Mostrando las entradas para la consulta conflicto armado interno ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta conflicto armado interno ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de octubre de 2026

LO QUE SIGUE DESPUÉS DE ACABAR CON LA JEP

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Acabar con la JEP ha sido el anhelo de la derecha colombiana que directa o indirectamente tiene responsabilidades en la degradación moral de las fuerzas militares y en general de las dinámicas del conflicto armado interno. El expresidente Uribe sigue siendo el más enconado enemigo de ese tribunal de paz porque a partir de los testimonios de los militares comparecientes se consolidó la narrativa que indica o sugiere que le cabe a él una responsabilidad política en la ocurrencia de los crímenes de lesa humanidad (falsos positivos) cometidos por militares que seguían las directrices de su política de seguridad democrática.

Con el anunciado recorte a las finanzas que permiten la operación de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), De la Espriella “releva” a Uribe en su pretensión de acabar con el alto tribunal apoyado en el mismo falaz argumento de recuperar la imagen y defender los derechos de los “patriotas” que no cometieron crímenes, sino errores o pequeñas extralimitaciones en sus funciones. En particular los soldados que asesinaron a civiles desarmados lo hicieron porque, como dijo el general Montoya Uribe, eran de “estratos 1 y 2 y por su ignorancia no supieron diferenciar entre bajas y resultados”.

La animadversión hacia la justicia transicional representada en la JEP y la incomodidad político-militar de sus hallazgos partió del proceso de paz de La Habana, espacio de negociación política entre los plenipotenciarios del gobierno y las FARC-Ep en el que emergió la idea de crear esa jurisdicción para procesar a los combatientes, legales e ilegales, que participaron de las hostilidades y violaron los derechos humanos y el DIH. Los que votaron No en el plebiscito por la paz de 2016 dejaron claro que las penas alternativas (sanciones morales) que recibirían los criminales de las Farc-Ep les resultaban insultantes para el grueso de la sociedad.

Eso sí, las sanciones morales que también recibirían los militares comprometidos en la comisión de graves violaciones a los derechos humanos les resultaban menos ofensivas en la medida que eso de los “falsos positivos” hacía parte de la falsa narrativa promovida por defensores de derechos humanos y enemigos de Uribe, todos cercanos a las guerrillas. En el 2021 la senadora uribista María Fernanda Cabal dijo que “eso enferma la izquierda porque necesitan crear una narrativa que destruya el honor de la fuerza pública, por eso se inventan 6.402 falsos positivos. pero el presidente de la JEP no pública la lista para demostrarle que es falso. ¡Publique la lista, no deshonre más a los hombres que perdieron sus ojos sus piernas y su vida por este país!”

Por estos días el expresidente Santos y el entonces jefe de la delegación de paz en La Habana, Humberto de la Calle Lombana se refirieron a la decisión política del gobierno de Abelardo de la Espriella de ahogar económicamente a la JEP. Llama la atención que, en su defensa del tribunal de justicia transicional, el expresidente criticara las “demoras” en las investigaciones y expedición de sentencias por parte de los magistrados de la JEP y el segundo hablara de “errores”.

De la Calle afirmó a varios medios que “ha utilizado demasiado tiempo para tomar decisiones y se ha llenado de procedimientos que no corresponden a su carácter transicional”. Humberto de la Calle y el expresidente Santos comparten ese mismo diagnóstico, pero insisten en que la JEP no debe ni puede eliminarse. Además, están de acuerdo en que el periodo de ese tribunal de paz no debe extenderse en el tiempo. Lo contrario piensa el expresidente Petro, quien en su cuenta de X afirmó que “la JEP debe recuperar las facultades derivadas del acuerdo de paz: debe ser el máximo tribunal de la verdad del conflicto y los terceros deben ser parte de su investigación e intervenir”.

La degradación del conflicto armado y la conversión de los actores armados ilegales en estructuras mafiosas (narcotraficantes) son suficientes factores para extender en el tiempo la operación de la JEP, con miras a probar que la producción y tráfico de cocaína, la minería legal e ilegal, la extorsión y el comercio de armas están conectados con agentes económicos y políticos que deben quedar expuestos ante la opinión pública. Y el mejor lugar para lograr ese objetivo es la JEP. El país necesita que ese tribunal abra un mega caso sobre los Señores de la Guerra. Muy seguramente se trata de terceros civiles muy poderosos que deberían de comparecer ante la JEP. 

Volvamos a lo dicho por Santos y De la Calle. Frente a la arremetida política del actual gobierno y el uso político-militar del virtual ahogamiento del alto tribunal de paz, lo expresado por Santos y De la Calle resulta a todas luces inconveniente porque legitima la pretensión presidencial de acabar con la JEP. 

Hay una diferencia entre Uribe y De la Espriella en lo que tiene que ver con la verdad que la JEP ya ha venido construyendo alrededor de lo ocurrido durante el conflicto armado interno, en particular en lo que toca al trabajo coordinado entre militares y paramilitares. Al expresidente Uribe le interesaba exclusivamente salvar su imagen, ya bastante comprometida por los crímenes y excesos que dejó la aplicación a rajatabla de su política de seguridad democrática; mientras que De la Espriella le está apuntando a ganarse un lugar dentro del espectro castrense, en particular ser reconocido como un verdadero patriota por quienes son partidarios de la línea dura (tropera), que incluye la extensión y aplicación sin miramientos de la doctrina del enemigo interno a gente de izquierda, progresistas, liberales, intelectuales, defensores del ambiente y los derechos humanos, así como contra académicos críticos del militarismo que representa De la Espriella.

El saludo militar, portar un arma al cinto y su permanente grito de guerra, firme por la Patria, hacen parte del proyecto de cerrar la JEP, que va de la mano de la intención ya manifiesta de consolidar en el país un régimen de terror que supere con creces lo sufrido y vivido durante los gobiernos de Turbay Ayala, Uribe Vélez y Duque Márquez. El referente político y moral es el gobierno de Nayib Bukele. El silencio de las altas cortes frente a la disminución del presupuesto a la JEP y las amenazas de Abelardo a los jueces que con sus fallos se opongan a la fumigación de cultivos de uso ilícito; la presión del presidente de la República para sacar de la ANDI a Burce Mac Master, la censura contra dos periodistas de Blu radio, y la consecuente autocensura asumida por los grandes medios, ponerle límites a la protesta social y varias iniciativas que caminan en el Congreso como pasar a la Justicia Militar los procesos que lleva la JEP, van ambientando lo que sería la “bukelización” del país. Ya no se escucha el “ajúa”, pero se oye con enorme simpatía en los sectores más fanáticos, tanáticos y religiosos, que ¡viva Cristo Rey!



miércoles, 23 de septiembre de 2026

LA NATURALEZA DE LOS "PAROS ARMADOS"

 





Por Germán Ayala Osorio

 

Los “paros armados” que ordenan los grupos criminales organizados y los ataques a batallones o estaciones de Policía no siempre obedecen a retaliaciones por operativos militares o a simples demostraciones de fuerza. Hay casos que obedecen a expresiones claras de gobernanzas armadas. A manera de hipótesis señalo que en ocasiones las arremetidas de las estructuras narcoparamilitares o narcoguerrilleras se explican por incumplimientos de pactos políticos establecidos con agentes estatales, sean estos civiles o uniformados.

La hipótesis planteada tiene sentido y arraigo en las realidades que ofrece la degradación moral de todos los actores armados que participan de las hostilidades y que son responsables de las dinámicas político-militares que dan vida a lo que se conoce, ampulosamente, como conflicto armado interno. Ejemplo de esa podredumbre al interior de entidades del Estado es el registro de casos de oficiales y suboficiales del Ejército que les venden armas al “enemigo”. Y el más emblemático de casos que dan cuenta de esa putrefacción militar es el de las ejecuciones extrajudiciales, llamados por la prensa “falsos positivos”.

He venido sosteniendo en varias columnas que los problemas de orden público ya no pueden ser comprendidos en ese marco simbólico, institucional y político. Es tiempo de repensar esa categoría de conflicto armado interno porque después del proceso de paz de La Habana, la naturaleza mafiosa, criminal, prepolítica y desideologizada que hoy define a esas estructuras armadas por fuera de la ley impide mantener ese pomposo nombre.

De ahí que los esfuerzos por pacificar el país a través de procesos de paz o con acciones propias de la guerra total planteada por el gobierno  del presidente-pastor terminen en fracasos por la dimensión de la corrupción en la que estarían atrapadas unidades policiales, militares, empresarios del campo y otros agentes civiles (políticos) que  sucumbieron ante el poder desestabilizador de las millonarias ganancias que entregan la minería, el contrabando, el tráfico de armas, así como la producción y comercialización de la cocaína. El negocio de las armas es otro factor que juega a favor de la imposibilidad de consolidar la anhelada paz, así sea por las buenas o por las malas. El decomiso del fusil Barret calibre 50 BMG (“Light Fifty") de fabricación estadounidense que le incautaron a los mafiosos de camuflado que se hacen llamar Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada es la prueba de que el tráfico de armas es un negocio tan lucrativo como el de la cocaína. ¿Cómo llegó esa poderosa arma a Colombia? ¿Quiénes son los War Lord, nacionales y extranjeros, que se benefician de la guerra en Colombia?

Hay un elemento sociocultural que también hay que tener en cuenta: las violentas identidades masculinas de los jefes paramilitares y narcoguerrilleros que seducen a cientos de jóvenes que sueñan con obtener poder y plata, factores que potencian las masculinidades de esos adolescentes que crecen en entornos en los que sí o sí, y a como dé lugar, se tiene que demostrar que se es un hombre, un macho. Con plata y armas llegan las mujeres, seducidas o reclutadas de manera forzada, para satisfacer a los machitos.

Así las cosas, los ya probados diálogos de paz, con largas e improductivas conversaciones en mesas de diálogo, terminan sirviéndoles a esas estructuras criminales para recuperar heridos, afianzar procesos internos de adoctrinamiento, actividades de reclutamiento de niñas y niños; y la clausura de negocios y consolidación de las sempiternas relaciones con agentes del Establecimiento local y regional en los territorios en los que operan y son legítimos a pesar de la condición de ilegalidad que exhiben.

Por lo anterior, la puesta en escena protagonizada por el presidente-actor en Santa Marta, sitiada por los paracos de la Sierra Nevada sirve para ocultar una realidad aún más compleja que la ya ofrece el “paro armado” decretado en la turística ciudad costera. El “patrullaje” de Abelardo de la Espriella Otero, con un arma al cinto- al parecer traumática-, por algunas calles de Santa Marta deja ver a un presidente que está cumpliendo su sueño infantil de jugar a la guerra y de eliminar a los “malos”. De la Espriella no conoce la historia del conflicto armado y mucho menos el proceso histórico de la degradación moral de los ejércitos legales e ilegales que participan de las hostilidades. El presidente es miope. Presentarse con una pistola al cinto lo deslegitima como agente civil y lo convierte en el hazmerreír de una sociedad cansada de ver machitos armados en las calles.

Cuando seamos capaces de sincerarnos en el país alrededor de la degradación moral de todos los agentes que participan de manera directa o indirecta de las hostilidades, entonces podremos creer que la solución es la guerra total planteada por De la Espriella o abrir nuevamente y por última vez unos procesos de paz que le aseguren al Estado el control absoluto del territorio nacional. No hacerlo nos llevará a seguir velando civiles y uniformados; y viendo al presidente desfilar por entre cadáveres por otros 50 años más.





lunes, 7 de septiembre de 2026

EXCORONEL PLAZAS VEGA A JUICIO



Por Germán Ayala Osorio

 

El asesinato del magistrado Carlos Horacio Urán Rojas a manos de miembros del Ejército Nacional vuelve a recordarles a los colombianos los hechos del holocausto del Palacio de Justicia ocurridos hace 40 años. De acuerdo con la familia del togado, la responsabilidad de la muerte recae en el entonces coronel Alfonso Plazas Vega, comandante operativo de la retoma del Palacio de Justicia.

Urán Rojas habría salido vivo de las instalaciones, de acuerdo con análisis que se hicieron de las imágenes de televisión que registraron las salidas del personal civil. Lo llamativo del caso es que el cuerpo del togado fue encontrado al interior del Palacio de Justicia, con un tiro de gracia que salió de una pistola 9 milímetros. En por lo menos dos ocasiones la Fiscalía colombiana desestimó esa versión, asegurando que Urán jamás salió de las instalaciones y que su muerte se produjo en su interior.

El entonces coronel de Caballería, Plazas Vega fue procesado y condenado, pero luego absuelto por la Corte Suprema de Justicia en lo que concierne a la suerte que corrió la vida del magistrado Urán Rojas. Sin embargo, la familia demandó al alto oficial ante la justicia norteamericana pues el exmilitar se fue a vivir a Miami. El proceso judicial (civil) está por iniciar la etapa de juicio en contra de Plazas Vega. Está previsto el inicio de esa etapa procesal para el 8 de septiembre. Plazas Vega está demandado por tortura y el asesinato del magistrado. “En 2022, las hijas del magistrado Urán –Xiomara, Mairée y Helena Urán Bidegain– presentaron una demanda ante la jurisdicción estadounidense contra el coronel Luis Alfonso Plazas Vega, quien reside en el estado de Florida. Ellas están representadas por el Centro para la Justicia y la Rendición de Cuentas (CJA), una organización que denuncia jurídicamente casos de tortura y crímenes de guerra en todo el mundo”.

El llamado a juicio en sí mismo resulta relevante, pero lo es más la reacción del presidente Abelardo de la Espriella Otero, quien ordenó a su canciller Omar Bula y a la embajadora de Colombia en los Estados Unidos, Consuelo Araújo acompañar al excoronel y acoger su defensa como agente estatal y héroe de la patria. De la Espriella le dijo a la prensa que “el coronel Plazas Vega es un héroe de la patria. La Corte Suprema de Justicia lo declaró inocente, después de una persecución infame y mentirosa que duró años”.

Al asumir el caso como un “asunto de Estado”, De la Espriella se alinea con una concepción militarista del Estado que, de acuerdo con el balance final que dejó la retoma del Palacio de Justicia, resulta inmoral por el sacrificio de las vidas de los civiles que quedaron en medio del fuego cruzado entre militares y guerrilleros del M-19. Además, lo hace en un momento histórico definitivo para él como comandante supremo de las Fuerzas Armadas, para el Estado y el viejo establecimiento. Aunque su saludo militar se lee en ocasiones como una burla o pantomima, su alineamiento ideológico, institucional y político con las mesnadas castrenses debilita el carácter civil del jefe del Estado, lo que lo acerca a la posibilidad de terminar gobernando vestido de verde oliva como ocurrió con Nicolás Maduro Moros y hasta el propio Fidel Castro Ruz.

Su más reciente aparición en público, desfilando entre bolsas blancas en cuyo interior estaban los cadáveres de 23 terroristas “dados de baja”, da cuenta de su decisión consciente de transformarse en un militar más. Daniel Coronell, en su columna Farsa macabra, lo define como un actor que sigue un libreto. Para aquella ocasión en la que se pavoneó sobre los despojos mortales de los terroristas abatidos, Coronell dijo que llegó “caracterizado con pantalones tácticos entubados, camisa verde oliva entallada, botas y walkie-talkie en mano”.

Se trate o no de una actuación o del cumplimiento de un guion predeterminado, la alineación sin asomo de crítica a los uniformados que en el presente y en el futuro reciban el encargo de defender la patria pone a la dignidad presidencial en riesgo de perder su condición civil para aceptar sin ambages el espíritu, las lógicas y las dinámicas militares en un país que arrastra una historia de violaciones a los DDHH y al DIH ordenadas desde batallones y legitimadas por presidentes de la República cuestionados por ejecuciones extrajudiciales, torturas y desapariciones forzadas.

La retoma del Palacio de Justicia por parte de los militares partió de un afán de venganza de los uniformados contra el M-19, estructura armada ilegal que con golpes mediáticos como el robo de las cinco mil armas del cantón norte de Bogotá y la extracción de la espada de Bolívar, entre otros golpes, terminó ridiculizando a los miembros del Ejército.

La operación militar emprendida para recuperar a sangre y fuego el edificio, asaltado a tiros por una célula del M-19, le permitió al entonces coronel de Caballería, Alfonso Plazas Vega justificar el operativo diciendo la frase “aquí, defendiendo la democracia maestro”. El militar en ese estresante momento y ante una prensa ávida de conocer qué estaba pasando al interior del Palacio de Justicia, redujo la democracia a la recuperación de un edificio. Desde una perspectiva simbólica, la frase tiene sentido, pero desde lo conceptual, la misma expresión deviene con una fuerte carga reduccionista en la medida en que jamás estuvo en riesgo la institucionalidad y mucho menos el control de los tres poderes públicos. Quienes por más de 24 horas rompieron la jerarquía y la responsabilidad del mando fueron los militares que prácticamente sacaron de la ecuación al presidente Belisario Betancur Cuartas.

La legitimidad del Estado y el uso de la violencia o de la fuerza no puede asumirse como una patente de corso para debilitar la democracia y mucho menos violar derechos y libertades. La degradación del conflicto armado interno y de los actores armados, legales e ilegales, comprometidos, exige del jefe del Estado ecuanimidad y sindéresis al momento de examinar las actuaciones de los militares durante las ofensivas en contra de las organizaciones criminales. Posar o actuar como un militar más no es un detalle menor en una sociedad que desde el plebiscito por la Paz evidencia una fuerte fractura social, política e ideológica que terminó dividiendo al país entre “buenos” y “malos”. No vaya a ser que, De la Espriella, frente a un hecho parecido al del holocausto del Palacio de Justicia termine diciéndole a la prensa “aquí, defendiendo el Estado gendarme, maestro”.

 

jueves, 3 de septiembre de 2026

MÁS ALLÁ DEL TÉTRICO DESFILE DE LA MUERTE



Por Germán Ayala Osorio

 

La burda, obscena, tétrica, sombría, lúgubre y macabra escena en la que se ve desfilando al jefe del Estado entre 23 cadáveres entalegados en bolsas blancas hace parte de la narrativa oficial en la que el culto a la muerte deviene sistémico y naturalizado por la prensa amiga del gobierno: no solo se desprecia la vida de los terroristas asesinados convertidos en trofeos en proceso de autólisis, incluidos tres menores de edad, sino que se desecha el valor ético-estético de la biodiversidad.

El gobierno de la Patria Milagro bombardea campamentos y el presidente de la República celebra alborozado el resultado operacional, hasta el punto de ordenar que le organicen el perfomance fúnebre con el que se naturaliza el discurso de la muerte. Nadie en el gobierno y muy seguramente muy pocos ambientalistas y ecólogos se preguntarán por los efectos ecológicos y ambientales que dejan los bombardeos en espesas zonas selváticas en las que suelen camuflarse los criminales. Ni siquiera el ministro de la cartera ambiental se muestra interesado en evaluar los daños y mucho menos le pasa por la cabeza proponer actividades de restauración del ecosistema afectado por el bombardeo.

Antes de la desagradable escena, se anunciaba el desmonte de medidas de protección ambiental que sobre el páramo de Santurbán dejó el gobierno anterior. Van presurosos por el oro. A las multinacionales comprometidas no les interesa el agua y la vida. No. De la mano del gobierno de Abelardo de la Espriella están listas para someter ese estratégico ecosistema natural a las lógicas de la economía de enclave. Oro por agua es la consigna corporativa. Corporaciones como Anglo Gold Ashanti y Aris Mining, cuyo socio mayoritario es cercano al presidente colombiano, fungen como depredadores culminales, al igual que el tigre. De ahí que el desajuste identitario que exhibe el presidente al identificarse con el enorme felino se explica porque al igual que el fiero animal, De la Espriella se siente un depredador, en lo ambiental o un destripador, en el ámbito del combate ideológico y militar.

En ese proceso de consolidación del discurso de la muerte el siguiente paso es meterle mano a la consulta previa, lo que no es otra cosa que limitar los derechos de las comunidades que se verán afectadas por obras de infraestructura a desarrollarse en sus territorios ancestrales. El vocero presidencial, Miller Soto, explicó a El Espectador que “la propuesta es que la licencia ambiental y la consulta previa puedan avanzar de manera paralela y autónoma, mientras la autoridad ambiental estudia los efectos ambientales de un proyecto. Al final, la consulta previa deja de ser un requisito que impida iniciar, evaluar o decidir sobre un proyecto en específico”.

Así entonces, ver desfilando- sin alfombra roja- al presidente-pastor entre los despojos mortales de los terroristas dados de baja hace parte del discurso de la muerte que inspira a la Patria Milagro, y que trasciende las dinámicas del conflicto armado interno. Aniquilar al histórico “enemigo interno” y extraer las riquezas que Dios en su sabiduría depositó entre páramos, selvas y cadenas montañosas del país de la belleza son acciones que deben ir acompasadas. No importa que las comunidades y los estetas del medio ambiente sientan los rigores de la solastalgia. Al fin y al cabo, sacarlos a todos de la ecuación hace parte de la anunciada “batalla cultural” en la que sobresalen el pensamiento único, el disciplinamiento ideológico y la persecución moral de todos los que se opongan al desarrollo extractivo, a la ganadería extensiva y a la extensión del modelo de la gran plantación.

Acabar con la diversidad cultural y la biodiversidad hacen parte sustantiva del proyecto político que orienta el pastor-presidente quien, guiado por su Dios, está dispuesto a todo con tal de no desobedecer las órdenes de su deidad. Por eso, él y sus áulicos gritan, ¡Viva Cristo Rey!





martes, 25 de agosto de 2026

EL VOTO MILITAR, OTRA VEZ

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Cada cierto tiempo la derecha militarista colombiana vuelve a proponer que los militares puedan votar, es decir, que puedan deliberar y meterse de lleno, con las armas en las manos, en los debates públicos y privados en torno a candidaturas presidenciales.

En el pasado, desde el Partido de la U- en el 2018- y el Centro Democrático- en el 2020, alborotaron el avispero con el espinoso asunto que le apunta a modificar la Constitución, en particular el artículo 219 que señala que “la fuerza pública no es deliberante; no podrá reunirse sino por orden de autoridad legítima, ni dirigir peticiones, excepto sobre asuntos que se relacionen con el servicio y la moralidad del respectivo cuerpo y con arreglo a la ley. Los miembros de la fuerza pública no podrán ejercer la función del sufragio mientras permanezcan en servicio activo, ni intervenir en actividades o debates de partidos o movimientos políticos”.

Ahora, en el 2026, la propuesta sale de las manos aún camufladas del senador Germán Rodríguez (Salvación Nacional), mayor retirado de la Infantería de Marina, quien presentó el proyecto de ley con el ya señalado objetivo. La iniciativa legislativa requerirá de un largo y arduo trámite legislativo. Más allá de lo que pueda o no suceder al interior del Congreso, la propuesta cobra mayor relevancia -y peligro- en estos momentos en los que el gobierno de Abelardo de la Espriella Otero lidera el Proyecto de Regeneración Ideológica y Social (PRIS) que ya empezó con la anunciada “batalla cultural” que muy seguramente apelará al uso de la fuerza oficial para disciplinar a los agentes sociales (civiles) que se opongan a las nuevas condiciones que se impondrán en el contexto del PRIS: el retorno a la familia tradicional, educación confesional en todos los colegios, vigilancia y control de lo que se dice en las redes sociales y formación académica universitaria alejada de la dimensión humanística, del pensamiento crítico y sistémico.

Detengámonos un momento para recordar a Martha Nussbaum y lo consignado en su libro Sin fines de lucro, por qué la democracia necesita de las humanidades. Mientras que la autora establece una maravillosa conexión entre educación y democracia, la “batalla cultural” (religiosa) que ya libra el actual gobierno apunta a anular esa conexión en aras de imponer el relato bíblico como verdad absoluta y con éste la obediencia a ciegas a lo que Dios les ordene hacer a militares, policías y al gobierno del pastor-presidente.

“Se están produciendo cambios drásticos en aquello que las sociedades democráticas enseñan a sus jóvenes, pero se trata de cambios que aún no se sometieron a un análisis profundo. Sedientos de dinero, los estados nacionales y sus sistemas de educación están descartando sin advertirlo ciertas aptitudes que son necesarias para mantener viva a la democracia. Si esta tendencia se prolonga, las naciones de todo el mundo en breve producirán generaciones enteras de máquinas utilitarias, en lugar de ciudadanos cabales con la capacidad de pensar por sí mismos, poseer una mirada crítica sobre las tradiciones y comprender la importancia de los logros y los sufrimientos ajenos. El futuro de la democracia a escala mundial pende de un hilo”. Sigamos.

Permitir que los militares deliberen y voten constituye un riesgo para la democracia y en particular para el pensamiento liberal, divergente, para la civilidad, el progresismo, y la izquierda; así como para las víctimas de los crímenes de Estado (Falsos positivos), defensores de los derechos humanos y de la paz como camino para ponerle fin al degradado conflicto armado interno y a los objetores de conciencia. El fenómeno paramilitar no pudo haberse consolidado y extendido en el tiempo y por los territorios del país sin la doctrina del enemigo interno que los gobiernos de Turbay Ayala, Uribe Vélez, Santos Calderón y Duque ampliaron su aplicación a específicas comunidades que las fuerzas militares y organismos de inteligencia estatal asociaron con la operación de las guerrillas: gente de izquierda, mamertos, músicos, profesores, investigadores sociales y ambientalistas.

Así las cosas, la pretensión del senador Rodríguez llega en el peor momento para la República y en el mejor para el régimen de mano dura que apenas está tomando vuelo en el gobierno del pastor-presidente Abelardo de la Espriella Otero. Ya el país sufrió en el pasado las acciones de los Chulavitas. No vaya a ser que por cuenta de la participación en política de policías y militares broten de las guarniciones y escuelas de Policía los “Abelardistas”, policía moral que a sangre y fuero patrullarían calles y campos para someter a quienes se opongan a las acciones de reconversión religiosa, persecución a impíos, homosexuales progresistas, agentes liberales, tatuados, mechudos y miembros de la población LGTBIQ+, ambientalistas y opositores a la minería y al fracking, entre otros, considerados como ciudadanos incómodos para el régimen proto teocrático que en ciernes le apunta a disciplinar a millones de colombianos que perdieron el rumbo, es decir, que se salieron del rebaño.


sábado, 22 de agosto de 2026

COLOMBIA A LA ESPERA DE UNA ESTADISTA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Cada cuatro años los colombianos votan por dos o más opciones presidenciales; unos lo hacen con la esperanza de ver por fin el inicio de una transformación del país, lo que no es otra cosa que la superación del ethos mafioso[1] que guía la vida de los hijos de la élite y la de los vástagos de eso que llaman las comunidades subalternas. Y por supuesto, esa anhelada transformación incluye el progreso y el bienestar de todos los hijos e hijas de este territorio sin que ello se traduzca en daños ecológicos y ambientales irreparables sobre ecosistemas estratégicos y frágiles y en general del paisaje que nos lleve a sufrir de solastalgia.

Otros asisten a las urnas obligados por sus patronos (políticos y empresarios), por la promesa de un contrato millonario, un puesto de trabajo, una ayuda a manera de subsidio o el arreglo de un par de calles y la construcción de un parque o una capilla. En Colombia, el rico, el de clase media y el pobre venden o negocian su voto, cada uno de acuerdo con sus capacidades para intercambiar o negociar el sufragio.

Por supuesto que están quienes sufragan por convicciones políticas e ideológicas y otros tantos, por odio hacia el partido, el presidente saliente y la línea política del gobernante que termina el mandato. Al final, los colombianos no votan por un proyecto colectivo porque nadie lo lidera: lo hacen por micro proyectos familiares e individuales. Quizás ahí radiquen los problemas que arrastramos para consolidar una nación grande.

Los elegidos mediante la democracia electoral-la única que realmente funciona en el país- no suelen llegar con el perfil o vocación de estadistas que tanto se reclama en sectores societales, en particular los mejor formados e informados. Para Ortega y Gasset, un estadista o, un hombre o mujer de Estado, debe tener virtudes magnánimas como la honradez, la verdad y los escrúpulos.

Propongo este perfil de estadista para estos tiempos de sobre exposición egocéntrica en redes sociales, el empobrecimiento del pensamiento crítico y la naturalización de la ignorancia y la estupidez en amplias capas de la sociedad como una manera válida de estar en el mundo y participar de la vida pública del país. Una forma de huir al esfuerzo de comprender las complejidades de una condición humana que transita hacia estadios de deshumanización o posthumanismo por cuenta de la llegada de la IA y la robótica y por supuesto por la persecución étnico-identitaria-cultural que emprendieron Estados Unidos e Israel contra latinos y el pueblo palestino. Sobre este pueblo, el sionista ejército israelí emprendió una feroz persecución genocida con el objetivo de borrar física y culturalmente toda expresión de vida en Gaza.  

Un estadista, hombre o mujer, debe conocer muy bien la historia y los problemas que arrastramos como sociedad. Debe ser capaz, a través de un discurso fluido, soportado en el dominio de categorías y el pensamiento sistémico, de confrontar a todos los agentes que, de acuerdo con hechos probados, vienen dificultando o se oponen a la superación de las taras civilizatorias que nos impiden avanzar hacia estadios de modernidad. Un estadista no insiste en provocar enfrentamientos entre clases sociales, sino que le apuesta a superar o minimizar el clasismo, el racismo y la aporofobia, tres de las taras civilizatorias que arrastramos como nación.  

Debe ser carismático, cercano a los más necesitados, comprensivo de las lógicas y los intereses de los más favorecidos, incluida la clase media. A todos los debe convocar para construir un proyecto de país incluyente que supere las diferencias de clase fundadas en la incapacidad compartida de apostarle a la construcción de una mejor sociedad. Además de lo anterior, una mujer o un hombre con vocación de estadista debe ser civilista y defensor a ultranza de los derechos civiles y las libertades ciudadanas, lo que implica no ser y mucho menos mostrarse proclive a legitimar el uso de las armas oficiales contra los civiles o el pueblo, como tampoco mostrar simpatías por grupos armados ilegales que en el pasado se levantaron contra el Estado y cometieron crímenes de lesa humanidad. Ni saludar como militar, ni mostrar nostalgia por un violento pasado revolucionario que dejó víctimas y deshumanizó la lucha armada en el contexto de un conflicto armado interno que se degradó. El uso de las armas no se puede romantizar, así a través de estas se hayan logrado algunos débiles cambios en las correlaciones de fuerza. Por lo menos el viejo Establecimiento sigue en pie. 

Si es un hombre, ese estadista de estos tiempos de sobre exposición mediática debe saber lidiar con esos sectores de la sociedad que aún siguen atados a la tradición machista y la defensa del sistema patriarcal. De ahí que debe ser capaz de controlar las ínfulas de macho cabrío que terminan por deslegitimarlo como persona, como hombre y jefe de un Estado con una historia inocultable de ser violador de niñas, niños, adolescentes y mujeres. La vida privada de ese mandatario con vocación de estadista debe cuidarse de tal manera que no sea posible que circulen rumores de haber violado mujeres y de llevar una vida licenciosa. No se trata de moralismos, sino de dar ejemplo a una sociedad en la que hay periodistas y ciudadanos del común que disfrutan de los chismes en los que se exponen la cachondez de unos y otros. Y peor aún, una sociedad que aún sigue viendo a la mujer como un objeto sexual de consumo o un territorio en disputa.

Si es mujer, esa estadista de estos tiempos en los que con mucha dificultad se intenta erosionar el poder del sistema patriarcal y la cultura machista, debe actuar con mayor inteligencia frente a las reacciones de los hombres que, con o sin poder político y económico, insistirán en que la mujer no está en capacidad de asumir el control de un Estado y de una sociedad que históricamente despreció a las mujeres y las redujo a cumplir los roles de reproductoras, amas de casa o adornos institucionales. Sin caer en los extremismos de un feminismo mal concebido, la mujer estadista debe saber escoger los mejores hombres y mujeres para consolidar equipos de gobierno capaces de trabajar bajo condiciones de armonía, desechando cualquier forma de dominación y violencia alimentadas por consideraciones de género. Hablo de mujeres con vocación de estadistas porque fueron capaces de tomar distancia del sistema patriarcal en las que fueron criadas. Jamás tendrán esa vocación aquellas defensoras a ultranza del machismo. 

Y, por último, un estadista hombre no debería de ser vanidoso, arrogante, pro-militarista y fanfarrón. No puede ser negacionista del cambio climático y mucho menos actuar como un vendepatria. La gente quiere ser gobernada por un líder con pensamiento sistémico y crítico, y con las virtudes magnánimas de las que habló Ortega y Gasset y otras que se requieran para enfrentar las complejidades de un país y de un mundo que transitan inexorablemente hacia escenarios de acidia y fanatismo religioso; cargados de individuos nefarios que se instalan estratégicamente en lugares y puestos de poder.

Eso sí, ese anhelado estadista, mujer o hombre, no podrá emerger de una sociedad como la colombiana que arrastra protuberantes taras civilizatorias que hacen pensar en que estamos ad-portas de fracasar como colectivo. Hasta tanto no se dé una transformación o una revolución cultural, los colombianos seguirán votando por hombres que no les interesa gobernar como estadistas sino como verdaderos íncubos, enaltecidos por grupos sociales cuyos demonios los hacen proclives a odiar al diferente, al que no comparte sus mismas características estéticas: hombres y mujeres “blancos”, bonitos, elegantes y con el efecto Macbeth a flor de piel. Y votarán por mujeres con ansias de gobernar, pero que son víctimas del machismo que en la política opera con eficiencia y efectividad.

En cuatro años nos veremos nuevamente en las urnas para seguir por las mismas. Pasará a la historia de los no estadistas que gobernaron a Colombia el payaso siniestro que, como un perfumado fierabrás, va camino a reversar lo hecho en favor de los menos favorecidos por quien pudo ser un gran estadista, pero que sucumbió a las nostalgias de su pasado revolucionario, a las presiones de quienes llevaban años defendiendo el ethos mafioso y a la cachondez propia de los hombres que saben que se acercan al declive de esa vieja masculinidad dominante. Ya es tiempo de ver gobernar a una mujer estadista en esta patria en la que las mujeres sobreviven de milagro. 



[1][1] Conjunto de prácticas y actitudes concebidas para violar los derechos de los demás, para beneficio propio o de un grupo reducido. En ese ethos confluyen la corrupción, el lavado de dinero, el robo al erario; las mordidas a las autoridades para evitar una multa, conseguir un permiso oficial o acelerar una gestión ante una autoridad. 

sábado, 15 de agosto de 2026

TERREMOTO, SOLDADOS ISRAELÍES Y EL PRIS

 


Por Germán Ayala Osorio

En medio de la tragedia humanitaria que dejó el terremoto del 10 de agosto y que  se extenderá por varios años, el gobierno de Abelardo de la Espriella va entregando pistas y dando muestras de lo que será el Proceso de Regeneración Ideológica y Social (PRIS) al que someterá a una gran parte de la sociedad colombiana que cree legitimo defender los derechos humanos y libertades democráticas, en particular los de la población más vulnerable y por supuesto los de la Naturaleza, reconocidos a través de fallos de la Corte Constitucional.

Durante la campaña, la posesión presidencial y la elección de sus ministros, Abelardo de la Espriella fue dejando ver la peligrosa e inconveniente coherencia de sus símbolos asociados a la doctrina neoliberal, al conservadurismo y a la eliminación de la laicidad del Estado. Todo lo anterior atado a la entrega de los intereses de la Nación a las tareas de dominación e injerencia en América Latina de los Estados Unidos e Israel. Su ridículo saludo militar, la amenaza de “destripar a la izquierda”, haber declarado al “petrismo y a los petristas como enemigos de la patria” y confirmar que habrá “fracking a lo que marque” consolidan la imagen de un presidente dispuesto a todo con tal de debilitar los procesos de conciencia social y ambiental, y el comunitarismo que durante cuatro años adelantó el gobierno Petro.

El alineamiento y sumisión a los Estados Unidos e Israel se expresan en por lo menos tres decisiones: la primera, la inclusión de Colombia en la estrategia Escudo de las Américas con la que Donald Trump entra a ejercer control y soberanía sobre los países en los que haya narcotráfico y amenazas terroristas. El secretario de Guerra Pete Hegseth informó que De la Espriella autorizó “operaciones militares conjuntas”, lo que no es otra cosa que la reedición de la intervención americana en las dinámicas del degradado conflicto armado interno. Ahora se llama Plan Patriota 2.0. En el pasado, Plan Colombia. El país recordará que, durante la aplicación del Plan Colombia, hubo presencia de militares y exmilitares gringos (contratistas) en territorio colombiano. Y no se puede olvidar que dicha política pública transnacional fue aprobada en el Congreso norteamericano, mientras que el legislativo colombiano se guardó hermético silencio. Ni siquiera se discutió.

La segunda decisión tiene que ver con la llegada de exmilitares israelíes supuestamente para ayudar en operaciones de rescate de personas atrapadas en las edificaciones que colapsaron en Cali. De acuerdo con versiones que circulan en las redes sociales, los uniformados no participaron de esas actividades en los escombros del edificio Vanessa en el sur de la capital del Valle del Cauca. Llegaron, se tomaron fotos, subieron videos y se montaron en camionetas de alta gama con sus uniformes limpios.  Otras versiones indican lo contario: que sí ayudaron a sacar gente sepultada bajo los escombros. Lo cierto es que la llegada de los uniformados generó todo tipo de suspicacias en la ciudad, fruto del ambiente de odio que se naturalizó durante la campaña electoral. En medio de esas prevenciones salen estas preguntas: ¿A qué vinieron realmente? ¿Acaso desplegarán actividades de inteligencia y acoso de líderes sociales y políticos asociados a la izquierda y al progresismo? El vocero de ese grupo de exmilitares israelíes es el capitán Roni Kaplan, quien en su cuenta de X se presenta como CEO- Conexión Israel y Huellas del Cielo, asesor- Min. Exteriores de Israel, Partner- Aurora Israel, Portavoz (res.)- Fuerzas de Defensa de Israel. ¿Acaso le están abonando el camino al Mosad? ¿O vienen a dejar instalados los protocolos de los Bloques de Seguridad Urbana que prometió el presidente?

Y la tercera, la restauración de las relaciones diplomáticas, políticas y comerciales con el Estado de Israel, rotas por el entonces presidente Petro a raíz del genocidio en Gaza perpetrado por el ejército sionista. El reconocimiento que hizo el Estado colombiano de la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán hace parte de la estrategia diplomática de Colombia de echar para atrás las acciones que en el marco del multilateralismo emprendió el gobierno de Gustavo Petro. La intención de hacer parte de la Nueva Ruta de la Seda y el establecimiento de relaciones con el mundo árabe no son bien vistas en la Casa Blanca, lo que obligará a De la Espriella a actuar en consecuencia.

El escenario catastrófico que deja el terremoto facilitará las acciones y decisiones que en adelante seguirá adoptando De la Espriella para consolidar lo que aquí en esta columna llamo Proceso de Regeneración Ideológica y Social (PRIS). Cuenta con las empresas mediáticas tradicionales, varias iglesias, los gremios económicos y el concurso de las fuerzas armadas que haciendo gala de su total sumisión al poder civil, ejecutarán las órdenes que les dé su comandante supremo. El PRIS tiene como antesala y guía discursiva local expresiones como “se callan o los callamos”; y en el ámbito internacional, la feroz persecución de ICE contra los latinos y por supuesto la eliminación del pueblo palestino por parte de Israel, el “pueblo elegido”. El PRIS se inspira en ese tipo de actividades de limpieza étnica y por supuesto en el racismo, el clasismo, el arribismo y la aporofobia, las históricas taras civilizatorias sobre las que la derecha consolidó su hegemonía y el poder.

miércoles, 12 de agosto de 2026

LAS MASCOTAS: VÍCTIMAS INVISIBLES DEL TERREMOTO

 




Por Germán Ayala Osorio

 

En medio de semejante tragedia que enluta al país, hablemos de las “adorables víctimas invisibles” del terremoto: las mascotas, los ‘hijos’ peludos, o simplemente animales de compañía. He visto el rescate de varios gatos y perros. A los bomberos, eternas gracias por salvar estas vidas y por supuesto, las de cientos de mujeres y hombres atrapados entre los escombros.

La historia de Lenny Ruiz Fernández es quizás el más hermoso, pero a la vez trágico ejemplo de conexión entre los animales humanos y los no humanos. La joven abogada protegió con su cuerpo a Salomón, su perro. Al final, el peludo sobrevivió, pero su cuidadora, no. Lugar de la tragedia: Cali. Paz en la tumba de Lenny y eterna vida para Salomón, quien debería de convertirse en un símbolo con el que sea reconocida y valorada social, psíquica y culturalmente esa simbiosis entre seres sintientes y pensantes.

Leí en la red social X un trino de una persona a la que le parecía una exageración dar la vida por un animal doméstico o de compañía, insinuando que jamás podría equipararse la importancia de animales humanos y no humanos. La discusión que plantea el usuario de la red X está anclada a su visión de la vida centrada exclusivamente en la exaltación, defensa y priorización de los seres humanos por encima de otras formas de vida. Olvida que nosotros también somos animales y que quizás lo único que nos diferencia de aquellas preciosas criaturas es que somos creadores de cultura, con todo lo que ello significa.

En dicho comentario hay una profunda y evidente subvaloración de la vida de los peludos. Es tiempo de pasar de ese antropocentrismo al biocentrismo, esto es, a la defensa de toda forma de vida, en particular cuando existe esa simbiosis como la que acompañó las vidas de Salomón y Lenny. O en específico, demos la relevancia a la antrozoología, “ciencia relativamente nueva que se encarga del estudio de las relaciones entre los seres humanos y los animales, especialmente aquellos más domesticados. También se encarga de mejorar las condiciones de los animales y cómo ellos pueden beneficiarnos a nosotros”.

Lo curioso es que, en este tipo de tragedias, los perros prestan el maravilloso servicio de búsqueda de personas atrapadas. Con su maravilloso olfato, dan pistas a los rescatistas del lugar en donde hay una vida humana comprometida. ¿Cuántos de los rescatados con la ayuda de los caninos no despreciaron o criticaron antes de la tragedia la tenencia de animales?


Quienes compartimos la vida con estos animales no humanos, comprendemos que esas conexiones que establecemos con ellos van más allá de las explicaciones y valoraciones que se puedan hacer a través de las palabras y los usos particulares de la lengua. Es posible que hayamos dedicado mucho tiempo a humanizarnos tratando de huir nuestra condición animal. Hacemos parte de la Naturaleza, y como ellos, estamos en el mismo cuento de llevar la mejor vida posible y de sobrevivir en medio de las hostilidades creadas y recreadas por nosotros como especie dominante y las lógicas y dinámicas de un planeta que todo el tiempo nos está hablando.

Resulta por lo menos llamativo que como seres pensantes no seamos capaces de sentir empatía por quienes ofrecen compañía y en muchos casos, equilibrio emocional. Ellos que, alejados de los dobleces que acompañan los discursos y las palabras que usamos a diario, agradecen a su manera el cariño, el amor y el respeto que les podamos brindar. Hacen parte de la familia, son un miembro más. Punto.

Sea este el momento para recordar a mis “hijos peludos” que andan por ahí en otra dimensión vigilando mis movimientos: Simón, Yuca, Yuco y Pasquino, inolvidables. Y también para insistirle en que se legisle para sacarlos de las dinámicas del conflicto armado interno. El país muy seguramente ya se olvidó de Sanson, Lester, Telmo y Wilson. En esta Tribuna jamás los olvidaré. Y también hay que sacarlos de las actividades de vigilancia.

Para aquellas familias que perdieron uno o varios miembros, mi más sentido pésame. Por supuesto que ello incluye a los “hijos” peludos.

martes, 21 de julio de 2026

PLAN PATRIOTA 2.0: SE VIENE LA GUERRA TOTAL


 Por Germán Ayala Osorio

 

Con la complaciente y acrítica mirada de la prensa hegemónica se anuncia desde las huestes abelardistas la puesta en marcha del Plan Patriota 2.0, programa de cooperación e intervención militar de los Estados Unidos en las dinámicas del conflicto armado interno de Colombia, reducido nuevamente a una amenaza terrorista, atada al Escudo de las Américas, estrategia de Donald Trumo que acogió de manera temprana De la Espriella.

El país recordará que en el Plan de Desarrollo del gobierno Pastrana se incluyó un capítulo llamado Plan Colombia. En aquella oportunidad, el hijo de Misael Pastrana Borrero viajó a los Estados Unidos para reunirse con el presidente Bill Clinton a quien le presentó ese capítulo con la solicitud expresa de apoyar la paz. 

Pastrana propuso una relación Paz/Guerra con una distribución de los recursos de un 80% para la primera y de un 20% para la segunda. Clinton le cambió la relación. Lo demás fue simple: el Plan Colombia fue aprobado en el Congreso americano y aplicado en el país sin ser discutido y admitido en el legislativo colombiano. La lucha contra las narcoguerrillas de entonces no obedecía y no obedece hoy tampoco a “…una lucha antidrogas de profunda base ética y moral, sino, también, un ajuste de cuentas entre grupos económicos del mundo desarrollado, pues de la comercialización de la cocaína hay sectores que han levantado un verdadero imperio y que, en medio de las reglas del sistema capitalista, han resuelto que la materia prima sea adquirida en el mundo subdesarrollado alto andino…”[1].

Los resultados militares del Plan Colombia aparecieron durante las administraciones de Uribe y Santos: las Farc-Ep se vieron obligadas a replegarse en los más recóndito de las selvas, sus procedimientos y actividades logísticas resultaron fuertemente golpeadas y varios miembros del Secretariado de esa guerrilla cayeron abatidos.  Al final, optaron por firmar el armisticio y someterse a las condiciones de la justicia transicional (restaurativa) en el marco del proceso de paz de La Habana.  

Los efectos negativos en la agricultura, en estratégicos ecosistemas naturales y en los proyectos de vida comunitaria en las zonas de influencia de las operaciones militares fueron evidentes. El desplazamiento forzado por la vía de la violencia paramilitar y los combates terminó beneficiando a terratenientes, narcotraficantes, políticos y ganaderos que se quedaron con millones de hectáreas de tierra abandonadas. La acumulación por desposesión aportó al crecimiento de la concentración de la tierra en pocas manos.

Durante el gobierno Uribe, ese Plan Colombia fue “nacionalizado” con el nombre de Plan Patriota. De la mano de la Política de Defensa y Seguridad Democrática, dicho plan se ejecutó bajo las mismas dinámicas y objetivos trazados para el plan matriz llamado Plan Colombia.

Ahora, con la llegada al poder del primer presidente therian, el país regresa a las intervenciones político-militares de los Estados Unidos, lo que supone la naturalización de la injerencia gringa en los asuntos internos y el devenir del país con dos factores nuevos: el primero, que como jefe de Estado está De la Espriella, ciudadano colombo norteamericano que juró defender los intereses de USA, lo que se traduce en la entrega casi absoluta de la soberanía estatal a lo que desee hacer con ella el gobierno Trump; y el segundo, la puesta en marcha a nivel latinoamericano del Escudo de las Américas, iniciativa hemisférica con la que Donald Trump busca controlar política y económicamente a la región, lo que no es otra cosa que la proscripción de cualquier actividad que en el marco del multilateralismo deseen emprender los gobiernos que ya hacen parte del Escudo de las Américas. Y por supuesto, insistir en la fracasada lucha antidrogas como una forma de mantener las condiciones del fructífero negocio y el control que sobre sus ganancias ejercen la banca multilateral y la institucionalidad diseñada en cada país para insistir en una guerra que beneficia a banqueros y a los miembros de la clase política que transa con narcos que cuentan con la bendición para operar.

Así las cosas, con la puesta en marcha del Plan Patriota 2.0, la política de seguridad y defensa que el gobierno de Abelardo de la Espriella quiera diseñar e implementar queda tempranamente sujeta a los designios del plan de intervención político-militar de los Estados Unidos. Ojalá la bancada del Pacto Histórico, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría General de la Nación, en particular sus divisiones ambientales y el Ministerio del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible hagan el control político correspondiente, pues lo más probable es que los efectos negativos que dejaron el Plan Colombia y el Plan Patriota de Uribe se repetirán. Está por empezar la Guerra Total que prometió el therian en campaña. ¡Firmes por la Guerra! 






El ministro de Defensa designado de Colombia, Jorge Eduardo Mora, junto a Joseph Humire, representante del gobierno de Donald Trump para asuntos de seguridad hemisférica. Foto: @jmhumire





miércoles, 8 de julio de 2026

SIGAMOS HABLANDO DE LA SELECCIÓN

 




James Rodríguez no anotó goles en el Mundial 2026. Foto: Getty Images / Getty Images


Por Germán Ayala Osorio

 

La eliminación de la Selección del Mundial de Fútbol es una inmejorable oportunidad para discernir alrededor de varios asuntos que rodean la vida social, política y cultural de los jugadores y del resto de la sociedad colombiana.  La actuación del equipo nacional es asumida por la prensa hegemónica, patrocinadores y aficionados como una suerte de válvula de escape a los problemas que arrastramos como sociedad o en el peor de los casos como fuente de poderosos opioides capaces de alivianar los dolores del alma de una sociedad infeliz que necesita con urgencia ese tipo de satisfacciones deportivas convertidas en un anhelo de la gran masa.

Propongo los siguientes enunciados categoriales para dar cuenta de ese discernimiento conectado como dije a esas tres variables de la vida societal en ese país llamado Colombia. El primer enunciado categorial lo llamo Heroización masculina. El segundo, Felicidad al debe; el tercero Identidad televisada y el cuarto, El Fútbol, el inmoral morfínico.

Heroización masculina. El fútbol, como el mundo entero, deviene, básicamente, masculino y masculinizante. De ahí el fervor, la pasión y las múltiples violencias que confluyen y se originan de su práctica callejera y por supuesto las que agencia la FIFA, organización que fija las reglas, inclusive aquellas que convirtieron a los jugadores en “esclavos millonarios” que se venden al mejor postor. Los presidentes de la FIFA son hombres; la dirigencia del fútbol colombiano es patriarcal. Baste con recordar el violento episodio protagonizado por su presidente Ramón Jesurún durante la pasada Copa América para entender de qué tipo de masculinidades estamos hablando.

Quizás por las dinámicas del conflicto armado interno la sociedad colombiana es muy dada a echar a andar, con el concurso de las empresas mediáticas, procesos de heroización de militares, paramilitares y guerrilleros, actores armados que habiendo violado los derechos humanos y desatendido las obligaciones morales del DIH son asumidos como “héroes” por sus simpatizantes. Lo mismo pasa con los jugadores de la Selección de Mayores: cuando ganan partidos u obtienen clasificaciones la prensa los eleva a la condición de “Héroes”. Les dicen “guerreros” y hasta les dan las gracias por haber competido, esto es, por haber cumplido con actividades propias del trabajo que desempeñan como futbolistas. El tratamiento con las mujeres de los seleccionados femeninos no es el mismo. Poco o nada se habla de “heroínas”. Las llaman “niñas” y les alcanza a algunos periodistas deportivos para llamarlas “guerreras o súper poderosas”, en un evidente esfuerzo por ocultar el machismo y la misoginia que genera el sistema patriarcal.

Felicidad al debe. Son millones de colombianos que aún insisten en depositar la obligación individual de alcanzar la felicidad en 11 jugadores que ya tienen resuelta su vida económica y por lo tanto son felices o aparentan serlo, en contraste con aquellos que se endeudan, empeñan joyas y apuestan hasta lo que no tienen con tal de acompañar a la “Sele”. Varios registros noticiosos dieron cuenta de esa realidad social y económica de cientos de aficionados que resolvieron viajar, con limitaciones, a México, Canadá y Estados Unidos exclusivamente para estar en los estadios animando a la Selección, vestidos con la camiseta amarilla. Son fanáticos a los que urge dejar salir todo tipo de frustraciones y por esa vía insistir y auto validar la práctica social de situar como responsables de ser felices a los integrantes del seleccionado nacional. A otros les parece genial tener el costoso y sufrido recuerdo de haber estado en un estadio viendo, desde lejanas tribunas, a sus ídolos. Otros tantos también lo hacen para presumir en sus redes sociales que son felices.

Identidad televisada. Los medios de información (insisten en llamarlos de comunicación) cumplen la función social y política de distraer a la gran masa necesitada de eventos masivos como el Mundial de Fútbol.  El objetivo más importante de las empresas mediáticas está atado a la acción de inocular en las audiencias o en la fanaticada el amor por una identidad nacional en ciernes y que arrastra graves problemas para su consolidación. Se trata de verdaderas taras civilizatorias que los jugadores creen haber superado por la fama, el reconocimiento y la riqueza alcanzadas, pero que todos sabemos que están ahí presentes.

Esa identidad televisada es falsa o por lo menos fantasmal en la medida en que el periodismo y la mágica cajita construyen realidades. Para el caso de la “identidad nacional” se chocan todo el tiempo con las taras civilizatorias, la vergüenza de ser colombiano y la insistencia de millones de colombianos de desconocer e incluso de maldecir los procesos de mestizaje de los que son “víctimas”. Esa identidad televisada es tan discutible como la identidad del fútbol colombiano. No hemos podido construir una identidad nacional basada en principios republicanos. Buscamos de manera desesperada la aceptación universal de eso de ser colombiano, alejados o buscando ocultar que como colectivo no hemos aprendido lo más básico: respetar al Otro y en particular cuando celebramos las siempre morales victorias que la “Sele” alcanzó en su historia.

Y por último está El Fútbol, el inmoral morfínico. Como deporte espectáculo el fútbol atrae, distrae, confunde y apasiona por su estética, por el gol, entendido por Eduardo Galeano como un “orgasmo”. El “orgasmo del fútbol” dijo el escritor uruguayo. La FIFA, poco a poco, en un proceso lento, pero seguro, le ha ido quitando la magia, hasta convertirlo en un grotesco espectáculo en el que confluyen mafiosos, lavadores de dinero y apostadores dispuestos a todo. Galeano dijo que “la historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí».

Eso sí, mantiene su poder morfínico en un mundo que necesita de este tipo de escenarios proto nirvánicos en los que se liberan rabias y frustraciones. Las barras bravas sí que saben de eso. Quizás por ser tan inmoral hoy el fútbol que regenta Infantino y la FIFA de tiempo atrás es que mantiene el mismo número de fanáticos e incluso van llegando niños, los nuevos fogosos que poco o nada les interesará conocer de dónde viene tanta inmoralidad.

Una periodista en la cuenta de X preguntaba qué le falta a la Selección para alcanzar la gloria. Me aventuré a responder lo siguiente: No es posible cambiar la mentalidad del jugador colombiano mientras siga pensando en que lo único importante es conseguir plata, comprar autos y llenarse de lujos. Se necesita un cambio cultural. "Destraquetizar" los gustos de los jugadores. Humildad y conciencia de clase. Examinar procesos de formación- si acaso existen- y el seguimiento a jugadores desde las inferiores. El técnico de la Selección "absoluta" debe ser proclive a darle oportunidad a jóvenes sub17. Debe pensar, por indicaciones de directivos, en el relevo generacional. Y por supuesto, hay que exigir un cambio en la dirigencia de la Federación, por una razón: son las mujeres, el fútbol femenino, las que están logrando los títulos que los falsos “héroes” jamás ganaron.

jueves, 25 de junio de 2026

DE LA ESPRIELLA: “PERSONAS ILEGALES” TIENEN UN MES PARA SOMETERSE A LA JUSTICIA

 



Foto: EFE - Mauricio Dueñas Castañeda


Por Germán Ayala Osorio

 

Durante la ceremonia de reconocimiento institucional y entrega de la credencial que lo acredita como presidente electo, Abelardo de la Espriella Otero intentó, nuevamente, bajar la tensión y los miedos que genera el carácter pendenciero que sedujo a millones de colombianos que al final lo votaron porque ofreció lo que otros también ofrecieron en el pasado: bala, bala y más bala.

Es evidente que, en las huestes del progresismo, del periodismo independiente, académicos y pensadores libres y de la izquierda democrática, hay miedo por eventuales retaliaciones y el uso de la inteligencia militar y policial para perseguir, intimidar, estigmatizar, “destripar” y desaparecer a críticos y detractores.

El terror que se siente en redes sociales y en conversaciones privadas hace pensar a quienes temen lo peor, que a partir del 7 de agosto se iniciará en Colombia una cacería de brujas muy parecida a la que vivieron esos mismos sectores en los gobiernos de Turbay Ayala y Uribe Vélez con la aplicación a rajatabla del Estatuto de Seguridad y la Seguridad Democrática, dos políticas oficiales que fueron en sus tiempos la patente de corso para que desde el Estado se violaran los derechos humanos. Baste con recordar a los que sufrieron torturas en unidades castrenses durante la administración de Julio César Turbay Ayala y los 7.837 jóvenes asesinados por miembros del Ejército que monetizaron sus vidas para entender la aprensión y el recelo con el que cientos de miles de ciudadanos asumen la llegada de Abelardo de la Espriella a la jefatura del Estado.

En su intervención, el Alejandro Magno[1] criollo, mandó un mensaje claro a los ilegales. Sin precisar si se refería a los grupos armados ilegales (ELN, Disidencias farianas y Clan del Golfo), De la Espriella conminó “a esas personas que intimidan al pueblo mediante el caos y la violencia. A esas personas que están al margen de la ley, un mensaje. Disponen de un mes para entrar en razón y organizar. Disponen de un mes para organizar su sometimiento al estado de derecho[2]”.

¿Por qué no habló de “grupos terroristas, narcoterroristas o bandidos” el presidente electo? Quizás estemos ante una estrategia discursiva de nuevo cuño con la que el cuasi inquilino de la Casa de Nariño (¿o de Nari?) desconoce a esos grupos como organizaciones criminales y por esa vía la naturaleza política que reclaman de tiempo atrás. En su exhortación y amenaza, De la Espriella Otero evita reconocer a comandantes y líderes de esos grupos al margen de la ley que, dedicados a los negocios del narcotráfico, la extorsión y la minería, erosionaron y deslegitimaron la categoría Conflicto Armado Interno con la que la academia y organismos internacionales llaman a lo sucede en Colombia por las disímiles violencias generadas en selvas y campos.  

La expresión “personas ilegales” me hizo recordar dos frases: la primera, en Colombia no hay conflicto armado, sino amenaza terrorista (Uribe) y la segunda, en el país no hay desplazados, hay migrantes (José Obdulio Gaviria, primo hermano del criminal Pablo Escobar Gaviria). Armando Montenegro los llamó “migrantes voluntarios”. Es posible pensar, entonces, que en Colombia no hay conflicto armado interno y mucho menos organizaciones terroristas, sino “personas ilegales”. Vaya manera de minimizar una problemática social, económica y política que lleva manifestándose más de 50 años.

De acuerdo con el emplazamiento a esas “personas ilegales”, el 7 de septiembre de 2026 habría paz en Colombia sin necesidad de procesos de paz, ofrecimientos de garantías como la no extradición, ceses del fuego y órdenes de captura, así como la concentración en espacios territoriales como sucedió con los Paramilitares en Santafé de Ralito y con guerrillas en la zona del Caguán, entre otras zonas de despeje temporal.

Ya el país vivió algo parecido una vez resultó electo Gustavo Petro. Esto dijo: “A los tres meses de ser presidente se acaba el ELN”. Por supuesto que esa promesa no se cumplió lo que derivó en críticas, cuestionamientos y hasta risas en los sectores de la derecha.

El 8 de septiembre sabremos si la exhortación de Abelardo “Magno” de la Espriella caló en aquellas personas ilegales a las que invitó a someterse a la justicia. De no concretarse dicha entrega sin condiciones al Estado, el recién posesionado presidente de la República estará abocado a elegir entre dos caminos: el de la negociación política, sin gabelas, con los grupos terroristas o el de confrontación militar sin tregua y con resultados ya conocidos: desplazamiento de millones de campesinos, afectaciones ecológicas en ecosistemas frágiles y la llegada de terratenientes y políticos a las zonas rojas a comprarle a precios irrisorios la tierra a los campesinos que huyen de los enfrentamientos o simplemente a tomar posesión de las fincas de los hacía rato las abandonaron.



[1] En su disertación, el histriónico presidente electo calificó la campaña que lo llevó al triunfo electoral y político como una gesta cercana a las de Alejandro Magno. Durante cuatro años criticaron a Petro por sus constantes alusiones al libertador Simón Bolívar.

[2] “No habrá ofertas generosas ni concesiones inaceptables como las que recibieron del régimen que está llegando a su fin. La convivencia del actual gobierno con el crimen organizado es asqueante y vergonzoso. En la era del Tigre se acabó. La ley, y solo el imperio de la ley”

lunes, 22 de junio de 2026

CATARSIS



Foto: Colprensa. 

Por
Germán Ayala Osorio

 

Después de escuchar el primer discurso de Abelardo de la Espriella Otero desde la Barranquilla del clan Char que apoyó su campaña, bien vale la pena hacer catarsis como corresponde: exponiendo las circunstancias, los actores y errores cometidos durante cuatro años del gobierno progresista y por supuesto los de la campaña presidencial de Iván Cepeda Castro.

Agrupo esas circunstancias, actores y errores en los siguientes temas: 1. El papel de los medios masivos y las redes sociales. 2. La paz y la guerra. 3. La injerencia gringa. 4. Los errores de Petro. 5. Cepeda, el filósofo.

Inicio con el papel de los medios masivos. Como sucedió años atrás con el entonces Mesías de El Ubérrimo, y más adelante con Rodoldo Hernández, De la Espriella Otero es un fenómeno mediático y de las redes sociales. Es una invención mediática y como toda ilusión y fantasía, con el pasar del tiempo se irá desvaneciendo por la fragilidad de los elementos que la soportan. Basta con ver la felicidad de los periodistas de Noticias Caracol con el resultado electoral para entender que su falta de rigurosidad e independencia coadyuvó a la victoria del histriónico y ladino personaje.

Eran tanta la dicha, que no sabían si declararlo presidente electo o esperar los escrutinios ante una victoria apretada. Luego, volvieron a usar el vocablo outsider y a llamar “empresario” al abogado que defendió en el pasado a los jefes paramilitares. ¿Se atreverán los medios masivos hegemónicos a esculcarle la vida privada y pública a De la Espriella como lo hicieron con la del presidente Petro?

En lo que toca a las redes sociales, estas cloacas fueron determinantes para que cientos de miles de jóvenes engrillados a la banalidad, la estupidez, al entretenimiento y al vaciamiento conceptual que producen y se reproducen en Instagram y TikTok se gozaran como niños los mensajes publicitarios de la campaña de Abelardo, convertido en un “tigre”. El espíritu therian del candidato de la ultraderecha caló no solo en aquellos muchachos que como De la Espriella se identifican con animales, sino en los demás que acogieron la imagen del gran felino como la excusa perfecta para no tener que examinar y mucho menos confrontarse frente al origen político y la personalidad infantil, fatua y antidemocrática de Abelardo de la Espriella. Las redes sociales y el fútbol son los más efectivos distractores sociales: suelen sacar de sus pesadas realidades a millones de ciudadanos agobiados por sus rutinas.  Dejar de pensar es el resultado final y se suele actuar en consecuencia.

2. La paz y la guerra. El origen de la cacareada polarización política está en esa dualidad que, durante el proceso de paz de La Habana y el plebiscito por la paz, dividió a la sociedad entre Buenos y Malos. Los primeros, los que estaban con la guerra; y los segundos, los que abogan por una solución pacífica al “conflicto armado interno”. No hay forma de superar esa división social, política, moral y ética. A Buenos y Malos los separa un abismo insondable. Abelardo ancló en ese abismo su amenaza de “destripar a la izquierda”. Quizás venga un Plan Colombia II como lo prometió en campaña De la Espriella. Ese es el escenario soñado por los Señores de la Guerra, nacionales e internacionales, que disfrutan imaginar las selvas y campos quemados y arrasados por cuenta de una guerra declarada contra el campesinado y la Naturaleza.

3. La injerencia gringa. Abelardo de la Espriella dijo que habló con Donald Trump horas después de conocido el resultado electoral. Esa llamada y la bendición del pederasta y convicto presidente de los Estados Unidos son elementos moralmente superiores al reconocimiento institucional de su condición de presidente electo. No se necesita que el Consejo Nacional Electoral lo declare como tal.

Trump domina Venezuela, Ecuador, Chile y Argentina. Le faltaba Colombia. De esa manera podrá ejecutar sus planes de intervención para expoliar los recursos naturales y ejercer el control político sobre los presidentes de cada país, vistos por Trump y Rubio como verdaderos lacayos.

4. Los errores de Petro. El manejo de las redes sociales y el que le dio a su vida privada les facilitaron la tarea a las empresas mediáticas a las que solo les tocó esperar a que el presidente diera “papaya”. Y la dio y la sirvió en "julianas".  En ese momento y durante todos los días lo fustigaron, hasta consolidar la narrativa que indicaba que era “un borracho, drogadicto, homosexual; un enfermo incurable que jamás debió llegar a la presidencia de la República”. Su espíritu indómito, contestatario y “revolucionario” resultó inaceptable para esos sectores societales que jamás le perdonaron haber hecho parte del M-19. Su condición de exguerrillero fue el punto de quiebre moral con el que la oposición, con la ayuda de los medios tradicionales, edificaron la aborrecible figura de un político que jamás debió ser indultado por el Estado.

Sus peleas con los gringos asustaron e incomodaron a empresarios y políticos colombianos que valoran más tener la visa americana, que gozar de la soberanía, asumida por ellos como una invención de los “mamertos”. Mientras puedan viajar a los parques de Disney a ver muñequitos cada año les es suficiente a estos lacayos. Ahora podrán gozar de los rugidos de un tigre. Solo falta que desde la Casa de Nariño se apoye un emprendimiento consistente en la fabricación y venta de tigres de peluche. De esa forma se confirmaría la “muñequización” de la política.

5. Cepeda, el filósofo. En este punto hay que iniciar por reconocer que De la Espriella Otero tenía razón cuando dijo que él “no sacrificaría su familia por un país como este que no agradece nada; un país de desagradecidos, desleales y cafres”. Y sí, Colombia es un país de cafres, desagradecidos y desleales a juzgar por aquellos cientos de miles de pobres que, en lugar de votar por el candidato progresista, lo hicieron por De la Espriella, un consumado aporofóbico. Presos de la hegemonía cultural, de la ignorancia, algo de estupidez y ausencia de conciencia de clase, millones de pobres votaron por el “Tigre”. Nunca un gobierno como el de Petro reivindicó los derechos de los más vulnerables. Ahí están los efectos de los media.

Cepeda fue un gran candidato presidencial: decente, formado, inteligente, leído y formado en la discusión argumentada de hechos y realidades políticas y sociales. Si comparamos su perfil con el de Abelardo de la Espriella entenderemos que hay gente en el país que aún prefiere a los machitos que gritan, vociferan y caen todo el tiempo en los lugares comunes en los que se sostiene la ignorancia de millones de pobres que votaron por el “felino”.

Que se preparen Camilo Romero, Carolina Corcho e incluso el propio Daniel Quintero. En caso de aspirar dentro de cuatro años a ocupar la Casa de Nariño, deben comprender que los discursos elevados no gustan en sectores societales en los que prima la bobada, la pendejada, la banalización. Allí están las redes sociales. Les tocará buscar, como lo hizo tardíamente Cepeda, a influencers y youtubers, prueba irrefutable de que hay cientos de miles de jóvenes que no quieren “rollos académicos” y reflexiones profundas. Quieren mensajes cortos, efectistas, con música estridente. Que les hablen como reguetoneros, como therian. La Política, en mayúscula, desapareció.  Hoy quieren ver a políticos vestidos de payasos, que bailen, se dejen caer; que jueguen con un balón y sobre todo, que les muevan las emociones más primarias como lo supo hacer el Tigre de papel. 

SOFÍA MAC MASTER HABLÓ SIN EUFEMISMOS

Por Germán Ayala Osorio   La renuncia del presidente de la ANDI, Bruce Mac Master, por presiones directas de Abelardo Gabriel de la Esp...