales que hacen parte de las consultas y las de los candidatos
que optaron por irse directamente a primera vuelta.
Fajardo, De la Espriella o Paloma Valencia, en caso de resultar electos presidentes de la República, sus gobiernos encontrarán la resistencia política de comunidades rurales y colectivos urbanos a los que Petro reivindicó identitariamente y les inculcó aquello de la conciencia de clase. Atribuida, real o imaginada la toma de conciencia de clase que deja Petro y el petrismo en millones de colombianos, lo cierto es que hay un despertar ciudadano que requerirá de procesos continuos de consolidación, así se pierda la presidencia en las próximas elecciones.
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