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miércoles, 13 de mayo de 2026

COSTEÑOS, REMISOS Y EL “PENE GRANDE” DE ABELARDO DE LA ESPRIELLA

 



Por Germán Ayala Osorio

El machismo, la patanería y la misoginia de Abelardo de la Espriella me hizo recordar mi paso por el Ejército nacional como soldado bachiller. Su visible obsesión por demostrar que es un “macho que la tiene grande” me llevó a encontrar conexiones con aquello de “ser costeño”. Es tal su preocupación que puso en calzas prietas a una periodista a quien le compartió una fotografía en la que al parecer se le nota “el bulto”. Episodio que se hizo viral.

Perteneciente al 4to contingente de 1983, serví a la Patria en dos instalaciones militares: inicialmente y por cuatro meses, en el Batallón Juan José Rondón (La Guajira); y los restantes ocho meses en el Batallón de Servicios Número 2 (Baser 2) ubicado en la ciudad de Barranquilla.

Al oficial responsable del reclutamiento le pareció “interesante” revolver muchachos caleños (varios menores de edad, entre estos, yo) de clase media baja, con remisos costeños que ya eran padres de familia. Sus edades oscilaban entre los 24 y los 34 años. Muchos de aquellos venían de zonas como Cereté (Montería), María La Baja (Bolívar) y Tolú (Sucre), entre otros territorios de la costa Caribe. Se trataba de hombres “básicos”, con una empobrecida base cultural que los acercaba a comportamientos primitivos.

Por supuesto que en un ambiente militar el discurso machista afloraba con naturalidad. Entonces, apareció el tema de las relaciones amorosas con las burras que se le endilgan de tiempo atrás a los costeños de la costa Caribe. Nadie hablaba de zoofilia.  Y es en este punto en donde nos conectamos con el anuncio de Abelardo de la Espriella: “tengo un gran pene”, quiso gritar el aspirante a llegar al Solio de Bolívar en su asqueante encuentro con periodistas (hombres) del programa Piso 8, que validaron la patanería del candidato presidencial y permitieron que De la Espriella intimidara y violentara a la colega insistiéndole que bajara la mirada hasta el "bulto". 

Los reclutas remisos de aquella época se jactaban de lo mismo. No se trata de un determinismo regional (cultural) por aquello de ser costeños, pero llama la atención que a pesar de haber estudiado derecho y filosofía del derecho, De la Espriella se parece mucho a los premodernos y machistas hombres con los que compartí mi servicio militar.

En las reyertas discursivas entre caleños y costeños, en aquel hostil ambiente castrense de los años 80 apareció el asunto que hoy ocupa a feministas que rechazaron con vehemencia el comportamiento misógino y vulgar del perfumado abogado penalista: el tamaño de la verga, la mondá, pipí, pájaro o el pene, necesario para poder tener relaciones con “María casquitos” (es decir, las burras) y por supuesto para satisfacer a las mujeres. Los viejos remisos hablaban con orgullo de sus aventuras zoofílicas que los convertían en verdaderos sementales. ¿Será que Abelardo, el Gran Varón, es un semental?

Abelardo de la Espriella fue criado en Montería (Córdoba). Es decir, es “costeño” y habla como tal. Por ello resulta curioso que el candidato de la ultraderecha y del uribismo no hable de mondá, sino de pene. Habría que esperar una segunda entrevista con la periodista María Lucía Fernández para que la aplomada presentadora le pregunte si ha tenido relaciones con alguna representante del gremio de “María casquitos”. Huelga recordar que Fernández incomodó a alias “Papucho” en reciente diálogo en las instalaciones de Caracol Noticias cuando le recordó su tristemente célebre frase “la ética no tiene nada que ver con el derecho”.

Esa preocupación masculina por el tamaño del miembro viril está asociada al sistema patriarcal, a los miedos masculinos y al machismo derivado de una cultura dominante en la que la mujer suele ser vista como un objeto sexual pasivo y su cuerpo un territorio que puede ser conquistado, intervenido y sometido en cualquier momento. La publicidad sexista tiene algo o mucho de responsabilidad en las maneras como los colombianos nos representamos a la Mujer.

Dejemos atrás mi pasado como soldado y recordemos la frase del escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal cuando resultó electo gobernador del Valle del Cauca: “no voy a gobernar con el culo sino con la cabeza”, espetó el autor de Cóndores no entierran todos los días, ante las reacciones homofóbicas de sus detractores que vieron como inmoral que un declarado homosexual llegara al poder regional.

Si el escritor vallecaucano al parecer gobernó con la cabeza y no con el culo, es apenas lógico preguntarle a alias Papucho si en caso de llegar a la Casa de Nariño gobernará con su “enorme pene” o con la cabeza. Para el caso y a juzgar por sus discursos públicos al parecer el país no podrá esperar mucho de Abelardo de la Espriella en lo que respecta a la discusión sesuda de asuntos públicos. De la Espriella es igual de básico, vulgar, primitivo y premoderno a los remisos viejos a los que hago referencia en esta columna, los mismos que se jactaban de “haber comido” burras durante su adolescencia. Si aún viven, lo más probable es que griten “solo De la Espriella con esa mondá”.

Adenda: el presidente Petro, nacido en Ciénaga de Oro (Córdoba) dejó salir eso de “ser costeño o cordobés”: “No me interesa qué hizo el señor Trump en la cama. Ni le preguntaré. Ni a ningún periodista chismoso le debe interesar qué hago yo en la cama. Hago cosas muy buenas y pienso. Y nadie se olvidará de mí porque seré inolvidable ahí”.



EXTRADITAR A PETRO



Por Germán Ayala Osorio

La condición de expresidiario con la que cargará hasta sus últimos días el expresidente Álvaro Uribe Vélez es, además de una mácula más en su agitada y oscura vida política, una razón para que específicos agentes del Establecimiento le hayan apostado durante casi cuatro años a desestabilizar al gobierno Petro y atacarlo como persona: le han dicho borracho, consumidor de sustancias psicotrópicas y de llevar una vida privada licenciosa. Además, el lawfare seguirá operando hasta el 7 de agosto.

Una vez Petro abandone la Casa de Nariño, bien para que llegue a ésta Iván Cepeda, Paloma Valencia o Abelardo de la Espriella, será objetivo paramilitar, judicial y político para aquellos sectores de poder afectados por las decisiones adoptadas por el “exguerrillero comunista”. Más claro: buscarán abrirle un proceso penal y una eventual extradición a los Estados Unidos.

El jefe del Estado acaba de decirlo: "La paz de Colombia no es renunciable; están tratando de convertir los procesos de paz para que los colombianos no se maten entre sí como pruebas para meterme preso en Estados Unidos; pueden hacerlo, pero no voy a faltar a mi palabra de paz (…) Dialogar siempre es mejor que matar”.

Es posible que Petro exagere, fruto de la paranoia resultante de haberse atrevido a tocar a miembros de una élite parásita acostumbrados a hacer lo que les daba la gana con el Estado y a consolidar una relación de sometimiento a los intereses de los norteamericanos. La reciente solicitud que elevó a la Fiscalía de suspender órdenes de captura contra 29 integrantes del Clan del Golfo, grupo narco paramilitar y terrorista, podría servir para encausar al mandatario por “colaborar” con estructuras criminales al impedir la extradición, por ejemplo, de alias “Chiquito Malo”.

Aunque concentrar a los bandidos en una Zona de Ubicación Temporal para evitar que interfieran en la jornada electoral del 31 de mayo es un propósito político loable, las autoridades gringas, azuzadas por actores uribistas, lo pueden ver como una acción de nula colaboración judicial por la no extradición del criminal Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias “Chiquito Malo”. En cualquier caso, se trata de un error de cálculo electoral y político haber elevado semejante solicitud, por los cuestionamientos a la Paz Total, el deterioro del orden público, la sensación de miedo inoculada desde la prensa hegemónica cuya narrativa está atada a la reducción de los problemas del país al tema de la seguridad y la crisis del sistema de aseguramiento en salud. En ese punto, el gobierno Petro se equivocó.

A modo de venganza moral y política la institucionalidad judicial defensora de los intereses de la derecha uribizada buscará procesar a Petro una vez asuma la condición de expresidente de la República. De esa manera, el Establishment colombiano logrará vengarse de los efectos políticos que les produjo el procesamiento y la condena en primera instancia contra Álvaro Uribe, el más avezado y obsecuente de las fichas que vienen poniendo de tiempo atrás en la Casa de Nari, como llamó a la casa de gobierno el criminal alias Job.

Así registró la prensa la entrada del bandido a las instalaciones oficiales: “Las cámaras de seguridad de la Casa de Nariño dejaron registrada la tarde del miércoles 23 de abril de 2008, pasadas las 18:30, el ingreso por el área de sótanos de Antonio López, alias Job, asesor político de “don Berna” – Diego Fernando Murillo-, cabeza de la llamada oficina de Envigado, y de su abogado Diego Álvarez. Estaban allí para entrevistarse con el entonces secretario Jurídico de la presidente, Edmundo del Castillo, y con el jefe de prensa del presidente Uribe, César Mauricio Velásquez”.

Procesar y meter preso a Petro bien puede convertirse en un objetivo político para aquellos sectores de poder que harán todo lo que esté a su alcance para equiparar a Uribe con el hijo de Ciénaga de Oro. Por ahora, la condición de expresidiario es exclusiva del expresidente antioqueño, el político que más daño le hizo y le sigue haciendo a los colombianos.

martes, 12 de mayo de 2026

DE LA ESPRIELLA Y SU RIFIRRAFE CON PERIODISTA DE NOTICIAS CARACOL

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Que lo inmoral no sea ilegal es, sin duda alguna, el fundamento ético-político y jurídico en el que está soportado el ethos mafioso que millones de colombianos validaron en particular desde el 2002. Ese parece ser el cimiento filosófico que impulsa la vida pública y privada del candidato presidencial Abelardo de la Espriella en su rifirrafe con María Lucía Fernández (Malú), periodista de Noticias Caracol. Lo más probable es que ese sea el derrotero con el que gobernaría si resulta electo presidente de la República.

En el ya viral encontronazo con la periodista Abelardo de la Espriella dejó ver el verdadero talante con el que gobernaría en caso de que los colombianos cometan el grave error de votarlo. Amenazó con “dar de baja” a quienes protesten y cometan desmanes, además de recuperar a sangre y fuego los territorios en los que grupos de narcoguerrillas fungen como la autoridad forzadamente legítima, a pesar de su condición de ilegales. Todo indica que el propósito final de desplazar a millones de campesinos está en que una vez esas tierras sean abandonadas pasen a manos de terratenientes y mafiosos. Volvamos al choque con la periodista.

El abogado fue grosero con la presentadora que le recordó la frase “la ética no tiene nada que ver con el derecho”, sentencia que el penalista defendió con la verborrea propia de abogados que aprenden muy bien a separar los hechos y las acciones inmorales de la responsabilidad jurídica de las mismas. Mientras no se cometa un delito, las actuaciones inmorales se quedan para alimentar el ethos mafioso que la élite tradicional y millones de colombianos validaron.

Que le haya dicho “ignorante” y “venenosa” (malintencionada) a la periodista no deja ver el fondo del asunto: el país está ante el nuevo representante y gestor del “Todo Vale” que Uribe Vélez naturalizó en sus aciagos ocho años de gobierno. Lo dicho por el candidato de la ultraderecha se conecta política, ética y (In) moralmente con la recomendación que lanzó el entonces presidente Uribe: “Les pido a los congresistas que nos han apoyado, que mientras no estén en la cárcel, voten los proyectos del Gobierno.”  El sentido de la frase de Uribe es inmoral, pero jurídica y políticamente válida. Es allí en ese punto en el expresidente antioqueño se encuentra con De la Espriella, el candidato que realmente está apoyando.

Las actividades ilegales de aquellos congresistas iniciaron siendo inmorales y terminaron traspasando la frontera jurídica que De la Espriella traza y que deja el ver carácter ladino con el que asume la corrupción y el crimen el perfumado abogado y que nos recuerda el Todo Vale que inoculó Uribe Vélez en las institucionalidades públicas y privadas. Eso explica la conexión ético-política y moral que hay entre Uribe y De la Espriella, el candidato que más le gusta al expresidente y expresidiario.

De la Espriella revivió el caso de los acosos sexuales que sacudieron las dinámicas de Noticias Caracol. Esto dijo: “los supuestos acosos en Caracol. Hay que ver si eso trascendió la barrera de la ilegalidad o se quedó en la inmoralidad…”.

El vocablo “supuestos” hace parte de la jerga periodística y jurídica, usado por los periodistas para evitar demandas y por los abogados, como De la Espriella, para minimizar la gravedad de los acosos sexuales que ocurrieron al interior del Noticias Caracol. Olvida el abogado que los presentadores-periodistas señalados de violentar a varias compañeras salieron del informativo, lo que confirma que las denuncias tenían el asidero inmoral y la ilegalidad suficientes como para que los señalados de incurrir en esas graves conductas ya no hagan parte del equipo periodístico que los arropó por años.

Abelardo de la Espriella es la fiel copia de Álvaro Uribe. Si para Paloma Valencia el expresidente es su “padre”, para el político antioqueño el perfumado y violento abogado es su “ahijado”.

Adenda: no creo que se trate de una salida en falso del candidato de la derecha. Parece más bien un acto premeditado- parte del guion- con el que el uribismo sigue jugando a dos bandas. En segunda vuelta veremos si Paloma Valencia fue el comodín y de la Espriella el As bajo la oscura y sucia manga del Señor de las Sombras.  





jueves, 7 de mayo de 2026

PALOMA VALENCIA “DEBATIÓ” CON UN HOLOGRAMA DE IVÁN CEPEDA

 


Por Germán Ayala Osorio

Ante las dificultades[1] para organizar debates entre los candidatos presidenciales, a la campaña de Paloma Valencia Laserna le pareció genial apoyarse en la IA (Inteligencia Artificial) y recrear un “debate” con Iván Cepeda Castro. El ejercicio les salió bastante mal: fracasaron con rotundo éxito al diseñar una imagen holográfica de Iván Cepeda, convertido este último en la obsesión-preocupación de la derecha ante la posibilidad de que el progresismo triunfe en primera vuelta.

Una vez la moderadora lanzaba preguntas a ese fantasmal y difuminado candidato presidencial, la imagen se esfumaba del escenario dejando un humo gris. De inmediato, Paloma Valencia, la “hija” del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez, respondía los interrogantes mirando a un imaginado y ausente Iván Cepeda. Una exposición de ideas propias de un frenético soliloquio.  

Por supuesto que Valencia Laserna se notó segura, confiada y empoderada en el imaginado escenario. Y era apenas lógico que la obsecuente candidata del uribismo contestara de buena manera las preguntas: no estaba Cepeda para debatir sus propuestas. Resulta bastante fácil “debatir” con una imagen holográfica.

En el pasado, el títere de Uribe que pernoctó por cuatro años en la Casa de Nari se auto entrevistó en su fluido inglés. En esta ocasión, Valencia Laserna “debatió” sola y “ganó” el debate: venció a un Cepeda inexistente.

Por estos días jugar con la IA hace ya hace parte de las dinámicas de las redes sociales e incluso de sectores de la producción. Y la verdad es que logran productos que causan hilaridad. Lo hecho por la campaña de Paloma Valencia logró llamar la atención de las audiencias, las entretuvo e hizo reír con un producto audiovisual que da cuenta del verdadero talante del uribismo y de la derecha: (re) crear realidades especialmente catastróficas para manipular a las audiencias que piensan que efectivamente esas circunstancias sucedieron o se pueden dar si el progresismo logra continuar en el Casa de Nariño. También tienen la facultad de engañar: baste con recordar una de las propuestas de la campaña de Duque presidente: “menos impuestos, más salarios”. Años después, llegaría el primer presidente de “izquierda” (progresista, realmente) a reivindicar los derechos de los y las trabajadores: subió el salario mínimo e intentó que los ricos pagaran más impuestos, pero la institucionalidad judicial lo impidió.

Llevan casi cuatro años con su maliciosa y maledicente “inteligencia” diciendo que a Colombia llegaría el neocomunismo, que caería en una crisis social y económica jamás vista; que Petro se convertiría en un dictador tipo Videla, Massera, Galtieri, Stroessner o Pinochet. Mientras que los tozudos hechos sociales y los indicadores del DANE desmienten la realidad catastrófica recreada, Paloma Valencia Laserna confirma que efectivamente han tenido poca inteligencia al momento de ser y hacer oposición. Siguen leyendo mal el país y una parte de este, cambió. Le apuestan a seguir jugando con el país y la inteligencia de los colombianos. Como dicen por ahí, “sigan con esa yuca”. Ahora usan la IA para desvanecer a Iván Cepeda Castro, el candidato que les quita el sueño y la tranquilidad.

 

Adenda: siguiendo con la capacidad de los uribistas para generar risa, reapareció en los medios la precandidata del Centro Democrático, María Fernanda Cabal. Dijo que Uribe Vélez no era de “derecha”, que era un “socialdemócrata”. Hay que reconocer que Cabal tiene un gran sentido del humor. El exmandatario antioqueño tiene de “socialdemócrata” lo que Iván Duque tuvo de presidente de la República.



[1] El candidato Iván Cepeda exigió garantías para asistir a debates. Además, redujo la posibilidad a debatir a un encuentro con los dos candidatos de la derecha, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella. Dichas garantías consisten, básicamente, a la presencia de un moderador-periodista “neutral”. También, a que no se hagan ataques personales y calumniosos como los que a diario recibe de la derecha: que es el heredero de las Farc, por ejemplo. A pocos días de la primera vuelta, la posibilidad de que se dé un debate entre los candidatos se desvanece.

martes, 5 de mayo de 2026

DE LA ESPRIELLA EN “EL PAÍS DE LOS JÓVENES”

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Caracol Televisión y su  Noticias Caracol son una fábrica de realidades que se ajusta con inusitada perfección a su rol de agente político y periodístico, defensor del Establecimiento colombiano. En el actual escenario electoral, su línea editorial claramente apunta a posicionar y tratar con pinzas a Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, los candidatos presidenciales de la derecha uribizada. Lo contrario sucede con Iván Cepeda, candidato del progresismo al que confrontan y tratan de acorralar con preguntas y comentarios cargados ideológicamente.

Con el proyecto Colombia Decide, 2026, El País de los Jóvenes, Caracol Televisión organizó y transmitió un encuentro entre Abelardo de la Espriella con jóvenes que, de acuerdo con María Alejandra Villamizar, la conductora del programa, “representan a todas las regiones de Colombia”.

Varias cosas salieron mal en este primer ejercicio “dialógico” entre De la Espriella y el grupo de jóvenes que interactuó con el candidato presidencial. Lo primero que hay que decir es que se trató de una “puesta en escena” a través de la cual se le hace creer a las audiencias que habrá un diálogo fluido entre los muchachos y el político que insiste en que no lo es.

Villamizar saludó amablemente al aspirante presidencial. Lo llamó Abelardo. ¿Haría lo mismo con Cepeda? Una joven de apariencia indígena, al parecer Nasa, dio inicio al supuesto diálogo. Su presencia se explica quizás por el reciente atentado terrorista ocurrido en la vía Panamericana, a la altura de El Túnel (Cajibío, Cauca). Ahí hay un sutil uso de una coyuntura política muy bien explotada y extendida por Caracol en favor de los candidatos de la derecha que solo ofrecen seguridad (bala, bala y bala).

La inquietud de la joven de apariencia indígena giró en torno a la autonomía de los pueblos indígenas del Cauca. De la Espriella no contestó debidamente la pregunta de la muchacha. El formato está diseñado para que el candidato se extienda en temas recurrentes y caiga en lugares comunes como “recuperaremos la seguridad, duro con los bandidos y trato amoroso con los colombianos de bien”. Nadie lo confrontó.  Eso sí, Villamizar recogió lo que parece haber sido un acordado rechazo del público, tibio por demás, por algo que dijo el abogado que asegura que la “ética nada tiene que ver con el derecho”.

En otras apariciones de jóvenes, De la Espriella insistió en decir que él “no pertenece a la clase política tradicional”. Curioso. Su fórmula vicepresidencial es un político tradicional y agente del Establecimiento. Además, Abelardo de la Espriella dijo que “venía de la empresa privada, que era exitoso y de contera, un macho cabrío que en sus tiempos de universidad actuaba como un verdadero “pica flor” y un “galán” de telenovela mexicana. Dejó salir algo de su megalomanía.

Su cercanía a Bukele la expuso otro de los muchachos. El candidato lo confrontó y le dijo que él no propuso “pena de muerte” para los “malos”. Habló de “cadena perpetua” y de la construcción 10 mega cárceles.  Otra vez el populismo punitivo. Nadie lo confrontó. Al candidato “mata gatos” (bueno, al parecer solo asesinó a un micifuz en su adolescencia) le preguntaron que, si seguiría la línea represiva contra los jóvenes implementada por el presidente argentino, Javier Milei. De la Espriella negó e insistió en la idea de reducir el tamaño del Estado (cerrar embajadas), postura neoliberal que nadie criticó en el auditorio. Insisto: el formato se diseñó para que el candidato presidencial de la derecha se extendiera en sus ya conocidos lugares comunes. Jamás hubo una propuesta concreta.

“No soy un mercader de ilusiones”. “Hago parte de los que nunca gobernaron o contrataron con el Estado. Juan Poe, en su cuenta de X expuso contratos con el Estado de la firma de abogados de Abelardo de la Espriella. “Uno, durante el gobierno de Santos por 600 millones de pesos con el Fondo de Adaptación y otro en la administración de Iván Duque con el ICBF por 221 millones de pesos”. De la Espriella no es precisamente un outsider. Mas parece un mediocre actor que aprovechó el teatrino democrático que le montó Caracol Televisión.

El histriónico y anodino candidato presidencial mira a la cámara y termina diciendo “firme por los jóvenes, firme por la Patria”. El papel de Villamizar es funcional a la estrategia del candidato. No hubo diálogo y Caracol Televisión irrespetó a los jóvenes, pues el País de los Jóvenes es apenas un eslogan. El programa se emitió en horario castigado (a las 10:30 pm). Todo mal.




domingo, 3 de mayo de 2026

CEPEDA TIENE BIBLIOTECA; DE LA ESPRIELLA, ARMERILLO

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Para explicar las diferencias éticas y morales entre Iván Cepeda Castro y Abelardo de la Espriella bastaría con ver la imagen que encabeza esta columna de opinión.

El primero, suele grabar audio columnas con el fondo de su amplia biblioteca que, a juzgar por la forma en la que se expresa y escribe sus discursos (la derecha habla de “papelitos”), es apenas lógico concluir que los libros allí presentes no están de adorno y que efectivamente fueron leídos o por lo menos consultados por el candidato presidencial del progresismo; mientras que al candidato de la ultraderecha le encanta posar con armas de fuego que representan a los sectores de poder que apoyan su caricaturesca y ladina campaña y al propio Abelardo de la Espriella quien cree a pie juntillas en la violencia legítima del Estado y en la que ejercieron y puedan ejercer en el inmediato futuro estructuras paramilitares a las que como abogado asesoró.

Estamos ante dos hombres distintos que representan a disímiles modelos de Estado y Sociedad. El abogado “mata gatos” se muestra como un “patriota” defensor de la patria y de las arbitrariedades cometidas desde el inicio de la República por creer que las desavenencias y conflictos siempre será mejor tramitarlos a través del uso de las armas. ¿Para qué normas, protocolos, diálogos y procesos judiciales si tenemos armas con las que se pueden atemorizar, asesinar testigos y amedrentar jueces? Esa parece ser la pregunta que sirve de enlace ético y moral entre las armas que exhibe De la Espriella en su armerillo.

Cepeda Castro defiende la democracia y los derechos humanos, sin desconocer la “necesidad” de que existan las armas de la República para defender la soberanía nacional en caso de una amenaza internacional; infortunadamente, ese mismo poder bélico ha sido usado en esta guerra fratricida en la que llevamos más de 50 años.

Mientras que Cepeda propone discusiones conceptuales derivadas de años de lectura de libros clave para entender el conflicto, la política y el devenir de la condición humana, Abelardo de la Espriella es monotemático, conceptualmente débil y proclive a resolver las diferencias y los conflictos a través de litigios jurídicos con los que, por ejemplo, amedrenta periodistas que osaron hurgar en su pasado.

Cepeda es un humanista; De la Espriella, un abogado que colecciona armas de fuego. Punto. Si usted vota por el primero, lo más probable es que su vida haya estado atada a la lectura y a los diálogos horizontales y respetuosos en medio de las diferencias políticas. Si por el contrario Usted vota o conoce a alguien que lo hará por Abelardo de la Espriella es fácil concluir que ambos han vivido sin leer y probablemente muy cerca de chafarotes que desprecian la vida de aquellos que se atrevieron a pensar y a leer.




¿QUÉ REPRESENTAN VALENCIA, DE LA ESPRIELLA Y CEPEDA?

 

Por Germán Ayala Osorio

De la Espriella y Paloma Valencia Laserna son hijos y dignos representantes de la Colombia premoderna, insolidaria, violenta, neoliberal e individualista. Ambos promueven la idea de un Estado corporativo puesto al servicio de precapitalistas y rentistas que desdicen de sus procesos civilizatorios lo que les permite aportar a la consolidación del racismo estructural y del siempre malicioso clasismo. 

Usan los conceptos de Libertad, Capitalismo y Democracia para meterle miedo a los colombianos a los que la derecha mediática y política lleva más de 50 años asustándolos con el fantasma del “comunismo”. Para Valencia y De la Espriella la libertad tiene la siguiente acepción: “la facultad de que todos aquellos que ostentan poder hegemónico puedan disponer de los recursos que brinda un país biodiverso como Colombia e incluso de la vida de gente incómoda como indígenas, campesinos y pueblos afros”.

Frente a la idea de Capitalismo, estos dos ladinos políticos y fichas del Establecimiento lo entienden en sus etapas más tempranas. Más bien lo piensan desde el carácter feudal con el que han logrado mantener relaciones de dominación económica, social y política que convirtieron a Colombia en una mega hacienda repartida entre 4 ó 5 familias poderosas que insisten en extender en el tiempo el modelo de la gran plantación en donde realmente se sienten cómodos en sus roles de patronos, señores feudales o neo encomenderos.

En cuanto al significado del concepto Democracia, ambos policastros la asumen como un régimen de poder en el que una minoría poderosa está obligada y autorizada, por tradición, a someter a las grandes mayorías. Se sienten orgullosos de esa idea que señala que “Colombia es la democracia más antigua de América”, frase eufemística con la que lograron por muchos años minimizar o esconder las realidades antidemocráticas de un régimen de poder mafioso y violento. Baste con recordar los episodios de la época de la Violencia, la alianza paramilitar establecida por miembros de una élite criminal y los gobiernos de Turbay Ayala, Uribe Vélez, Santos y Duque. El común denominador de esas administraciones es la violación sistémica, sistemática y dirigida de los derechos humanos de aquella gente vista históricamente como “indeseable e incómoda” de la que había, sí o sí, “sacar de circulación”. Las sobrevivientes “guerrillas de izquierda” se parecen mucho a los actores políticos y armados con los que la ultraderecha masacró campesinos, asesinó a los militantes de la UP y capturó instituciones del Estado.

En contraste con lo que representan Paloma Valencia, la “hija” de Uribe y el abogado pica pleitos que insiste en que la ética nada tiene que ver con el derecho, el candidato del progresismo, Iván Cepeda Castro llega a la contienda electoral con unas conceptualizaciones disímiles alrededor de los vocablos Libertad, Capitalismo y Democracia. Frente al primero, Cepeda cree en una libertad con límites para los poderosos que se aprovecharon siempre de la captura mafiosa del Estado o promovieron su debilidad para operar desde los intereses de clase de una élite aviesa que manda aún sin una idea consolidada de Nación. En cuanto al Capitalismo, Cepeda, al igual que Petro, cree que con ese sistema de producción se puede garantizar bienestar colectivo. No habla de socialismo y mucho menos de comunismo. Le apunta a socialdemocracia y a la generación de riqueza que coadyuve a superar la vergonzante pobreza y las inequidades.

En el caso de la Democracia, Cepeda cree en el diálogo horizontal entre diferentes para llegar a consensos; le apunta al cumplimiento de lo prescrito en la Carta Política a través de instituciones estatales, organizaciones sociales, partidos políticos y los gobiernos progresistas instaladas en la Modernidad a la que siempre le huyeron Valencia y De la Espriella. Cepeda defiende los derechos de las minorías maltratadas, discriminadas y violentadas por privados y el propio Estado capturado este último por las élites que representan los candidatos que Uribe quiere imponer.

Que Paloma Valencia diga que “Uribe es su papá” y que para Abelardo de la Espriella el político antioqueño sea su “referente ético-político y un patriota ejemplar” explica con claridad que para los dos candidatos presidenciales lo más importante no es el Estado, las instituciones  y la construcción de una verdadera Democracia, sino los individuos con poder y capacidad para someter a quienes reclaman el derecho a vivir bajo la protección de un legítimo, ejemplar y viable Estado Social de Derecho.  A manera de conclusión: Cepeda le apunta a consolidar la Nación imaginada y soñada por quienes creen que nos merecemos, como pueblo, otra suerte; mientras que la “hija” de Uribe y De la Espriella, representan el pasado y le apuntan a mantener las condiciones propias de un Estado fallido o semi fallido, escenario en el que la derecha se siente a gusto.

Adenda: Sergio Fajardo y Claudia López jamás supieron construir un centro político porque ellos coquetean con la élite premoderna que lleva años manipulando los hilos del poder económico y político. Sus candidaturas no le apuntan a un cambio, ni siquiera a un ajuste en las  lógicas del poder hegemónico. 



viernes, 1 de mayo de 2026

MATARIFE ABOGANSTER, EL NUEVO OBJETIVO DE LA “REVOLUCIÓN CREATIVA”

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Con la serie Matarife, Daniel Mendoza Leal desnudó y universalizó los finos hilos de la inmoralidad con los que Álvaro Uribe Vélez tejió su oscuro, criminal, incontrastable y al parecer perenne poder.

El penalista y realizador usó el lenguaje audiovisual para narrar la historia del político que más daño le ha hecho a Colombia: Álvaro Uribe Vélez. Con su espíritu contestatario, el dominio del enrevesado mundo jurídico y la conexión de innumerables hechos políticos y titulares de prensa le contó al país verdades que la prensa hegemónica se empeñó en ocultar del turbio pasado del político,  hijo de Salgar, Antioquia. Había en esos productos audiovisuales momentos de rigurosidad periodística, acompañada de referencias bibliográficas y autores como Klaus Roxin, con el texto La autoría mediata por dominio en la organización, que aportaron a quienes de tiempo atrás hemos seguido críticamente la trayectoria política de Uribe Vélez.

Los últimos productos audiovisuales dedicados a develar la estructura (in) moral de Abelardo de la Espriella están lejos de la rigurosidad de varios de los episodios de la serie Matarife. Bajo el nombre de Matarife Aboganster, Mendoza Leal quiere desnudar al candidato presidencial de la ultraderecha. Y lo logra en por lo menos tres de los seis capítulos dedicados al fatuo corroncho que considera la comida colombiana como un potaje carcelario, que la ética nada tiene que ver con el derecho o que la vida de los gatos es tan insignificante que bien pueden morir amarrados a juegos artificiales.

El último episodio llamado “Justicia garosa” es un producto audiovisual mediocre en el que a Mendoza Leal le parece que a las audiencias cautivas y furtivas les puede interesar sus angustias existenciales y los efectos psicológicos dejados por la tragedia colombiana en la que el Estado es un aparato organizado de poder (criminal) consolidado como tal entre 2002 y 2010. Por largos tres minutos, de los 17 que dura el episodio, Mendoza Leal divaga en una oda egocéntrica que impide realmente tejer los rojizos hilos maliciosos de la vida de Abelardo de la Espriella, “objetivo audiovisual” de la “Revolución creativa” que propone Mendoza Leal.

Nadie niega el valor y el atrevimiento de Daniel Mendoza al meterse con el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe, un hombre que genera verdadero terror en quienes conocen de su verdadera naturaleza política. Su aviesa condición humana no parece asustar al penalista y realizador audiovisual. Que se asemeje a la historia de Juan Sin Miedo no significa que las audiencias, furtivas o no, estén interesadas en conocer de las angustias existenciales del realizador. Entre menos aparezcas en los relatos, mucho mejor, estimado Daniel.




sábado, 25 de abril de 2026

ATAQUES TERRORISTAS Y AMBIENTE ELECTORAL

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Los atentados terroristas que en las últimas horas sacudieron a caucanos y vallecaucanos  y a  viajeros de la vía Panamericana ocurren en una coyuntura político-electoral que permite pensar que las reacciones en contra del gobierno nacional de la gobernadora del Valle y el alcalde de Cali devienen con un tufillo electorero que se torna en constreñimiento indirecto al votante que al asumir  lo dicho por Dilian Francisca Toro y Alejandro Eder como un efectivo abandono del gobierno central  al Valle del Cauca y su capital, de inmediato ese elector piensa en votar por los candidatos que ofrecen seguridad y bala, esto es, el regreso a la temida seguridad democrática de Uribe.

Llama la atención el tono de las reacciones del alcalde de Cali y la gobernadora. En lugar de hacer un balance de las actividades de inteligencia y contrainteligencia que se debieron poner en marcha y consolidar después del grave atentado terrorista contra las instalaciones de la Base Aérea, de inmediato responsabilizó a Petro de la ocurrencia de los bombazos en contra del Batallón Pichincha. Es tiempo que la señora Toro informe acerca de la inversión de los recursos obtenidos de la tasa a la seguridad. 

El registro lastimero y espectacular de los medios tradicionales de los violentos hechos prepolíticos ocurridos en Palmira, Cali y en la vía Panamericana a la altura del sector El Túnel (Cajibío, con saldo de víctimas fatales), sirve a la narrativa que señala que “Petro le entregó el país a los violentos”, situación que los únicos capaces de reversar son los candidatos presidenciales más visibles de la derecha: Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, Claudia López y Sergio Fajardo. En la historia del “conflicto armado interno” las “guerrillas” siempre recibieron y despidieron gobiernos con ataques similares a los que ocurrieron en las últimas horas en los dos departamentos. Lo vivido en las últimas horas es más de lo mismo de unos facinerosos que solo saben hacer daño. No defienden ideas y mucho menos tienen un proyecto político. Son, además de "traquetos de camuflado" como los llamó Petro, estúpidos, incivilizados y orates. Nada más que agregar. 

Todo indica que se trata de acciones criminales coordinadas que se ejecutan en las narices de unas autoridades asumidas como débiles por las audiencias y las víctimas directas e indirectas que dejan dichos actos demenciales. Los ataques dinamiteros contra los batallones Pichincha (Cali) y Codazzi (Palmira) y los usuarios de la vía Panamericana dan cuenta del sentido político-militar de dichos atentados: se ataca a los militares en una demostración de fuerza que deja en ridículo las actividades de inteligencia y contrainteligencia, lo que confirma la tesis que señala que contra el terrorismo es muy poco lo que hay que hacer; y se ataca a civiles para consolidar la idea de que definitivamente el actual jefe del Estado y comandante en jefe de las fuerzas armadas no está en capacidad de cumplir con la misión constitucional de proteger a los primeros y de llevar a los uniformados a la victoria militar.

Lo más probable es que sucedan nuevos ataques terroristas, pues los objetivos prepolíticos y criminales de la banda de “Iván Mordisco” terminan siendo compatibles con los de la derecha empecinada en recuperar la Casa de Nari para desatar una Guerra Total para la cual parecen estar preparados a librar los grupos al margen de la ley responsables de los ataques dinamiteros que llevan a muchos a pensar en que lo mejor es regresar a los tiempos de la seguridad democrática de Uribe. Aquello de las ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos), el desplazamiento forzado de más de seis millones de campesinos, la destrucción de ecosistemas naturales a través procesos de defaunación y deforestación, y el acaparamiento por desposesión de cientos de miles de hectáreas de tierra son insignificantes efectos colaterales que no se pueden evitar cuando la apuesta es “acabar militarmente con los bandidos”. Olvidan que el Estado lleva más de 50 años negociando y combatiendo grupos armados ilegales. Uribe los arrinconó, pero lejos estuvo de acabarlos militarmente. 

Adenda: 19 muertos y más de 35 heridos es un saldo trágico, sumado a las pérdidas materiales. Son unos malditos los que perpetraron ese atentado criminal, al igual que los que electoralmente aplauden lo sucedido. 


Imagen tomada de ataques en el sector El Túnel de Cajibio deja muertos - Búsqueda

viernes, 24 de abril de 2026

DE LA PAZ TOTAL, A LA GUERRA TOTAL

 

Por Germán Ayala Osorio

 

A pocos meses de terminar el gobierno Petro, las estructuras armadas ilegales que sostienen relaciones o guardan simpatías ideológicas con sectores del Establecimiento (nacional, regional y local) arreciarán sus ataques terroristas e incursiones armadas, incluidas masacres, con el único propósito generar un ambiente de zozobra y caos que beneficie a los candidatos presidenciales que ofrecen “recuperar la seguridad” a punta de bala, negando cualquier posibilidad de negociar con los grupos al margen de la ley.  La idea es pasar de la Paz Total a la Guerra Total. Eso sí, ambos caminos resultan inconvenientes por el carácter maximalista con el que suelen presentarse.

El candidato presidencial del gobierno, Iván Cepeda Castro ha dicho que insistirá en los diálogos de paz con las “guerrillas” (Disidencias de las Farc y ELN). Cepeda dará continuidad a la Paz Total, decisión política que lo pone en contravía de los sectores de poder económico y político y de la opinión pública que están dispuestos a desatar y apoyar en el país una Guerra Total como la que desató el entonces gobierno de Uribe con la nacionalización del Plan Colombia que le dejó operando Andrés Pastrana. Fue la seguridad democrática la política pública con la que se obligó a las entonces Farc-Ep, junto a otras circunstancias, a aceptar los diálogos en La Habana que terminaron con la firma del Acuerdo de Paz en el teatro Colón de Bogotá. El país no puede olvidar los 6402 crímenes de Estado, los seis millones de desplazados y el acaparamiento de cientos de miles de hectáreas de tierra que pasaron a manos de terratenientes y narco paracos.

Recién la capital del Valle del Cauca fue escenario de un ataque terrorista que, aunque fallido en contra de las instalaciones del Batallón Pichincha sirve a la narrativa de los sectores de la derecha y la ultraderecha que se benefician de dichos atentados. Electoralmente, la estructura armada “Jaime Martínez”, responsable al parecer de la acción terrorista, le hace el juego a Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, Sergio Fajardo y Claudia López, aspirantes presidenciales que defienden a dentelladas aquello de la “violencia legítima del Estado”. Me pregunto: ¿Cómo puede ser legítima la violencia de un Estado precario, ilegítimo y que opera en muchos espacios del territorio de la mano de criminales? El batallón Agustín Codazzi de Palmira también fue atacado horas después de lo sucedido en Cali. ¿Se tratará de acciones criminales perpetradas en connivencia con las autoridades? ¿La derecha vallecaucana le está apostando a generar miedo en la población civil con propósitos electorales?

Si bien es cierto que la Paz Total de Petro salió bastante mal, las responsabilidades del fracaso son compartidas con los grupos ilegales con los que el gobierno se sentó a dialogar. Del lado del gobierno hay que señalar que hubo yerros en el manejo político de unos diálogos en los que jamás se consolidó una mutua confianza.  

En este juego de la Guerra Total y la Paz Total hay una realidad inocultable: la paz no es buen negocio para las disidencias, el ELN y el clan del Golfo, entre otras estructuras. No les interesan curules y vivir de proyectos productivos. El narcotráfico y la minería ilegal-legal son un negocio billonario que bien vale la pena mantener. Lo demás es retórica política de unas “guerrillas” que hace rato perdieron su naturaleza política.

La Guerra Total que proponen los candidatos presidenciales de la derecha hay que conectarla con los intereses de agentes económicos que se vienen oponiendo a la entrega de tierras y la formalización de propiedades rurales que benefician directamente a familias campesinas. Retornar a los procesos de contrarreforma agraria, por vía de la desposesión y acaparamiento de tierras y el desplazamiento forzado hace parte de esa apuesta de la Guerra Total. El objetivo no está en acabar militarmente con el “enemigo interno”. De lo que se trata es de garantizar condiciones de acaparamiento y la convivencia institucional con los ejércitos mafiosos (guerrillas), lo que se traduce en el mantenimiento del negocio del narcotráfico y las finas relaciones establecidas de tiempo atrás con agentes económicos y políticos del Establecimiento colombiano.

Ni la Guerra Total, ni la Paz Total servirán para pacificar el país. Si esa sentencia es válida y tiene asidero, entonces qué se puede hacer o cuál es la salida se puede preguntar el lector que llegó hasta aquí. Si vamos a insistir en el discurso académico entonces inexorablemente nos llevará a hablar de “copar el territorio, ganarse la confianza de las comunidades rurales, implementar procesos de sustitución de cultivos y construir Estado”. Acciones que se han intentado en el pasado e incluso en el actual gobierno, con resultados agridulces.

Quizás sea el momento de plantear salidas más audaces y adoptar costosas decisiones de índole político y económico. Entre las primeras, convertir en agentes armados estatales a los miembros de los grupos al margen de la ley que operan en los territorios en donde el Estado brilla por su ausencia. Por supuesto, con un acompañamiento internacional.  Suena terrible, pero podría intentarse un programa piloto.

Y finalmente, que a través de labores de inteligencia y contrainteligencia se expongan a los Señores de la Guerra, nacionales y extranjeros que se benefician de la extensión en el tiempo de las dinámicas de lo que se conoce pomposamente como conflicto armado interno. Esta salida suena, imposible porque implica quitarle la máscara a los belicistas que disfrutan en elegantes clubes sociales el cierre de negocios en los que se venden pertrechos y armas para la guerra. Estamos condensados a vivir buscando la paz en un país que disfruta de la guerra. 





jueves, 23 de abril de 2026

LA UTOPÍA DE GOBERNAR A COLOMBIA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Cada cuatro años las audiencias concurren a votar por proyectos políticos pensados por candidatos presidenciales que creen a pie juntillas y con la fe del carbonero que es posible gobernar a una sociedad como la colombiana que se mueve entre consolidadas taras civilizatorias, un invencible ethos mafioso y una equívoca idea de para qué sirve el Estado.

El racismo y el clasismo son quizás las más fuertes taras civilizatorias que como sociedad exhibimos y arrastramos, lo que facilita la exclusión y estigmatización de bastos territorios en donde sobreviven comunidades campesinas, pueblos afros e indígenas, asumidos por la clase política y empresarial como “gente incómoda” que debe ser eliminada simbólica y ojalá físicamente. Ninguno de los candidatos presidenciales se atreve a hacer referencia a esas taras y mucho menos a proponer caminos educativos para superarlas y proscribir las prácticas socioculturales que las reproducen.

Si miramos con atención el origen de los candidatos y lo que representan social y políticamente, entonces podemos entender la fortaleza de esas dos taras: Paloma Valencia Laserna, la “muñeca” del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez es una digna representante del racismo y el clasismo. Valencia odia a los indígenas, a los negros y al campesinado. Sus propuestas de “dividir el Cauca entre mestizos e indígenas” y “poner a aguantar hambre a los indígenas que bloqueen la Panamericana” no son “salidas en falso”: se trata de expresiones de odio construidas históricamente y validadas a través de políticas públicas. Baste con nombrar la política de seguridad democrática para entender que esas taras civilizatorias se reproducen desde el Estado y sectores privilegiados. A la guerra interna van indígenas, afros y campesinos pobres. Los hijos de la élite ni siquiera prestan servicio militar.

Abelardo de la Espriella comparte con Valencia ese lugar de enunciación desde el que desconoce el valor cultural y antropológico de aquellas comunidades subalternas víctimas del racismo y el clasismo. El abogado que considera que la ética nada tiene que ver con el ejercicio del derecho es, además de fatuo, el más elegante reproductor de esas dos fallas. Aunque se muestra como “salvador de los pobres”, su patrioterismo termina por reproducir esas taras civilizatorias de las que vengo hablando.

Aunque el ethos mafioso podría considerarse como una tara civilizatoria más, para efectos de esta columna se asume como un problema cultural grave que los aspirantes a llegar a la Casa de Nariño confían en que es posible de superar o transformar. Entonces, hablan de “acabar con la corrupción” público privada, expresión clara de la existencia de ese ethos que nos identifica como sociedad mafiosa, ventajosa y corrupta.

Cepeda propone una “revolución ética” casi imposible de ejecutar y lograr en una sociedad que deviene moral y éticamente confundida. Confusión que todos los días se alimenta desde las empresas mediáticas, convertidas de tiempo atrás en faros inmorales en virtud de que como actores políticos terminan por encubrir y legitimar las andanzas de los politicastros que han gobernado al país desde los inicios de la República.

La idea que del Estado tienen Cepeda, Valencia y De la Espriella, para citar solamente a los tres que puntean en las encuestas, sirve para constatar que las señaladas taras civilizatorias y el ethos mafioso adquieren el carácter de circunstancias estructurales difíciles de proscribir. El ungido de Petro cree en un Estado que proteja la vida y los derechos de los más vulnerables; mientras que la nieta de Guillermo León Valencia y el abogado defensor de Alex Saab, empresario cercano al régimen venezolano, ofician como agentes neoliberales que le apuestan a la privatización de esa forma de dominación que llamamos Estado y por ese camino, servirles a unas cuantas familias que desdicen de sus propios procesos de mestizaje.  

Gobernar a Colombia bajo esas condiciones y circunstancias es una enorme utopía, pues todos los días nos afianzamos como un colectivo distópico cuyos miembros se acostumbraron a vivir en medio de procesos deshumanizantes que nos acercan a estadios barbáricos.




miércoles, 22 de abril de 2026

ANGIE RODRÍGUEZ: FUEGO AMIGO Y (DES) LEALTADES IMPÚDICAS

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Las explosivas declaraciones dadas por Angie Rodríguez a Semana y Noticias Caracol con las que enloda al gobierno Petro hacen parte de lo que se conoce como “fuego amigo”. Más allá de si sus “denuncias” tienen algún tipo de materialidad jurídica, lo cierto es que su presencia en esas dos empresas mediáticas hace pensar en que Rodríguez, directora del Fondo de Adaptación, está en modo venganza, lo que implica un distanciamiento personal y político con el presidente Petro y lo que este representa para el progresismo y la idea del cambio.

Ella misma se declara defensora del proyecto progresista, pero incurre en el imperdonable error de acudir a dos medios de comunicación que, como actores políticos, le hacen férrea y sucia oposición al gobierno de Gustavo Petro. Y lo hace en una coyuntura electoral que terminará por afectar la campaña de Iván Cepeda. Claramente, Rodríguez sabe y muy seguramente espera que el escándalo mediático y político afecte la imagen del presidente Petro y por supuesto la de su ungido con el que se espera dar continuidad al proyecto progresista.

Exista o no un plan sistemático de 20 funcionarios dispuestos a deslegitimar y desprestigiar a la funcionaria e incluso a poner en riesgo su vida, en sus declaraciones se advierten lealtades impúdicas del presidente Petro con Juliana Guerrero, joven recientemente imputada por la Fiscalía por falsedad en títulos académicos adquiridos de manera irregular en la fundación San José.

Si lo expresado por Rodríguez es cierto en torno a la capacidad de Guerrero de incidir en contrataciones y manejos burocráticos, la responsabilidad recae directamente en el presidente Petro, quien debió alejar a la joven de su círculo más cercano. Eso sí, independientemente del enfrentamiento entre Guerrero y Rodríguez, de esta última se advierte una ruptura moral, política y ética con la lealtad hacia el presidente Petro y con el proyecto progresista, circunstancia que amerita que el jefe del Estado la retire del cargo, tal y como ya se lo están exigiendo agentes cercanos al gobierno.

Insisto en que Angie Rodríguez cometió el grave error político de ventilar sus diferencias y miedos ante unas empresas mediáticas que sabrán explotar muy bien lo declarado por la funcionaria. No se puede ser defensor del proyecto progresista, y al tiempo tener a las señaladas empresas periodísticas como instancias legítimas para ventilar problemas, intrigas y enfrentamientos personales que por supuesto comprometen a instituciones públicas y a las institucionalidades derivadas de su operación. ¿Rodríguez intentó hablar con Petro antes de entregarle a las dos empresas periodísticas en bandeja de plata la imagen del gobierno?

La versión que indica que Rodríguez sostendría una relación sentimental con el representante a la Cámara Jorge Rodrigo Tovar Vélez, hijo del exjefe paramilitar Jorge 40, habría generado molestias al interior del gobierno y una pérdida de confianza en la funcionaria. En cualquier caso, la directora del Fondo de Adaptación le entregó a la prensa hegemónica un culebrón en el que hay de todo: traición, amoríos, lealtades y deslealtades. 

Los directos beneficiados del escándalo mediático son Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia, Claudia López y Sergio Fajardo, agentes de la derecha que le exigirán al presidente de la República explicaciones. Lo hecho por Rodríguez alimentará la narrativa de la derecha con la que indica que el cambio en las costumbres políticas es una asignatura que el actual gobierno no pudo aprobar. 




martes, 21 de abril de 2026

¿ELECCIÓN PRESIDENCIAL O PLEBISCITO?

 

Por Germán Ayala Osorio

 

El carácter plebiscitario de la actual campaña presidencial se lo están dando el uribismo y el petrismo, en medio de una crisis de credibilidad del periodismo, la consagración de las bodegas y el activismo político en unas redes sociales convertidas en fétidas trincheras ideológicas en las que se alimentan el odio y se activa la pérfida relación amigo-enemigo que Uribe impuso entre el 2002 y el 2010; y lo que es peor, el afianzamiento de los métodos de la posverdad para generar estados de opinión pública con una carga inconmensurable de desprecio por la opinión ajena.

El proyecto Júpiter, develado por la revista Raya, representa los intereses de la derecha uribizada que le apuesta a recuperar, a como dé lugar, la Casa de Nari para sentar en el Solio de Bolívar a Paloma Valencia Laserna o en su defecto al abogado Abelardo de la Espriella. Júpiter nos retrotrae a los tiempos en los que una parte importante del empresariado y la clase política logró sacar “emberracado” a millones de colombianos que votaron No al Acuerdo de Paz firmado entre el Estado y las entonces Farc-Ep.

La idea ahora es que la gente salga “emputada” a votar a favor de la campaña de Valencia Laserna, esto es, en contra de las aspiraciones de Iván Cepeda Castro. La campaña del No y Júpiter comparten las mismas estratagemas: asustar a las audiencias, meterles miedo con la idea del neocomunismo que representa Cepeda y presionar a empleados públicos y privados para que voten por la “muñeca” de Uribe o por Abelardo de la Espriella, quien sería el segundo títere del expresidente antioqueño. Recordemos que Iván Duque fue el primero en cumplir con ese indigno e indignante rol. Hay que reconocer que lo hizo muy bien.

Desde las mesnadas del petrismo se hace lo propio para convertir la campaña presidencial en un plebiscito que valide lo hecho por Petro en estos cuatro años de gobierno, con todo y sus luces y sombras. Por supuesto que Cepeda buscará la profundización de la democracia, a través de la idea de la democracia radical de Chantal Mouffe. A la derecha uribizada no le gusta la discusión política en torno a conceptos y realidades como la hegemonía (Gramsci), los derechos de las minorías y ajustes económicos con claros beneficios colectivos.

Lo complejo de este ambiente plebiscitario es que sus animadores insisten en una peligrosa división entre petristas y uribistas, lo que termina por darle la razón a las campañas de Sergio Fajardo y Claudia López, los más visibles candidatos de un inexistente y engañoso Centro político. López y Fajardo están atrapados en el remolino ideológico que generan a diario los amigos de Petro y las fichas de Uribe Vélez. Así las cosas, los exalcaldes de Medellín y Bogotá terminan validando el plebiscito en el que nuevamente está inmerso el país. Al final poco importará quién gane la presidencia, pues el país habrá extendido en el tiempo y quizás con más fuerza, la división social y política de una sociedad que sobrevive en medio de las tensiones propias de una lucha de clases que cobró sentido de realidad con el confrontador discurso del presidente Petro.

Este nuevo plebiscito sirve desde ya para exponer las dificultades éticas y morales de una élite empresarial, mediática y política acostumbrada a imponer sus lógicas, intereses y el ethos mafioso, origen de la corrupción público-privada que impide construir consensos y “acuerdos sobre lo fundamental”. Capturar el Estado sigue siendo el objetivo de la derecha uribizada; mientras que el progresismo sigue pensando en que es posible ponerlo al servicio de lo prescrito en una constitución política diseñada para una nación imaginada o una inexistente sociedad republicana.

Adenda: el debate o los debates que se logren realizar deberían de girar en torno a estas preguntas: ¿El Estado y la biodiversidad para qué o para quiénes? ¿Es posible dejar de odiarnos? ¿Es posible proscribir el ethos mafioso que el Establecimiento convirtió en un factor de reconocimiento político?



Imagen tomada de cepeda, paloma y de la espriella a debate - Búsqueda Imágenes

domingo, 19 de abril de 2026

DEBATES PRESIDENCIALES: CEPEDA RETÓ A LA ULTRADERECHA MEDIÁTICA Y POLÍTICA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Iván Cepeda Castro retó a debatir a Paloma Valencia Laserna y Abelardo de la Espriella. Ahora dependerá de cuál empresa mediática estará interesada en organizar un debate presidencial entre los dos candidatos de la ultraderecha y el candidato del gobierno. Se trata de una decisión compleja por todo lo que ahí se juega.

Desde el punto de vista económico (el rating), dicho debate sería un éxito absoluto. La pauta se vendería muy bien en un horario prime time. Eso sí, políticamente podría resultar negativo para la agenda y los intereses del canal o medio de comunicación del Establecimiento que se atreva a aceptar el desafío del candidato presidencial que lidera la intención de voto en todas las encuestas que se han aplicado hasta el momento. Y podría resultar así por las flaquezas conceptuales y discursivas de Valencia Laserna, pero sobre todo las de Abelardo de la Espriella, un abogado penalista que, con un discurso básico y chabacán impulsa un proyecto de país que nos devolvería a los tiempos de la constitución de 1886. Entre los dos proyectos hay muy pocas diferencias. 

Sin duda alguna, se trata de una provocación política y mediática de Cepeda Castro, quien venía recibiendo críticas por negarse a debatir en las condiciones que priorizan los enfrentamientos verbales y los agravios, circunstancias estas que gustan mucho a los directivos y editores de Caracol y RCN.

El candidato presidencial del progresismo les lanzó un "anzuelo" con una buena carnada. ¿Lo morderán Caracol y RCN televisión, los canales privados con la capacidad para realizar un debate presidencial? ¿Harán lo propio Valencia Laserna y De la Espriella? 

El reto no incluyó a Sergio Fajardo y Claudia López, candidatos presidenciales de un medroso centro que no parece tener cabida electoral y política en la actual campaña presidencial, reducida al enfrentamiento entre la ultraderecha representada en Valencia y De la Espriella y la izquierda democrática y el progresismo en cabeza de Iván Cepeda.

No invitar a Fajardo y López puede sonar excluyente y hasta arrogante en la medida en que son opciones válidas para aquellos que creen que la exalcaldesa de Bogotá y el exgobernador de Antioquia representan realmente a un centro que ellos mismos se encargaron de desdibujar con sus erráticas decisiones políticas del pasado y el discurso ambivalente y acomodaticio de sus campañas.

Es posible que Cepeda Castro esté pensando en que un “triunfo” en un primer y quizás único debate contra los candidatos uribistas lo catapultaría como la única opción viable y posible; realidad política que no convendría del todo a las empresas mediáticas que justamente acompañan política y periodísticamente a las campañas de Valencia y De la Espriella.

Hay que esperar si los candidatos del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe “muerden” el anzuelo que les lanzó Cepeda; lo mismo sucede con los canales RCN y Caracol, actores políticos que se verán obligados a brindarle al candidato del Gobierno las garantías que viene exigiendo para asistir a debates. El formato será clave.  Cepeda podrá exigir, en su calidad de retador, una metodología que facilite el despliegue de sus propuestas de gobierno, en contravía de las preguntas y las réplicas insulsas que suelen promover en los debates los canales Caracol y RCN.

Adenda: en caso de que las empresas mediáticas no "muerda el anzuelo" que les lanzó Cepeda, existen en Colombia universidades privadas con la capacidad técnica para organizar y transmitir debates presidenciales.  



Imagen tomada de Semana.com

viernes, 17 de abril de 2026

DEBATES PRESIDENCIALES SIN PERIODISTAS

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Los debates presidenciales, en las democracias modernas, son parte sustancial de la política asumida esta como espectáculo y/o escenario electoral a partir del cual las audiencias confirman su voto por alguno de los candidatos.

En medio de un crispado ambiente electoral y político, el candidato del gobierno, Iván Cepeda Castro se niega a debatir con los otros candidatos a la presidencia porque no encuentra garantías para el desarrollo de debates serios alejados de la mala leche de la prensa que se presta para amplificar los ataques de los que viene siendo víctima y de las descalificaciones personales de sus adversarios.

Paloma Valencia e Iván Cepeda llevan varios días enfrentándose verbalmente al interior del congreso de la República alrededor de asuntos que los alejan de la necesidad que tienen los colombianos de conocer sus realidades capacidades para gobernar un país complejo, que por ratos se torna ingobernable. El país los quiere escuchar por representar dos propuestas diametralmente distintas: Valencia representa el regreso a las prácticas neoliberales que convirtieron a Colombia en uno de los primeros países más desiguales del mundo; mientras que Cepeda daría continuidad al proyecto progresista que quedó a medias por cuenta de la alineación del Consejo de Estado, la Corte Constitucional y la oposición en el Congreso en contra de las reformas sociales que el país necesita para operar realmente como una República.

Eso sí, resulta a todas luces inconveniente no realizar por lo menos dos debates presidenciales con reglas claras y el compromiso entre los participantes de que no habrá ataques personales que desvirtúen el ejercicio dialógico.

Al tener las empresas mediáticas sus propias agendas políticas, los debates que se programen tendrán siempre un tufillo de confrontación y descalificación en contra del candidato del gobierno que lidera las encuestas; así como la intención manifiesta de posicionar a los candidatos del Establecimiento.

Así las cosas, los editores de los medios privados están en mora de ceder los espacios para que sean profesores y profesoras los que orienten los encuentros entre los presidenciables. Por el nivel de crispación política e ideológica que exhibe el país urge que los debates se hagan con criterios más académicos que periodísticos, fundados estos últimos en el interés de asegurar rating, propiciando rifirrafes entre los participantes. Hay que dejar atrás el formato pensado más para el careo personal y las réplicas insulsas que reducen la discusión a la defensa de obras de gobiernos o sobre episodios atados a actividades propias de la propaganda negra.

Un buen debate presidencial podría darse al sacar de la ecuación a Uribe y al presidente Petro, íconos de la polarización política. Propongo diseñar debates basados en ejercicios previos de prospectiva que obliguen a los candidatos a exponer soluciones y adoptar decisiones acordes con las condiciones de esos escenarios de futuro. Insisto: no hacer debates empobrece la democracia y les abre los caminos a las estrategias de propaganda negra y a las efectistas campañas de Tik Tok y otras redes sociales diseñadas para anular el pensamiento crítico y la discusión sistémica de los asuntos públicos.

Por lo demostrado hasta el momento, resultaría interesante escuchar a Sergio Fajardo, Claudia López, Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia. Es tiempo de superar los lugares comunes en los que redundan Fajardo, López y el abogado de Alex Saab; es tiempo también de ver a una Paloma Valencia alejada de Uribe y su “legado”. Y es tiempo de que Cepeda despeje las dudas que circulan en torno a su capacidad oratoria por su dependencia al discurso escrito previamente elaborado. Los escenarios prospectivos requieren ejercicios de pensamiento en los que afloran la formación y la comprensión sistémica de una sociedad compleja como la colombiana.

Adenda: Petro deja la vara muy alta en términos de la capacidad de articular ideas y la comprensión sistémica de los problemas contemporáneos.



Imagen tomada de Blu radio. 

lunes, 23 de marzo de 2026

ME MANDARON AL INFIERNO

 

Por Germán Ayala Osorio

Los colombianos llegarán a la próxima contienda electoral acosados por los efectos que dejaron el proceso de paz de La Habana y el plebiscito por la paz, instancias que dividieron el país entre “patriotas” y “pro-guerrilleros”.  Sin duda alguna, un reduccionismo que sirvió de excusa para dividir a la sociedad entre el Sí y el No, es decir, entre “buenos” y “malos”; esa caricatura del país sostiene ética, moral y políticamente las candidaturas de Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella basadas en la defensa de la Patria a partir de la aplicación sin límites de ninguna clase del principio weberiano de la violencia legítima del Estado a través de la política de seguridad democrática, la misma con la que se “justificaron” por lo menos 6402 ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos). Asociado a este, se escuchan frases como “vamos a recuperar el rumbo, al país; vamos a reconstruir a Colombia”, expresiones que dan cuenta de la lectura simplista, mentirosa y moralizante de una derecha que no supera haber perdido la Casa de Nariño con Gustavo Petro.

Mientras que el candidato del progresismo Iván Cepeda Castro representa a las víctimas del Estado fruto de la aplicación de la seguridad democrática de la mano del principio de la “enemigo interno”, Paloma Valencia y De la Espriella representan a quienes le apuestan al regreso a los tiempos en los que comandantes militares exigían a sus subalternos “litros de sangre” y gritaban “a mi no me traiga detenidos”.

Si se examina con atención entre las dos lecturas o formas de representación de la realidad del país aparece una idea de la paz que reeditará la insondable división que dejaron el proceso de paz de La Habana y el plebiscito por la paz. El fracaso de la paz total es el combustible con el que se mueven las fuerzas sociales, económicas y políticas que nos quieren regresar a los tiempos en los que los paramilitares fungían como agentes bisagra o simplemente fueron la autoridad estatal en vastos territorios.

La siguiente anécdota de alguna manera explica el nivel de crispación ideológica y la animadversión hacia todo lo que haga referencia a la pacificación por las buenas del país, a la izquierda y al pensar diferente.

Venía caminando muy cerca de mi lugar de residencia. En sentido contrario venía una señora de unos 70 años, con una sombrilla, protegiéndose de un sol canicular. Al cruzarnos se detuvo y me preguntó que si podía hacerle un favor. A lo que accedí con un sí y una tímida pregunta: de qué se trata, señora.

La dama respondió: “que me acompañe a rezar para que nuestro señor Jesucristo no permita que un guerrillero y ateo resulte elegido presidente de la República”. Aunque sorprendido, le respondí: “no señora”. Su reacción a modo de pregunta fue contundente: “¿Es usted guerrillero, ateo? Le dije que no, pero que apoyaba el proyecto progresista. Seguí mi camino y la “cucha” se quedó gritando “ateo, guerrillero, satanás, te irás al infierno”.

La escena me hizo pensar en qué le habrá pasado a la señora para llegar a ese punto de mendigar oraciones a un extraño para “salvar a Colombia de ser gobernada por un guerrillero y ateo”, en referencia directa a Iván Cepeda. No es necesario explicar que Cepeda jamás empuñó un fusil y desconozco si cree o no en Dios, asunto que me resulta irrelevante, aunque peligroso cuando se usa políticamente.

Llegué a pensar que la “cuchita” aún vivía en los tiempos de la campaña Petro presidente, quien como todos saben militó en el M-19. Hasta donde sé, Petro defiende los principios de la Teología de la Liberación y es creyente. De lo que sí estoy seguro es que la señora no había despertado de un coma inducido justo antes del inicio de la campaña presidencial que finalmente llevó a la presidencia de Colombia al primer y último exguerrillero.

Mientras me llega la hora de irme para el infierno al que me mandó la “cucha buscadora" de feligreses que la acompañen en su particular cruzada, seguiré escribiendo columnas (o calumnas) sobre los asuntos y problemas de una sociedad premoderna, conservadora, goda, puritana, morbosa y de doble moral que insiste en mezclar política, religión, fe y altas dosis de ignorancia. La paz política seguirá siendo una materia pendiente, cualquiera sea el presidente de la República porque las guerrillas se transformaron en carteles, en mafiosos de camuflado como los llamó Petro.



viernes, 13 de marzo de 2026

LA DERECHA RECREA UN NUEVO MIEDO

 


Por Germán Ayala Osorio

 

El candidato de la ultraderecha, Abelardo de la Espriella y periodistas de Blu radio le están apostando a recrear lo que bien se puede llamar un nuevo miedo para asustar al electorado, en particular a aquellos que militan dentro del progresismo y la izquierda y otros que pueden sentirse cautivados por las ideas y el proyecto político que encarna el candidato presidencial Iván Cepeda Castro.

La derecha sabe que los “cocos” del castrochavismo y el neocomunismo están debilitados, lo que obliga a la prensa afecta y a otros agentes políticos de esa misma mesnada a crear un nuevo “coco”, que verdaderamente asuste al electorado. Por eso, De la Espriella y los periodistas de Blu radio están interesados en diseminar entre los colombianos el terror que les produce que, ante la falta definitiva de Iván Cepeda Castro, Aída Quilcué lo remplazaría. Es decir, que una “mujer, indígena y sin títulos académicos” sería la presidenta de Colombia.

El solo hecho de imaginar que el país pueda ser gobernado por una mujer indígena y sin los siempre sobrevalorados títulos académicos les produce escalofrío a los opinadores de Blu radio y al propio Abelardo de la Espriella quien, sin referirse de manera directa a Aída Quilcué, lanzó la “alerta” y de paso defendió a José Manuel Restrepo, quien en caso de faltar el abogado, el país podría estar tranquilo porque su vicepresidente es un “economista de la universidad del Rosario, con una maestría en Economía de la London School of Economics, especialización en Alta Gerencia en Inalde y doctorado en Dirección de Instituciones de Educación Superior por la Universidad de Bath en el Reino Unido”.

Mientras que Quilcué y el pueblo Nasa consideran que los TLC, el neoliberalismo y la política agraria atada a los monocultivos constituyen “planes de muerte”, el economista, fórmula vicepresidencial de Abelardo de la Espriella,  es un agente neoliberal que sigue a pie juntillas las recetas del FMI, lo prescrito en el Consenso de Washington y por supuesto apoya los intereses de los grandes latifundistas y ganaderos interesados en intervenir selvas para imponer el modelo de la gran plantación, potrerizar y especular con el valor de la tierra.

El miserable uso electoral y político de la condición de salud del candidato presidencial del progresismo ya hace parte de la agenda mediática. La reacción de Cepeda no se hizo esperar:

“Señores Néstor Morales y Felipe Zuleta:

La condición de la salud de toda persona es un asunto que debe ser tratado de la manera más responsable por los medios de comunicación. Cualquier duda sobre la salud de una persona sembrada con base a una especulación o rumor, genera representaciones falsas sobre la capacidad idónea para ejercer en forma óptima una función en la vida pública. Como lo he informado de manera rigurosa y responsable, mi decisión de asumir la candidatura presidencial por el Pacto Histórico se ha hecho sobre la base de estrictos controles médicos que son verificables. Si ustedes poseen información en el sentido de que tengo algún problema que me impida ejercer la Presidencia de la República por mi condición física o mental, solicito se sirvan informarlo de manera pronta y oficial. De no ser así, exijo a ustedes que no se propaguen especulaciones que puedan tener propósitos electorales”.

Con ese nuevo “coco”, Blu radio y De la Espriella exponen su clasismo, racismo y lo que es peor: niegan la existencia y la importancia de las instituciones democráticas que se activarían en el preciso momento en el que Cepeda, en calidad de presidente de la República, falte por razones de salud. Desechan también que el equipo de ministros y asesores, el Congreso y otros poderes públicos que estarían obligados a respaldar a la lideresa indígena Quilcué.



Nota: imagen tomada de Pulzo

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