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martes, 21 de julio de 2026

PLAN PATRIOTA 2.0: SE VIENE LA GUERRA TOTAL


 Por Germán Ayala Osorio

 

Con la complaciente y acrítica mirada de la prensa hegemónica se anuncia desde las huestes abelardistas la puesta en marcha del Plan Patriota 2.0, programa de cooperación e intervención militar de los Estados Unidos en las dinámicas del conflicto armado interno de Colombia, reducido nuevamente a una amenaza terrorista, atada al Escudo de las Américas, estrategia de Donald Trumo que acogió de manera temprana De la Espriella.

El país recordará que en el Plan de Desarrollo del gobierno Pastrana se incluyó un capítulo llamado Plan Colombia. En aquella oportunidad, el hijo de Misael Pastrana Borrero viajó a los Estados Unidos para reunirse con el presidente Bill Clinton a quien le presentó ese capítulo con la solicitud expresa de apoyar la paz. 

Pastrana propuso una relación Paz/Guerra con una distribución de los recursos de un 80% para la primera y de un 20% para la segunda. Clinton le cambió la relación. Lo demás fue simple: el Plan Colombia fue aprobado en el Congreso americano y aplicado en el país sin ser discutido y admitido en el legislativo colombiano. La lucha contra las narcoguerrillas de entonces no obedecía y no obedece hoy tampoco a “…una lucha antidrogas de profunda base ética y moral, sino, también, un ajuste de cuentas entre grupos económicos del mundo desarrollado, pues de la comercialización de la cocaína hay sectores que han levantado un verdadero imperio y que, en medio de las reglas del sistema capitalista, han resuelto que la materia prima sea adquirida en el mundo subdesarrollado alto andino…”[1].

Los resultados militares del Plan Colombia aparecieron durante las administraciones de Uribe y Santos: las Farc-Ep se vieron obligadas a replegarse en los más recóndito de las selvas, sus procedimientos y actividades logísticas resultaron fuertemente golpeadas y varios miembros del Secretariado de esa guerrilla cayeron abatidos.  Al final, optaron por firmar el armisticio y someterse a las condiciones de la justicia transicional (restaurativa) en el marco del proceso de paz de La Habana.  

Los efectos negativos en la agricultura, en estratégicos ecosistemas naturales y en los proyectos de vida comunitaria en las zonas de influencia de las operaciones militares fueron evidentes. El desplazamiento forzado por la vía de la violencia paramilitar y los combates terminó beneficiando a terratenientes, narcotraficantes, políticos y ganaderos que se quedaron con millones de hectáreas de tierra abandonadas. La acumulación por desposesión aportó al crecimiento de la concentración de la tierra en pocas manos.

Durante el gobierno Uribe, ese Plan Colombia fue “nacionalizado” con el nombre de Plan Patriota. De la mano de la Política de Defensa y Seguridad Democrática, dicho plan se ejecutó bajo las mismas dinámicas y objetivos trazados para el plan matriz llamado Plan Colombia.

Ahora, con la llegada al poder del primer presidente therian, el país regresa a las intervenciones político-militares de los Estados Unidos, lo que supone la naturalización de la injerencia gringa en los asuntos internos y el devenir del país con dos factores nuevos: el primero, que como jefe de Estado está De la Espriella, ciudadano colombo norteamericano que juró defender los intereses de USA, lo que se traduce en la entrega casi absoluta de la soberanía estatal a lo que desee hacer con ella el gobierno Trump; y el segundo, la puesta en marcha a nivel latinoamericano del Escudo de las Américas, iniciativa hemisférica con la que Donald Trump busca controlar política y económicamente a la región, lo que no es otra cosa que la proscripción de cualquier actividad que en el marco del multilateralismo deseen emprender los gobiernos que ya hacen parte del Escudo de las Américas. Y por supuesto, insistir en la fracasada lucha antidrogas como una forma de mantener las condiciones del fructífero negocio y el control que sobre sus ganancias ejercen la banca multilateral y la institucionalidad diseñada en cada país para insistir en una guerra que beneficia a banqueros y a los miembros de la clase política que transa con narcos que cuentan con la bendición para operar.

Así las cosas, con la puesta en marcha del Plan Patriota 2.0, la política de seguridad y defensa que el gobierno de Abelardo de la Espriella quiera diseñar e implementar queda tempranamente sujeta a los designios del plan de intervención político-militar de los Estados Unidos. Ojalá la bancada del Pacto Histórico, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría General de la Nación, en particular sus divisiones ambientales y el Ministerio del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible hagan el control político correspondiente, pues lo más probable es que los efectos negativos que dejaron el Plan Colombia y el Plan Patriota de Uribe se repetirán. Está por empezar la Guerra Total que prometió el therian en campaña. ¡Firmes por la Guerra! 






El ministro de Defensa designado de Colombia, Jorge Eduardo Mora, junto a Joseph Humire, representante del gobierno de Donald Trump para asuntos de seguridad hemisférica. Foto: @jmhumire





miércoles, 8 de julio de 2026

SIGAMOS HABLANDO DE LA SELECCIÓN

 




James Rodríguez no anotó goles en el Mundial 2026. Foto: Getty Images / Getty Images


Por Germán Ayala Osorio

 

La eliminación de la Selección del Mundial de Fútbol es una inmejorable oportunidad para discernir alrededor de varios asuntos que rodean la vida social, política y cultural de los jugadores y del resto de la sociedad colombiana.  La actuación del equipo nacional es asumida por la prensa hegemónica, patrocinadores y aficionados como una suerte de válvula de escape a los problemas que arrastramos como sociedad o en el peor de los casos como fuente de poderosos opioides capaces de alivianar los dolores del alma de una sociedad infeliz que necesita con urgencia ese tipo de satisfacciones deportivas convertidas en un anhelo de la gran masa.

Propongo los siguientes enunciados categoriales para dar cuenta de ese discernimiento conectado como dije a esas tres variables de la vida societal en ese país llamado Colombia. El primer enunciado categorial lo llamo Heroización masculina. El segundo, Felicidad al debe; el tercero Identidad televisada y el cuarto, El Fútbol, el inmoral morfínico.

Heroización masculina. El fútbol, como el mundo entero, deviene, básicamente, masculino y masculinizante. De ahí el fervor, la pasión y las múltiples violencias que confluyen y se originan de su práctica callejera y por supuesto las que agencia la FIFA, organización que fija las reglas, inclusive aquellas que convirtieron a los jugadores en “esclavos millonarios” que se venden al mejor postor. Los presidentes de la FIFA son hombres; la dirigencia del fútbol colombiano es patriarcal. Baste con recordar el violento episodio protagonizado por su presidente Ramón Jesurún durante la pasada Copa América para entender de qué tipo de masculinidades estamos hablando.

Quizás por las dinámicas del conflicto armado interno la sociedad colombiana es muy dada a echar a andar, con el concurso de las empresas mediáticas, procesos de heroización de militares, paramilitares y guerrilleros, actores armados que habiendo violado los derechos humanos y desatendido las obligaciones morales del DIH son asumidos como “héroes” por sus simpatizantes. Lo mismo pasa con los jugadores de la Selección de Mayores: cuando ganan partidos u obtienen clasificaciones la prensa los eleva a la condición de “Héroes”. Les dicen “guerreros” y hasta les dan las gracias por haber competido, esto es, por haber cumplido con actividades propias del trabajo que desempeñan como futbolistas. El tratamiento con las mujeres de los seleccionados femeninos no es el mismo. Poco o nada se habla de “heroínas”. Las llaman “niñas” y les alcanza a algunos periodistas deportivos para llamarlas “guerreras o súper poderosas”, en un evidente esfuerzo por ocultar el machismo y la misoginia que genera el sistema patriarcal.

Felicidad al debe. Son millones de colombianos que aún insisten en depositar la obligación individual de alcanzar la felicidad en 11 jugadores que ya tienen resuelta su vida económica y por lo tanto son felices o aparentan serlo, en contraste con aquellos que se endeudan, empeñan joyas y apuestan hasta lo que no tienen con tal de acompañar a la “Sele”. Varios registros noticiosos dieron cuenta de esa realidad social y económica de cientos de aficionados que resolvieron viajar, con limitaciones, a México, Canadá y Estados Unidos exclusivamente para estar en los estadios animando a la Selección, vestidos con la camiseta amarilla. Son fanáticos a los que urge dejar salir todo tipo de frustraciones y por esa vía insistir y auto validar la práctica social de situar como responsables de ser felices a los integrantes del seleccionado nacional. A otros les parece genial tener el costoso y sufrido recuerdo de haber estado en un estadio viendo, desde lejanas tribunas, a sus ídolos. Otros tantos también lo hacen para presumir en sus redes sociales que son felices.

Identidad televisada. Los medios de información (insisten en llamarlos de comunicación) cumplen la función social y política de distraer a la gran masa necesitada de eventos masivos como el Mundial de Fútbol.  El objetivo más importante de las empresas mediáticas está atado a la acción de inocular en las audiencias o en la fanaticada el amor por una identidad nacional en ciernes y que arrastra graves problemas para su consolidación. Se trata de verdaderas taras civilizatorias que los jugadores creen haber superado por la fama, el reconocimiento y la riqueza alcanzadas, pero que todos sabemos que están ahí presentes.

Esa identidad televisada es falsa o por lo menos fantasmal en la medida en que el periodismo y la mágica cajita construyen realidades. Para el caso de la “identidad nacional” se chocan todo el tiempo con las taras civilizatorias, la vergüenza de ser colombiano y la insistencia de millones de colombianos de desconocer e incluso de maldecir los procesos de mestizaje de los que son “víctimas”. Esa identidad televisada es tan discutible como la identidad del fútbol colombiano. No hemos podido construir una identidad nacional basada en principios republicanos. Buscamos de manera desesperada la aceptación universal de eso de ser colombiano, alejados o buscando ocultar que como colectivo no hemos aprendido lo más básico: respetar al Otro y en particular cuando celebramos las siempre morales victorias que la “Sele” alcanzó en su historia.

Y por último está El Fútbol, el inmoral morfínico. Como deporte espectáculo el fútbol atrae, distrae, confunde y apasiona por su estética, por el gol, entendido por Eduardo Galeano como un “orgasmo”. El “orgasmo del fútbol” dijo el escritor uruguayo. La FIFA, poco a poco, en un proceso lento, pero seguro, le ha ido quitando la magia, hasta convertirlo en un grotesco espectáculo en el que confluyen mafiosos, lavadores de dinero y apostadores dispuestos a todo. Galeano dijo que “la historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí».

Eso sí, mantiene su poder morfínico en un mundo que necesita de este tipo de escenarios proto nirvánicos en los que se liberan rabias y frustraciones. Las barras bravas sí que saben de eso. Quizás por ser tan inmoral hoy el fútbol que regenta Infantino y la FIFA de tiempo atrás es que mantiene el mismo número de fanáticos e incluso van llegando niños, los nuevos fogosos que poco o nada les interesará conocer de dónde viene tanta inmoralidad.

Una periodista en la cuenta de X preguntaba qué le falta a la Selección para alcanzar la gloria. Me aventuré a responder lo siguiente: No es posible cambiar la mentalidad del jugador colombiano mientras siga pensando en que lo único importante es conseguir plata, comprar autos y llenarse de lujos. Se necesita un cambio cultural. "Destraquetizar" los gustos de los jugadores. Humildad y conciencia de clase. Examinar procesos de formación- si acaso existen- y el seguimiento a jugadores desde las inferiores. El técnico de la Selección "absoluta" debe ser proclive a darle oportunidad a jóvenes sub17. Debe pensar, por indicaciones de directivos, en el relevo generacional. Y por supuesto, hay que exigir un cambio en la dirigencia de la Federación, por una razón: son las mujeres, el fútbol femenino, las que están logrando los títulos que los falsos “héroes” jamás ganaron.

jueves, 25 de junio de 2026

DE LA ESPRIELLA: “PERSONAS ILEGALES” TIENEN UN MES PARA SOMETERSE A LA JUSTICIA

 



Foto: EFE - Mauricio Dueñas Castañeda


Por Germán Ayala Osorio

 

Durante la ceremonia de reconocimiento institucional y entrega de la credencial que lo acredita como presidente electo, Abelardo de la Espriella Otero intentó, nuevamente, bajar la tensión y los miedos que genera el carácter pendenciero que sedujo a millones de colombianos que al final lo votaron porque ofreció lo que otros también ofrecieron en el pasado: bala, bala y más bala.

Es evidente que, en las huestes del progresismo, del periodismo independiente, académicos y pensadores libres y de la izquierda democrática, hay miedo por eventuales retaliaciones y el uso de la inteligencia militar y policial para perseguir, intimidar, estigmatizar, “destripar” y desaparecer a críticos y detractores.

El terror que se siente en redes sociales y en conversaciones privadas hace pensar a quienes temen lo peor, que a partir del 7 de agosto se iniciará en Colombia una cacería de brujas muy parecida a la que vivieron esos mismos sectores en los gobiernos de Turbay Ayala y Uribe Vélez con la aplicación a rajatabla del Estatuto de Seguridad y la Seguridad Democrática, dos políticas oficiales que fueron en sus tiempos la patente de corso para que desde el Estado se violaran los derechos humanos. Baste con recordar a los que sufrieron torturas en unidades castrenses durante la administración de Julio César Turbay Ayala y los 7.837 jóvenes asesinados por miembros del Ejército que monetizaron sus vidas para entender la aprensión y el recelo con el que cientos de miles de ciudadanos asumen la llegada de Abelardo de la Espriella a la jefatura del Estado.

En su intervención, el Alejandro Magno[1] criollo, mandó un mensaje claro a los ilegales. Sin precisar si se refería a los grupos armados ilegales (ELN, Disidencias farianas y Clan del Golfo), De la Espriella conminó “a esas personas que intimidan al pueblo mediante el caos y la violencia. A esas personas que están al margen de la ley, un mensaje. Disponen de un mes para entrar en razón y organizar. Disponen de un mes para organizar su sometimiento al estado de derecho[2]”.

¿Por qué no habló de “grupos terroristas, narcoterroristas o bandidos” el presidente electo? Quizás estemos ante una estrategia discursiva de nuevo cuño con la que el cuasi inquilino de la Casa de Nariño (¿o de Nari?) desconoce a esos grupos como organizaciones criminales y por esa vía la naturaleza política que reclaman de tiempo atrás. En su exhortación y amenaza, De la Espriella Otero evita reconocer a comandantes y líderes de esos grupos al margen de la ley que, dedicados a los negocios del narcotráfico, la extorsión y la minería, erosionaron y deslegitimaron la categoría Conflicto Armado Interno con la que la academia y organismos internacionales llaman a lo sucede en Colombia por las disímiles violencias generadas en selvas y campos.  

La expresión “personas ilegales” me hizo recordar dos frases: la primera, en Colombia no hay conflicto armado, sino amenaza terrorista (Uribe) y la segunda, en el país no hay desplazados, hay migrantes (José Obdulio Gaviria, primo hermano del criminal Pablo Escobar Gaviria). Armando Montenegro los llamó “migrantes voluntarios”. Es posible pensar, entonces, que en Colombia no hay conflicto armado interno y mucho menos organizaciones terroristas, sino “personas ilegales”. Vaya manera de minimizar una problemática social, económica y política que lleva manifestándose más de 50 años.

De acuerdo con el emplazamiento a esas “personas ilegales”, el 7 de septiembre de 2026 habría paz en Colombia sin necesidad de procesos de paz, ofrecimientos de garantías como la no extradición, ceses del fuego y órdenes de captura, así como la concentración en espacios territoriales como sucedió con los Paramilitares en Santafé de Ralito y con guerrillas en la zona del Caguán, entre otras zonas de despeje temporal.

Ya el país vivió algo parecido una vez resultó electo Gustavo Petro. Esto dijo: “A los tres meses de ser presidente se acaba el ELN”. Por supuesto que esa promesa no se cumplió lo que derivó en críticas, cuestionamientos y hasta risas en los sectores de la derecha.

El 8 de septiembre sabremos si la exhortación de Abelardo “Magno” de la Espriella caló en aquellas personas ilegales a las que invitó a someterse a la justicia. De no concretarse dicha entrega sin condiciones al Estado, el recién posesionado presidente de la República estará abocado a elegir entre dos caminos: el de la negociación política, sin gabelas, con los grupos terroristas o el de confrontación militar sin tregua y con resultados ya conocidos: desplazamiento de millones de campesinos, afectaciones ecológicas en ecosistemas frágiles y la llegada de terratenientes y políticos a las zonas rojas a comprarle a precios irrisorios la tierra a los campesinos que huyen de los enfrentamientos o simplemente a tomar posesión de las fincas de los hacía rato las abandonaron.



[1] En su disertación, el histriónico presidente electo calificó la campaña que lo llevó al triunfo electoral y político como una gesta cercana a las de Alejandro Magno. Durante cuatro años criticaron a Petro por sus constantes alusiones al libertador Simón Bolívar.

[2]No habrá ofertas generosas ni concesiones inaceptables como las que recibieron del régimen que está llegando a su fin. La convivencia del actual gobierno con el crimen organizado es asqueante y vergonzoso. En la era del Tigre se acabó. La ley, y solo el imperio de la ley

lunes, 22 de junio de 2026

CATARSIS



Foto: Colprensa. 

Por
Germán Ayala Osorio

 

Después de escuchar el primer discurso de Abelardo de la Espriella Otero desde la Barranquilla del clan Char que apoyó su campaña, bien vale la pena hacer catarsis como corresponde: exponiendo las circunstancias, los actores y errores cometidos durante cuatro años del gobierno progresista y por supuesto los de la campaña presidencial de Iván Cepeda Castro.

Agrupo esas circunstancias, actores y errores en los siguientes temas: 1. El papel de los medios masivos y las redes sociales. 2. La paz y la guerra. 3. La injerencia gringa. 4. Los errores de Petro. 5. Cepeda, el filósofo.

Inicio con el papel de los medios masivos. Como sucedió años atrás con el entonces Mesías de El Ubérrimo, y más adelante con Rodoldo Hernández, De la Espriella Otero es un fenómeno mediático y de las redes sociales. Es una invención mediática y como toda ilusión y fantasía, con el pasar del tiempo se irá desvaneciendo por la fragilidad de los elementos que la soportan. Basta con ver la felicidad de los periodistas de Noticias Caracol con el resultado electoral para entender que su falta de rigurosidad e independencia coadyuvó a la victoria del histriónico y ladino personaje.

Eran tanta la dicha, que no sabían si declararlo presidente electo o esperar los escrutinios ante una victoria apretada. Luego, volvieron a usar el vocablo outsider y a llamar “empresario” al abogado que defendió en el pasado a los jefes paramilitares. ¿Se atreverán los medios masivos hegemónicos a esculcarle la vida privada y pública a De la Espriella como lo hicieron con la del presidente Petro?

En lo que toca a las redes sociales, estas cloacas fueron determinantes para que cientos de miles de jóvenes engrillados a la banalidad, la estupidez, al entretenimiento y al vaciamiento conceptual que producen y se reproducen en Instagram y TikTok se gozaran como niños los mensajes publicitarios de la campaña de Abelardo, convertido en un “tigre”. El espíritu therian del candidato de la ultraderecha caló no solo en aquellos muchachos que como De la Espriella se identifican con animales, sino en los demás que acogieron la imagen del gran felino como la excusa perfecta para no tener que examinar y mucho menos confrontarse frente al origen político y la personalidad infantil, fatua y antidemocrática de Abelardo de la Espriella. Las redes sociales y el fútbol son los más efectivos distractores sociales: suelen sacar de sus pesadas realidades a millones de ciudadanos agobiados por sus rutinas.  Dejar de pensar es el resultado final y se suele actuar en consecuencia.

2. La paz y la guerra. El origen de la cacareada polarización política está en esa dualidad que, durante el proceso de paz de La Habana y el plebiscito por la paz, dividió a la sociedad entre Buenos y Malos. Los primeros, los que estaban con la guerra; y los segundos, los que abogan por una solución pacífica al “conflicto armado interno”. No hay forma de superar esa división social, política, moral y ética. A Buenos y Malos los separa un abismo insondable. Abelardo ancló en ese abismo su amenaza de “destripar a la izquierda”. Quizás venga un Plan Colombia II como lo prometió en campaña De la Espriella. Ese es el escenario soñado por los Señores de la Guerra, nacionales e internacionales, que disfrutan imaginar las selvas y campos quemados y arrasados por cuenta de una guerra declarada contra el campesinado y la Naturaleza.

3. La injerencia gringa. Abelardo de la Espriella dijo que habló con Donald Trump horas después de conocido el resultado electoral. Esa llamada y la bendición del pederasta y convicto presidente de los Estados Unidos son elementos moralmente superiores al reconocimiento institucional de su condición de presidente electo. No se necesita que el Consejo Nacional Electoral lo declare como tal.

Trump domina Venezuela, Ecuador, Chile y Argentina. Le faltaba Colombia. De esa manera podrá ejecutar sus planes de intervención para expoliar los recursos naturales y ejercer el control político sobre los presidentes de cada país, vistos por Trump y Rubio como verdaderos lacayos.

4. Los errores de Petro. El manejo de las redes sociales y el que le dio a su vida privada les facilitaron la tarea a las empresas mediáticas a las que solo les tocó esperar a que el presidente diera “papaya”. Y la dio y la sirvió en "julianas".  En ese momento y durante todos los días lo fustigaron, hasta consolidar la narrativa que indicaba que era “un borracho, drogadicto, homosexual; un enfermo incurable que jamás debió llegar a la presidencia de la República”. Su espíritu indómito, contestatario y “revolucionario” resultó inaceptable para esos sectores societales que jamás le perdonaron haber hecho parte del M-19. Su condición de exguerrillero fue el punto de quiebre moral con el que la oposición, con la ayuda de los medios tradicionales, edificaron la aborrecible figura de un político que jamás debió ser indultado por el Estado.

Sus peleas con los gringos asustaron e incomodaron a empresarios y políticos colombianos que valoran más tener la visa americana, que gozar de la soberanía, asumida por ellos como una invención de los “mamertos”. Mientras puedan viajar a los parques de Disney a ver muñequitos cada año les es suficiente a estos lacayos. Ahora podrán gozar de los rugidos de un tigre. Solo falta que desde la Casa de Nariño se apoye un emprendimiento consistente en la fabricación y venta de tigres de peluche. De esa forma se confirmaría la “muñequización” de la política.

5. Cepeda, el filósofo. En este punto hay que iniciar por reconocer que De la Espriella Otero tenía razón cuando dijo que él “no sacrificaría su familia por un país como este que no agradece nada; un país de desagradecidos, desleales y cafres”. Y sí, Colombia es un país de cafres, desagradecidos y desleales a juzgar por aquellos cientos de miles de pobres que, en lugar de votar por el candidato progresista, lo hicieron por De la Espriella, un consumado aporofóbico. Presos de la hegemonía cultural, de la ignorancia, algo de estupidez y ausencia de conciencia de clase, millones de pobres votaron por el “Tigre”. Nunca un gobierno como el de Petro reivindicó los derechos de los más vulnerables. Ahí están los efectos de los media.

Cepeda fue un gran candidato presidencial: decente, formado, inteligente, leído y formado en la discusión argumentada de hechos y realidades políticas y sociales. Si comparamos su perfil con el de Abelardo de la Espriella entenderemos que hay gente en el país que aún prefiere a los machitos que gritan, vociferan y caen todo el tiempo en los lugares comunes en los que se sostiene la ignorancia de millones de pobres que votaron por el “felino”.

Que se preparen Camilo Romero, Carolina Corcho e incluso el propio Daniel Quintero. En caso de aspirar dentro de cuatro años a ocupar la Casa de Nariño, deben comprender que los discursos elevados no gustan en sectores societales en los que prima la bobada, la pendejada, la banalización. Allí están las redes sociales. Les tocará buscar, como lo hizo tardíamente Cepeda, a influencers y youtubers, prueba irrefutable de que hay cientos de miles de jóvenes que no quieren “rollos académicos” y reflexiones profundas. Quieren mensajes cortos, efectistas, con música estridente. Que les hablen como reguetoneros, como therian. La Política, en mayúscula, desapareció.  Hoy quieren ver a políticos vestidos de payasos, que bailen, se dejen caer; que jueguen con un balón y sobre todo, que les muevan las emociones más primarias como lo supo hacer el Tigre de papel. 

martes, 2 de junio de 2026

LOS VISOS FASCISTAS DE ABELARDO DE LA ESPRIELLA




Por Germán Ayala Osorio

 

El proyecto de país que encarna Abelardo de la Espriella tiene visos fascistas porque recoge, entre otros elementos, el discurso y las prácticas arribistas, clasistas, racistas y aporofóbicas que nos identifican como una sociedad premoderna y cuasi primitiva por la fuerza de la tradición de esas y otras taras civilizatorias. El candidato de la ultraderecha  y Uribe habló de "destripar" a la izquierda. 

No olvidemos las recientes condenas contra Henry Alexis Velasco Rodríguez y Fabiola Rubiano por racismo y hostigamiento. El primero, arremetió contra un guarda de tránsito en la capital del Valle del Cauca por el color ébano de su piel; y la segunda, por llamar “simio” a la vicepresidenta Francia Márquez Mina. A lo que hay sumar los constantes episodios de “Usted no sabe quién soy yo” que se hicieron virales en las redes sociales. Baste con recordar el caso de la “Dra Liliana”, quien discriminó a un repartidor de pizza. Esa es la Colombia que votó masivamente a favor de De la Espriella. Ese es el caldo de cultivo en el que se incubó y se sigue incubando el fascismo criollo. 

Por supuesto que De la Espriella encarna ideas totalitarias y fascistas. Su discurso es violento, básico y alejado de cualquier posibilidad de entablar procesos comunicativos atados a lo expresado en la Teoría de la Acción Comunicativa de Habermas. Con él, la comunicación siempre fracasará. Pero el peligro que representaría un eventual gobierno en manos del abogado y amigo del testaferro del régimen venezolano, Alex Saab está atado al apoyo que recibiría de sectores societales que por supina ignorancia o decisión de vida exhiben uno o varios de los rasgos del fascismo de los que habló Umberto Eco.

En adelante hago un ejercicio de extrapolación de algunos de los 14 rasgos que el escritor le entregó al mundo sobre el “fascismo original” con el propósito de ancorarlos a las taras civilizatorias que arrastramos de tiempo atrás como colectivo, fuente de poder y vida al proyecto autoritario que en tres semanas puede instalarse en la Casa de Nariño.

El miedo a la diferencia, que para el caso nuestro se traduce en odio hacia indígenas, negros y campesinos, pueblos y comunidades que Petro y su gobierno le devolvieron protagonismo, dignidad y el valor cultural que el neoliberalismo uribista les arrebató en 25 años; el pacifismo, esto es, quienes hablen de paz y propongan salidas negociadas al conflicto armado interno y las disímiles expresiones de violencia en urbes como Cali, Bogotá y Medellín fundadas en la segregación. A pesar de que la guerra y la paz hacen parte de la misma moneda, cada que un fascista la lanza al aire, ésta siempre cae del lado de la confrontación armada.

El desprecio de los débiles de parte de aquella élite aristocrática y militarista que lleva más de 50 años apostándole a la guerra total, fina estrategia para concentrar la tierra en pocas manos, eliminar a las comunidades rurales o desplazarlas forzadamente. Por supuesto que los Señores de la Guerra hablan de negocios con los miembros de esa élite porque la guerra es un lucrativo negocio. Y finalmente, las prácticas y el discurso machista del que se desprenden la misoginia, la homofobia y la transfobia.

Colombia está a tres semanas de volver a votar- ya lo hizo en primera vuelta- por un proyecto de país que nos condenaría a naturalizar todas las formas de violencia física y simbólica en nombre de quienes profesan un incontrastable odio hacia todo lo que les parezca diferente y contrario a la tradición y a las finas costumbres aristocráticas. El proyecto de Abelardo de la Espriella incluye, por supuesto, el sometimiento de los ecosistemas naturales-históricos a las lógicas de un desarrollismo avasallante y perturbador: el modelo de la gran plantación, la minería, legal e ilegal, el fracking, la potrerización de selvas y la inseguridad alimentaria son la prioridad para este abogado. En esa idea de país confluyen quienes siempre vieron a las selvas como obstáculos para los procesos de modernización urbana.


martes, 26 de mayo de 2026

LOS GRINGOS APOYAN A DE LA ESPRIELLA

 




Por Germán Ayala Osorio

La derecha norteamericana, con el apoyo del uribismo y otros agentes de ese mismo espectro ideológico, amparada en la Doctrina Donroe y los falsos, pero estratégicos objetivos del Escudo de las Américas, le está apostando a poner en el Solio de Bolívar al abogado Abelardo de la Espriella, ficha que el gobierno gringo entiende como el remplazo de Uribe como Señor de la Guerra y garante de la extensión en el tiempo del conflicto armado interno y de los beneficios de los agentes económicos que sacan réditos políticos y económicos del negocio de la producción y comercialización de armas y pertrechos para la guerra.

De llegar De la Espriella a la Casa de Nariño en calidad de presidente de la República, el gobierno Trump aseguraría la recuperación del eje integrado por Venezuela, Ecuador y Colombia, países sobre los cuales hay intereses particulares. Sobre el primero, USA se hizo ya al control de la producción de petróleo, lo que le permite jugar a la guerra en el Medio Oriente con un precio controlado del crudo y por supuesto, para el consumo interno. Venezuela es, prácticamente, un Estado más de la Unión Americana. Por lo menos, mientras haya petróleo para sacar.

Con el segundo, los gringos aseguran la entrada de banano y de cocaína, productos claves para la economía norteamericana. A los gobiernos estadounidenses, demócratas o republicanos, no les preocupa el ingreso de toneladas de cocaína, sino que su producción y comercialización esté asegurada a través de canales institucionalizados o casi que estatizados en los países de origen. Además, hay indicios de que hay “tierras raras” en Ecuador; y finalmente, a los gringos les interesa Colombia también por la producción- controlada- de la cocaína, así como la explotación de los recursos genéticos de la Amazonía y la extensión en el tiempo del “conflicto armado interno”. Con esto último aseguran negocios internos y la generación de estrategias de intervención político-militar como la Alianza para el Progreso y el Plan Colombia.

¿Por qué Abelardo y no Paloma Valencia? Por varias razones, a saber: la primera, es mujer y en negocios de “machos” la presencia de mujeres les genera desconfianza y riesgo. La segunda, el proceso judicial que enfrentará Alex Saab lo consideran suficiente para imponerle a De la Espriella la agenda gringa. Ya están saliendo hechos punibles como el lavado de activos que comprometerían al abogado colombiano, amigo y defensor de Saab.

Lo mismo pasó con los pendientes judiciales de Álvaro Uribe. Los Estados Unidos jamás se interesaron en procesarlo por las rutas que le entregó a Pablo Escobar durante su paso por la Aerocivil y sus relaciones con la mafia antioqueña, incluida la paramilitar. La tercera, porque Marco Rubio y Bernie Moreno, entre otros políticos republicanos, reconocen que Abelardo de la Espriella es el aliado inmoral que mejor representa los intereses de Trump en América Latina. Y la cuarta, porque Uribe está convencido de que De la Espriella lo reemplazará con lujo de detalles. Otros agentes del Establecimiento piensan lo mismo. 

Al imponer a De la Espriella en la Casa de Nariño, la derecha colombiana recupera el poder y el control para volver a los tiempos de la seguridad democrática y lo más importante: reversar los avances sociales y medio ambientales logrados por el gobierno Petro, como las reformas pensional y laboral, la reforma agraria, el freno a macroproyectos mineros en zonas protegidas y la devolución de las tierras- incluidos baldíos- que la Agencia Nacional de Tierras logró quitarles a los amigos de Uribe y Duque.

Un gobierno de Abelardo de la Espriella sería el caldo de cultivo para un estallido social de incontrastables dimensiones y consecuencias. Votar por el "Tigre de Temu" es un salto al vacío por la "Bukelización" y la "Mileización" del país. El perfumado abogado nos devolvería a los tiempos del Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala. 




Nota: imagen tomada de https://www.bing.com/images/search?q=abelardo+de+la+espriella+tendr%c3%ada+la+bendici%c3%b3n+de+los+Estados+Unidos&form=HDRSC3&first=1


miércoles, 6 de mayo de 2026

PRIMO DE PALOMA VALENCIA OBLIGADO A DEVOLVER EXTENSO BALDÍO

 

Por Germán Ayala Osorio

 

La tierra en Colombia ha sido, históricamente, la fuente de conflictos étnicos y políticos, expresados estos últimos en lo que se conoce como el conflicto armado interno. Esas dinámicas armadas terminaron generando procesos de concentración de la tierra por desposesión, validados por gobiernos de derecha y agentes económicos de la sociedad civil atados a las lógicas e intereses del modelo de la gran plantación caracterizado por la siembra de monocultivos como la caña de azúcar y palma africana altamente disruptivos. Sin duda alguna, el reflejo del perfil feudal de una élite precapitalista y rentista.

Bajo esas circunstancias, los baldíos jugaron un papel protagónico gracias a que particulares, hijos o primos de la élite dominante se apropiaron de cientos de miles de hectáreas de esas tierras que por ley deberían pasar a manos de campesinos interesados en aportar a la autonomía y soberanía alimentarias.

El caso del primo de la candidata presidencial del uribismo, Paloma Valencia Laserna resulta paradigmático porque ilustra con precisión que las prácticas ilegales, esto es, la violación de la ley, terminan legitimadas por las relaciones familiares y políticas de una derecha enemiga del campesinado y de la reforma y la jurisdicción agrarias. Nicolás Laserna explotó a su antojo y por 10 años, más de 6100 hectáreas de un baldío de la Nación. Tuvo que llegar un gobierno progresista interesado en consolidar la imaginada reforma agraria para recuperar dichos terrenos adquiridos “legalmente” por el primo de la candidata presidencial. La Agencia Nacional de Tierras, en cabeza de Felipe Harman confirmó la recuperación del extenso baldío.

Los terrenos baldíos ocupados por Laserna están ubicados en el Vichada, departamento que sigue siendo considerado por la derecha que representa Paloma Valencia como parte de lo que en el marco de la Constitución de 1886 se conoció como los “territorios nacionales”, categoría que, con toda su carga eufemística, sirvió a las familias poderosas con conexiones en centros de poder político a hacer y deshacer en esos departamentos en los que el Estado brilla por su ausencia y decisión del centralismo bogotano.

Por estar íntimamente ligado a la moral uribista, las acciones ilegales cometidas por el primo de Paloma Valencia Laserna resultan legítimas. Es más, bajo esa particular moral, bien podría tratarse de “errores involuntarios” de la tradicional gente de bien. Lo mismo sucedió con el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez, quien en el pasado se apropió de El Laguito 2, un baldío que el ventajoso político antioqueño explotó a su antojo. Gracias a las gestiones y presiones del senador Wilson Arias, acompañado por la Contraloría y otras instituciones estatales, el exmandatario se vio obligado a devolver el baldío que muy seguramente se apropió y explotó por “error”. A lo mejor, siguiendo la lógica del Chavo del 8: “fue sin querer, queriendo”.

Alirio Barrera, congresista del Centro Democrático tiene abierto un expediente en la Agencia Nacional de Tierras (ANT) al parecer por posesión ilegal- léase por “error involuntario”- de baldíos de la Nación. El Tiempo, periódico uribizado dice que “el expediente administrativo que posee la ANT no es por acumulación de terrenos que actualmente ostenten la vocación de baldíos, sino por la acumulación de bienes que tienen un origen baldío”.

Baste con estos tres casos para entender que el uribismo es la inmoral doctrina política de una derecha enemiga de la reforma agraria y del campesinado. Los baldíos para su más visibles representantes son tierras abandonadas que tienen que ser explotadas por quienes tienen el suficiente músculo financiero y fuertes conexiones políticas. Finalmente, Nicolás Laserna, Álvaro Uribe y Alirio Barrera no violaron la ley: cometieron errores involuntarios. Punto. La candidata presidencial, "hija" de Uribe, defiende a su primo y al senador Alirio Barrera porque Paloma Valencia es enemiga del campesinado y de la idea de consolidar un Estado al servicio de la seguridad alimentaria. 




domingo, 26 de abril de 2026

COLOMBIA: LA CAJA DE LOS VIENTOS DE LA GUERRA PERPETUA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Después de conocido el saldo de 19  muertos que deja hasta el momento el cobarde y demencial ataque terrorista perpetrado por los criminales de la “Jaime Martínez” o de la “Dagoberto Ramos”, la cotidianidad regresa y la vida continúa. Casi de inmediato el consorcio vial reparó la bancada y recogieron los escombros.

Es probable que en el lugar del atentado aparezcan cruces con los nombres de los civiles que perdieron la vida en el país de lo absurdo. Porque eso es Colombia: el país de la belleza y de lo irracional, de lo ilógico, de lo paradójico, de lo inadmisible y de la estupidez humana en su más concentrada y grande expresión. Si de verdad hay un Dios creador, al parecer de manera caprichosa y quizás maliciosa dejó caer sobre este basto territorio los genes dominantes de la estupidez.

Esa es quizás la tragedia que enfrenta la condición humana: pase lo que pase, hay que seguir adelante, incluso, sin saber a ciencia cierta quiénes son los responsables de semejante salvajada. Entonces hablan de resiliencia, el vocablo de moda con el que terminamos por soslayar que no podemos vivir juntos, que aquí no cabemos todos y, por ende, hay gente que tiene que desaparecer físicamente. Esos 19 muertos de El Túnel (Cajibío- Cauca) serán vistos como “daños colaterales”. Así de simple y doloroso.

En el país del Sagrado Corazón y cuna del Realismo Mágico la tragedia que hoy todos lamentamos ocurrió en una vereda llamada El Túnel, jurisdicción del municipio de Cajibío, muy cerca de la piadosa, conservadora, rezandera y camandulera ciudad de Popayán, la capital del Cauca, convertida en la covacha en la que una élite muy particular decidió oscurecer, de la mano de los bandidos, el futuro de una región como si se tratara del más tenebroso túnel. El Cauca es eso: un pasadizo entre la civilidad y la barbarie; entre los mundos indígenas y mestizos avergonzados de sus propios procesos de mestizaje. Siempre fue así.

Cajibío significa “caja de viento” en lengua indígena. Una hermosa acepción que junto a los nombres de las veredas El Carmelo, El Cofre y El Túnel, le dan al pequeño municipio caucano un carácter mágico que los guerreros, legales e ilegales, intentan marchitar con su promiscuo y enfermizo juego de la guerra eterna o interna.  

Y aparece lo de siempre: peticiones de justicia y venganza, el ofrecimiento de millonarias recompensas para lograr dar con los cabecillas, operaciones militares, periodistas que informan al borde de las lágrimas y discusiones familiares entre petristas y uribistas alrededor de la Paz Total, la defensa de los diálogos de paz y el deseo de volver a los tiempos de la seguridad democrática. Llevamos más de 50 años matándonos en una espiral de violencia que beneficia a los Señores de la Guerra y a los políticos que los representan.  Y de esto no se habla.

Lo único claro que se tiene es quiénes están sacando provecho político y electoral de la situación: la derecha uribizada cuya vigencia social y política está atada a las dinámicas de un degradado conflicto armado interno que es el espejo en el que nos miramos todos los días y reflejamos lo que somos como sociedad premoderna, incivilizada, clasista y racista.

Y aparecen entonces los dos únicos caminos posibles a seguir: el primero, la guerra total contra las “guerrillas”, lo que implica una inversión billonaria en recursos económicos y por lo menos ocho años de operaciones militares constantes, con bajas de lado y lado, desplazados y víctimas civiles, sin la certeza de que el Estado alcance la victoria militar; y el segundo,  insistir en dialogar con  aquellos comandantes, los mismos que no se ven firmando un armisticio con el Estado, pero que aprovechan los escenarios dialógicos para fortalecerse militarmente, recuperar heridos e insistir en el adoctrinamiento ideológico de jóvenes reclutados de manera forzada.

Paz en la tumba de los civiles que cayeron en El Túnel. La vida sigue en el país de lo absurdo y la estupidez; Colombia es la inmensa caja en donde los vientos de la guerra y la barbarie soplan más fuerte que los de una anhelada paz que nos seguirá costando las vidas de mujeres, hombres, niñas, niños, viejas y viejos que tuvieron el infortunio de nacer en el país del Sangrado Corazón. 




Imagen de EFE/Ernesto Guzmán, tomada de El Espectador.com

sábado, 25 de abril de 2026

ATAQUES TERRORISTAS Y AMBIENTE ELECTORAL

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Los atentados terroristas que en las últimas horas sacudieron a caucanos y vallecaucanos  y a  viajeros de la vía Panamericana ocurren en una coyuntura político-electoral que permite pensar que las reacciones en contra del gobierno nacional de la gobernadora del Valle y el alcalde de Cali devienen con un tufillo electorero que se torna en constreñimiento indirecto al votante que al asumir  lo dicho por Dilian Francisca Toro y Alejandro Eder como un efectivo abandono del gobierno central  al Valle del Cauca y su capital, de inmediato ese elector piensa en votar por los candidatos que ofrecen seguridad y bala, esto es, el regreso a la temida seguridad democrática de Uribe.

Llama la atención el tono de las reacciones del alcalde de Cali y la gobernadora. En lugar de hacer un balance de las actividades de inteligencia y contrainteligencia que se debieron poner en marcha y consolidar después del grave atentado terrorista contra las instalaciones de la Base Aérea, de inmediato responsabilizó a Petro de la ocurrencia de los bombazos en contra del Batallón Pichincha. Es tiempo que la señora Toro informe acerca de la inversión de los recursos obtenidos de la tasa a la seguridad. 

El registro lastimero y espectacular de los medios tradicionales de los violentos hechos prepolíticos ocurridos en Palmira, Cali y en la vía Panamericana a la altura del sector El Túnel (Cajibío, con saldo de víctimas fatales), sirve a la narrativa que señala que “Petro le entregó el país a los violentos”, situación que los únicos capaces de reversar son los candidatos presidenciales más visibles de la derecha: Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, Claudia López y Sergio Fajardo. En la historia del “conflicto armado interno” las “guerrillas” siempre recibieron y despidieron gobiernos con ataques similares a los que ocurrieron en las últimas horas en los dos departamentos. Lo vivido en las últimas horas es más de lo mismo de unos facinerosos que solo saben hacer daño. No defienden ideas y mucho menos tienen un proyecto político. Son, además de "traquetos de camuflado" como los llamó Petro, estúpidos, incivilizados y orates. Nada más que agregar. 

Todo indica que se trata de acciones criminales coordinadas que se ejecutan en las narices de unas autoridades asumidas como débiles por las audiencias y las víctimas directas e indirectas que dejan dichos actos demenciales. Los ataques dinamiteros contra los batallones Pichincha (Cali) y Codazzi (Palmira) y los usuarios de la vía Panamericana dan cuenta del sentido político-militar de dichos atentados: se ataca a los militares en una demostración de fuerza que deja en ridículo las actividades de inteligencia y contrainteligencia, lo que confirma la tesis que señala que contra el terrorismo es muy poco lo que hay que hacer; y se ataca a civiles para consolidar la idea de que definitivamente el actual jefe del Estado y comandante en jefe de las fuerzas armadas no está en capacidad de cumplir con la misión constitucional de proteger a los primeros y de llevar a los uniformados a la victoria militar.

Lo más probable es que sucedan nuevos ataques terroristas, pues los objetivos prepolíticos y criminales de la banda de “Iván Mordisco” terminan siendo compatibles con los de la derecha empecinada en recuperar la Casa de Nari para desatar una Guerra Total para la cual parecen estar preparados a librar los grupos al margen de la ley responsables de los ataques dinamiteros que llevan a muchos a pensar en que lo mejor es regresar a los tiempos de la seguridad democrática de Uribe. Aquello de las ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos), el desplazamiento forzado de más de seis millones de campesinos, la destrucción de ecosistemas naturales a través procesos de defaunación y deforestación, y el acaparamiento por desposesión de cientos de miles de hectáreas de tierra son insignificantes efectos colaterales que no se pueden evitar cuando la apuesta es “acabar militarmente con los bandidos”. Olvidan que el Estado lleva más de 50 años negociando y combatiendo grupos armados ilegales. Uribe los arrinconó, pero lejos estuvo de acabarlos militarmente. 

Adenda: 19 muertos y más de 35 heridos es un saldo trágico, sumado a las pérdidas materiales. Son unos malditos los que perpetraron ese atentado criminal, al igual que los que electoralmente aplauden lo sucedido. 


Imagen tomada de ataques en el sector El Túnel de Cajibio deja muertos - Búsqueda

viernes, 24 de abril de 2026

DE LA PAZ TOTAL, A LA GUERRA TOTAL

 

Por Germán Ayala Osorio

 

A pocos meses de terminar el gobierno Petro, las estructuras armadas ilegales que sostienen relaciones o guardan simpatías ideológicas con sectores del Establecimiento (nacional, regional y local) arreciarán sus ataques terroristas e incursiones armadas, incluidas masacres, con el único propósito generar un ambiente de zozobra y caos que beneficie a los candidatos presidenciales que ofrecen “recuperar la seguridad” a punta de bala, negando cualquier posibilidad de negociar con los grupos al margen de la ley.  La idea es pasar de la Paz Total a la Guerra Total. Eso sí, ambos caminos resultan inconvenientes por el carácter maximalista con el que suelen presentarse.

El candidato presidencial del gobierno, Iván Cepeda Castro ha dicho que insistirá en los diálogos de paz con las “guerrillas” (Disidencias de las Farc y ELN). Cepeda dará continuidad a la Paz Total, decisión política que lo pone en contravía de los sectores de poder económico y político y de la opinión pública que están dispuestos a desatar y apoyar en el país una Guerra Total como la que desató el entonces gobierno de Uribe con la nacionalización del Plan Colombia que le dejó operando Andrés Pastrana. Fue la seguridad democrática la política pública con la que se obligó a las entonces Farc-Ep, junto a otras circunstancias, a aceptar los diálogos en La Habana que terminaron con la firma del Acuerdo de Paz en el teatro Colón de Bogotá. El país no puede olvidar los 6402 crímenes de Estado, los seis millones de desplazados y el acaparamiento de cientos de miles de hectáreas de tierra que pasaron a manos de terratenientes y narco paracos.

Recién la capital del Valle del Cauca fue escenario de un ataque terrorista que, aunque fallido en contra de las instalaciones del Batallón Pichincha sirve a la narrativa de los sectores de la derecha y la ultraderecha que se benefician de dichos atentados. Electoralmente, la estructura armada “Jaime Martínez”, responsable al parecer de la acción terrorista, le hace el juego a Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, Sergio Fajardo y Claudia López, aspirantes presidenciales que defienden a dentelladas aquello de la “violencia legítima del Estado”. Me pregunto: ¿Cómo puede ser legítima la violencia de un Estado precario, ilegítimo y que opera en muchos espacios del territorio de la mano de criminales? El batallón Agustín Codazzi de Palmira también fue atacado horas después de lo sucedido en Cali. ¿Se tratará de acciones criminales perpetradas en connivencia con las autoridades? ¿La derecha vallecaucana le está apostando a generar miedo en la población civil con propósitos electorales?

Si bien es cierto que la Paz Total de Petro salió bastante mal, las responsabilidades del fracaso son compartidas con los grupos ilegales con los que el gobierno se sentó a dialogar. Del lado del gobierno hay que señalar que hubo yerros en el manejo político de unos diálogos en los que jamás se consolidó una mutua confianza.  

En este juego de la Guerra Total y la Paz Total hay una realidad inocultable: la paz no es buen negocio para las disidencias, el ELN y el clan del Golfo, entre otras estructuras. No les interesan curules y vivir de proyectos productivos. El narcotráfico y la minería ilegal-legal son un negocio billonario que bien vale la pena mantener. Lo demás es retórica política de unas “guerrillas” que hace rato perdieron su naturaleza política.

La Guerra Total que proponen los candidatos presidenciales de la derecha hay que conectarla con los intereses de agentes económicos que se vienen oponiendo a la entrega de tierras y la formalización de propiedades rurales que benefician directamente a familias campesinas. Retornar a los procesos de contrarreforma agraria, por vía de la desposesión y acaparamiento de tierras y el desplazamiento forzado hace parte de esa apuesta de la Guerra Total. El objetivo no está en acabar militarmente con el “enemigo interno”. De lo que se trata es de garantizar condiciones de acaparamiento y la convivencia institucional con los ejércitos mafiosos (guerrillas), lo que se traduce en el mantenimiento del negocio del narcotráfico y las finas relaciones establecidas de tiempo atrás con agentes económicos y políticos del Establecimiento colombiano.

Ni la Guerra Total, ni la Paz Total servirán para pacificar el país. Si esa sentencia es válida y tiene asidero, entonces qué se puede hacer o cuál es la salida se puede preguntar el lector que llegó hasta aquí. Si vamos a insistir en el discurso académico entonces inexorablemente nos llevará a hablar de “copar el territorio, ganarse la confianza de las comunidades rurales, implementar procesos de sustitución de cultivos y construir Estado”. Acciones que se han intentado en el pasado e incluso en el actual gobierno, con resultados agridulces.

Quizás sea el momento de plantear salidas más audaces y adoptar costosas decisiones de índole político y económico. Entre las primeras, convertir en agentes armados estatales a los miembros de los grupos al margen de la ley que operan en los territorios en donde el Estado brilla por su ausencia. Por supuesto, con un acompañamiento internacional.  Suena terrible, pero podría intentarse un programa piloto.

Y finalmente, que a través de labores de inteligencia y contrainteligencia se expongan a los Señores de la Guerra, nacionales y extranjeros que se benefician de la extensión en el tiempo de las dinámicas de lo que se conoce pomposamente como conflicto armado interno. Esta salida suena, imposible porque implica quitarle la máscara a los belicistas que disfrutan en elegantes clubes sociales el cierre de negocios en los que se venden pertrechos y armas para la guerra. Estamos condensados a vivir buscando la paz en un país que disfruta de la guerra. 





jueves, 19 de marzo de 2026

JEP, "FALSOS POSITIVOS" Y NEGACIÓN SIMBÓLICA

 

Por Germán Ayala Osorio

Los crímenes de Estado, mal llamados “falsos positivos”, dan cuenta de la degradación misional de los integrantes del Ejército que monetizaron la vida de jóvenes a los que convirtieron, por arte de birlibirloque, en “guerrilleros dados de baja en combates”, vestidos a la carrera, con las botas al revés y tiros de gracia. 

Los encuentros organizados por la JEP entre victimarios y víctimas terminan en reclamos, sollozos y la catarsis de madres adoloridas, rabiosas  y llenas de dolor que confrontan a exoficiales, exsoldados y exsuboficiales que ordenaron las ejecuciones o simplemente cumplieron sin pensar la orden de asesinar a por lo menos 6402 jóvenes.

En esas audiencias o encuentros dialógicos entre los comparecientes (exmilitares) y los familiares de las víctimas de la política de seguridad democrática hay lo que llamo aquí en esta columna una negación simbólica que favorece la imagen del Ejército nacional, en la medida en que los responsables de las ejecuciones extrajudiciales que responden ante la JEP ya no visten el uniforme militar con el que legitimaron la práctica de asesinar civiles para inflar las cifras y engañar al país sobre el devenir del conflicto armado interno.

Así las cosas, las madres de los jóvenes asesinados terminan haciéndole reclamos a individuos (civiles) que ya no representan a la institución militar que validó la comisión de semejante atrocidad. Las peticiones de perdón de los exmilitares pierden valor simbólico porque ya no ostentan el poder intimidatorio y desbordado con el que cumplieron y dieron las órdenes de asesinar a los muchachos de Soacha y de otros lugares a lo largo y ancho del país. 

Los execrables crímenes se entendieron en las unidades militares como actos del servicio, lo que obligaría a que la aceptación de responsabilidades por parte de los exmilitares la hicieran vestidos con los uniformes con los que dieron o cumplieron las órdenes de asesinar a cambio de permisos, condecoraciones y platos de arroz chino. Es más, la comparecencia debía de darse con las medallas que se ganaron por asesinar civiles inermes y de esa manera mentirle al país en torno a que estaban ganando la guerra contra las guerrillas. El retiro de los galardones alcanzados por asesinar jóvenes debía de hacer parte de las audiencias y los encuentros dialógicos entre victimarios y víctimas.

Ver a oficiales, suboficiales y soldados vestidos de civil graduados de asesinos sin los uniformes camuflados o de fatiga constituye una negación simbólica que afecta la consolidación de la narrativa que señala que dentro del Ejército operó una empresa criminal plegada a las exigencias del entonces comandante en jefe de las FFAA que aparecía en los medios masivos exigiéndole a la tropa “más y mejores resultados operacionales”.

Insisto en que la condición civil desde la que generales, coroneles, mayores y capitanes reconocen haber dado y cumplido órdenes consistentes en asesinar muchachos termina por favorecer la imagen de la institución castrense comprometida en la comisión de los crímenes de lesa humanidad perpetrados por uniformados de alta, media y baja graduación.

Quienes piensen que lo que se propone aquí es la teatralización del dolor se equivocan. De lo que se trata es de aportar a la construcción de la verdad de lo acontecido con los “falsos positivos”, apelando a la reconstrucción de unos hechos criminales usando la simbología castrense que legalizó y legitimó los crímenes de lesa humanidad que deberían de avergonzarnos como sociedad civilizada.

La práctica institucional de los “falsos positivos” merece el rechazo de toda la sociedad. No es suficiente con que comparezcan ante la JEP, pidan perdón a las víctimas y prometan repararlas. La desviación misional que los convirtió en sicarios amerita, por su gravedad, la exposición de los comparecientes con la vestimenta castrense desde y con la que mancharon para siempre el honor militar, mancillaron la confianza de los civiles en el Ejército nacional y convirtieron al Estado en un asesino serial.

domingo, 15 de marzo de 2026

PALOMA VALENCIA Y LA JEP: LA VIEJA OBSESIÓN DE ACABARLA



Por Germán Ayala Osorio

 

El uribismo está obsesionado con la JEP. Y Paloma Valencia Laserna, también. Acabarla, desmontarla o ajustarla es un extraño propósito del expresidente y exconvicto Álvaro Uribe y el de su “hija-candidata presidencial” que insiste en que el alto tribunal de paz asumió una actitud persecutoria contra los militares que se sometieron a las condiciones de la justicia restaurativa, en gran medida para librarse de largas condenas proferidas por jueces de la justicia ordinaria, pero también por el compromiso de decir la verdad en torno a los crímenes de Estado, mal llamados “falsos positivos”, perpetrados por uniformados que monetizaron la vida de jóvenes que fueron asesinados con tiros de gracia.

Valencia Laserna repite hoy lo dicho por su mentor y “padre”: se trataría de confesiones presionadas por los magistrados de la JEP y las favorables condiciones jurídicas del modelo de justicia restaurativa.  Por supuesto que frente a largas condenas proferidas por los jueces ordinarios los uniformados comparecientes reciben sanciones morales y quedan en libertad siempre y cuando aporten verdad y expliquen las condiciones en las que se presentaron los hechos punibles a los cuales están vinculados en calidad de determinadores, testigos de excepción o ejecutores de las órdenes emanadas por oficiales de alta graduación que cumplían las directrices del ministerio de la Defensa y del Ejecutivo.

Frente a los togados de la JEP, oficiales y suboficiales han reconocido que asesinaron civiles para inflar las cifras de guerrilleros dados de baja en combates y señalado a la política de seguridad democrática como el inmoral marco institucional desde el cual se legitimó la práctica de secuestrar jóvenes para luego presentarlos como subversivos “neutralizados” en operaciones contrainsurgente.

Esa misma narrativa del uribismo se complementa con el imaginario que señala que la JEP ha sido permisiva con los comparecientes de las Farc-Ep, sobre los cuales ya hay acusaciones en firme por la comisión de delitos de lesa humanidad. Olvidan los detractores de la Jurisdicción Especial para la Paz que todos los comparecientes recibirán beneficios jurídicos mientras aporten verdad, se comprometan a no repetir las conductas criminales y a reparar a sus víctimas.

Valencia Laserna en varias ocasiones justificó sus ataques contra la Jurisdicción Especial para la Paz con un argumento falaz: defender el honor de los militares. Si la JEP fue creada en el marco del Acuerdo de Paz firmado entre el Estado con las Farc-Ep para juzgar a los máximos responsables de los delitos de lesa humanidad perpetrados en ocasión del conflicto armado por militares y guerrilleros, por qué la candidata presidencial insiste en proteger a los uniformados? La respuesta es evidente: los combatientes estatales (generales de tres soles, coroneles y mayores) han hecho referencia a la política de seguridad democrática como la pérfida realidad institucional impulsada por el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, uno de los actores bisagra, que aportaron a la degradación misional del Ejército nacional.

No se trataría exclusivamente de defender el honor y la libertad de los altos oficiales comprometidos en los ajusticiamientos extrajudiciales, sino la imagen de su “padre”, responsable político de la aplicación sin límites éticos y morales de una política de seguridad y defensa diseñada para aplicar la doctrina del enemigo interno por fuera de las lógicas y las dinámicas de un degradado conflicto armado. Al final, asesinar civiles (por lo menos 6402 jóvenes vulnerables) y perseguir y violentar “mechudos, tatuados y gente de izquierda” dieron cuenta de la extensión social y política de la doctrina del enemigo interno.

Infortunadamente surgieron las disidencias de las Farc-Ep y el ELN se mantiene en pie de lucha, lo que hace pensar en que la candidata presidencial de la derecha uribizada estaría interesada, de llegar a la Casa de Nariño (o de Nari), en ajustar los procesos internos de la JEP de cara al regreso a la política de seguridad democrática a partir del 7 de agosto de 2026, esto es, del retorno de la práctica criminal de asesinar civiles, ponerles camuflados, un arma y las botas al revés.



sábado, 7 de marzo de 2026

TRUMP Y EL ESCUDO DE LAS AMÉRICAS

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Con el apoyo de 12 gobiernos de América Latina, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump le apuesta a naturalizar su propia doctrina (Donroe) a través de la creación del Escudo de las Américas contra los Carteles de la Droga. Por fuera de esa alianza quedaron Brasil, México y Colombia, cuyos mandatarios no tienen afinidad ideológica con el pederasta que despacha desde el salón Oval de la Casa Blanca.

Se trata, sin duda alguna, de una nueva forma de intervención en el destino de América Latina. En el pasado fue la Alianza para el Progreso y más recientemente el Plan Colombia, aplicado durante los ochos años del gobierno de Álvaro Uribe con resultados discutibles: no se derrotaron a las guerrillas, aunque si obligaron a las Farc-Ep a replegarse y negociar con el Estado un tratado de paz; el negocio del narcotráfico se mantuvo a flote en gran medida porque sus dinámicas siguen atadas a los intereses de la banca, nacional e internacional que lava las fortunas de origen ilegal y a las lógicas del poder político y social; el desplazamiento forzado de comunidades campesinas, negras e indígenas y de colonos garantizó una contrarreforma agraria que favoreció el latifundio y los monocultivos de palma africana y caña de azúcar. Más de seis millones de colombianos fueron desterrados de sus territorios. Y en materia socioambiental se registró el deterioro socioambiental de valiosos y frágiles ecosistemas selváticos durante las dos administraciones de Uribe Vélez.

Con el Escudo de las Américas contra los Carteles de la Droga los ataques militares contra Irán, la eventual caída del régimen cubano y la consolidación del tutelaje sobre Venezuela el presidente Trump logra mantener alejados los focos de la prensa local y mundial de los archivos Epstein en los que está directamente implicado en calidad de violador de niñas y por supuesto  la  violenta persecución étnico-identitaria contra los migrantes latinos que desató de la mano de ICE, una fuerza supremacista con rostro nazista.

La reunión con los 12 presidentes se desarrolló en Miami. Trump lo dijo con asombrosa claridad: “Acordamos usar fuerza militar letal para destruir estos siniestros carteles y sus redes terroristas". Las consecuencias de dicha amenaza-propósito tocan de manera directa el futuro de Colombia, único país de la región en el que sobreviven las guerrillas de los años 60 y está en un proceso electoral en el que hay candidatos presidenciales que proponen un Plan Colombia 2.0 y otros que insisten en hablar de paz con los grupos armados ilegales permeados por el negocio del narcotráfico.

El primer efecto práctico es que Trump desconoce la naturaleza sociopolítica del conflicto armado interno y por esa vía recupera la tesis de la “amenaza terrorista” que Uribe usó para borrar de un plumazo las causas objetivas y subjetivas que legitimaron el levantamiento armado en el país.

El segundo efecto se sentirá con rigor a partir del 7 de agosto de 2026. De continuar el proyecto progresista en cabeza de Iván Cepeda, su gobierno estaría impelido, por presiones de Washington, a abandonar la idea de pacificar el país a través de la negociación política. Si por el contrario la derecha logra poner en la Casa de Nari a Paloma Valencia, Sergio Fajardo o en su defecto al bukelista Abelardo de la Espriella, entonces Trump y la godarria colombiana estarán de plácemes porque volverá la “guerra contra las drogas y el terrorismo” y con esta la persecución a los líderes de la izquierda democrática y del progresismo como sucedió con la aplicación de la política de seguridad democrática (2002-2010).

Hay que leer con atención el mensaje allegado desde el Departamento de Estado, que la BBC registró: “Esta histórica coalición de naciones trabajará conjuntamente para impulsar estrategias que pongan fin a la injerencia extranjera en nuestro hemisferio, a las pandillas y carteles criminales y narcoterroristas, y a la inmigración ilegal y masiva".

Y finalmente, habría un tercer efecto político e ideológico del orden territorial y continental con el que estilos de gobierno como los de Bukele (El Salvador), Kast (Chile) y Noboa (Ecuador) salen exaltados y legitimados por el belicista y violador de los derechos humanos que despacha desde la Casa Blanca.

Vale la pena recordar frases de Simón Bolívar y a Eduardo Galeano para comprender lo que puede significar el Escudo de las Américas: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad". Y estas dos del escritor uruguayo: 1. “El mundo está organizado por la economía de guerra y la cultura de la guerra”. 2. “El mundo se está convirtiendo en una inmensa base militar, y esa base se está convirtiendo en un hospital mental del tamaño del mundo. Dentro del manicomio, ¿cuáles están locos?”.




lunes, 2 de marzo de 2026

PERIODISTAS Y MEDIOS “ORGÁNICOS” DE LAS FARC Y DEL ESTABLECIMIENTO

 



Por Germán Ayala Osorio

 

La Silla Vacía, de Juanita León, señala en un reciente artículo que los medios Agencia de Prensa Rural, Kaos o Rebelión son “medios orgánicos de las Farc”. Estamos ante un señalamiento periodístico, ideológico y ético-político que nos lleva a una discusión de fondo que por supuesto no pretende soslayar las prácticas informativas de los señalados portales. Y esa discusión de fondo está atada a una pregunta: ¿Hubo o hay en Colombia “medios orgánicos de los paramilitares y del Establecimiento”? La respuesta al interrogante es un contundente sí.  

El cuestionamiento de la Silla Vacía deviene con una inocultable carga moral que vicia la discusión de fondo que no se propone en el mencionado artículo por obvias razones: Juanita León se presenta como una periodista objetiva que dirige un medio que interesado en analizar e informar.  Eso sí, el señalamiento aporta a los procesos de estigmatización de los que son víctimas todos aquellos pensadores, periodistas y académicos de izquierda o liberales cuyos artículos fueron reproducidos por los señalados portales. Aunque la Silla Vacía advierte “que eso no significa que todas las personas que hayan publicado en esos medios tuvieran vínculos con la guerrilla”, al declararlos como “orgánicos de las Farc-Ep”, de inmediato los lectores establecen una relación de por lo menos simpatía con el proyecto político de las Farc-Ep y lo que es peor, con sus actividades criminales.  

En el marco de un conflicto armado interno como el que soporta el país de tiempo atrás, los periodistas suelen quedar comprometidos e incluso impelidos o sometidos a variables contextuales que les ofrecen la “oportunidad” de desnudar sus simpatías ideológicas con los dos proyectos políticos enfrentados: el de las guerrillas, en este caso el de las entonces Farc-Ep y el de los paramilitares, atado institucional y moralmente a los intereses de las élites que los patrocinaron y convirtieron en un complejo fenómeno sociocultural, político y económico.

No se puede negar que hay periodistas que miraron y cubrieron con simpatías las operaciones de las Farc-Ep, e incluso, dejaron ver cierta admiración hacia los miembros del Secretariado de las Farc. De la misma manera hubo y hay reporteros que se escondieron y se esconden aún detrás de la aplicación de los “protocolos” o criterios periodísticos para tratar de ocultar su total obsecuencia a los discursos de los políticos, empresarios, paras y militares cuando estos, en calidad de “fuentes legítimas”, salieron a defender sus propios intereses, es decir, los asociados al mantenimiento del Establecimiento colombiano. Unos y otros aportaron de manera directa o indirecta a los procesos de heroización de los combatientes, legales e ilegales, en medio de las atrocidades perpetradas: masacres, desplazamiento forzado y ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos).

Para ser justos, las audiencias deben de saber que en un escenario complejo como el que rodea la historia política del país hubo “medios orgánicos de las Farc-Ep” y de otras guerrillas; así como hay empresas mediáticas y reporteros “orgánicos del Establecimiento”, en particular con los sectores que apoyaron a las fuerzas paramilitares.  

Hacer periodismo bajo las condiciones irregulares de un conflicto armado interno es quizás el desafío ético-político más grande al que se deben enfrentar los periodistas. Hacer creer que solo hay medios orgánicos que defienden o defendieron a las Farc-Ep, hace parte del juego moralizante en el que cae la Silla Vacía. Por todo lo anterior, no creo en la “objetividad periodística”. Eso sí, hay que apostarle a la rigurosidad. Los mayores enemigos de este último valor son los combatientes, legales e ilegales, y por supuesto los más visibles agentes económicos y políticos de lo que se conoce como el Establecimiento colombiano.

Hay medios y periodistas que apoyan denodadamente a poderosos actores económicos y políticos que además de justificar e incluso alentar el levantamiento armado de las guerrillas, llevan años impidiendo que el país alcance un desarrollo económico y un bienestar colectivo. Hablo de banqueros, los Señores de la Guerra y líderes gremiales que con posturas económicas ortodoxas y mezquinas le apostaron a precarizar la vida de los asalariados. 

Adenda: los portales Agencia de Prensa Rural y Rebelión reprodujeron varios artículos de autoría de quien firma esta reflexión. Jamás sentí simpatía alguna por las Farc-Ep y mucho menos admiración por sus jefes. El camino de las armas jamás fue una opción válida. 

ABELARDO, ABERNEO O AVERNO

  Por Germán Ayala Osorio   El ejercicio de proscripción de la laicidad del Estado que dirigió el presidente electo en su ya comentado “...