Por Germán Ayala Osorio
En el marco de un debate entre
los nueve precandidatos presidenciales de la Gran Consulta de la derecha, uno
de los periodistas que moderaba el encuentro les preguntó si reconocen como genocidio
lo ocurrido en Gaza. El exalcalde de Bogotá y vendedor de buses, Enrique Peñalosa,
el exministro Juan Carlos Pinzón, el hijo de Luis Carlos Galán, Juan Manuel
Galán, el exministro de Hacienda y consagrado neoliberal, Mauricio Cárdenas, la
periodista-periodista, Vicky Dávila, Paloma Valencia, quien propuso dividir el
Cauca entre indígenas y mestizos y el manzanillo David Luna levantaron la paleta
del No; mientras que Juan Daniel Oviedo y Anibal Gaviria, hicieron lo propio
con la del Sí.
El No de los siete precandidatos
es una bofetada a los procesos civilizatorios y a la defensa de la vida. Negar
que lo acontecido en Gaza
obedece a un proceso de limpieza étnica y gentrificación
es propio de políticos en los que no es posible confiar la defensa de la vida
de comunidades indígenas, campesinas y afrocolombianas históricamente estigmatizadas,
perseguidas y excluidas por lecturas racistas y clasistas, las mismas que
acompañaron al ejército sionista al mando de Netanyahu en su objetivo de borrar
del mapa a los gazatíes considerados como un pueblo inconveniente, pobre,
bárbaro e impío, que debe ser aniquilado.
Las posturas negacionistas y
cobardes asumidas por Peñalosa, Valencia, Cárdenas, Dávila, Luna, Pinzón y Galán
los acercan a la ultraderecha, espectro ideológico en el que suelen ambientarse
y justificarse las prácticas genocidas acaecidas en la franja de Gaza. Insisto en que la
actitud negacionista de semejante barbarie de los siete precandidatos
presidenciales genera escozor y miedo. Ninguno merece llegar a la presidencia
de la República justamente porque en una sociedad clasista, racista,
homofóbica, transfóbica y misógina como la colombiana lo que debe hacer un jefe
del Estado es promover el respeto y la defensa de la vida de las minorías y
comunidades vistas históricamente en el país como inconvenientes, atrasadas,
vergonzantes y “desechables”.
Ojalá que los seguidores de los siete
negacionistas del genocidio en Gaza entiendan que la postura asumida resulta a
todas luces vergonzosa e inconveniente. Por un simple cálculo político Peñalosa,
Cárdenas, Dávila, Luna, Pinzón y Galán se acercaron al tenebroso espectro de la
ultraderecha nacional e internacional. No puede considerarse demócrata quien
defiende las atrocidades perpetradas por Israel y los Estados Unidos, con la
anuencia de varios países europeos, en contra del pueblo palestino.
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