sábado, 24 de enero de 2026

SE VA PETRO EN POCOS MESES: NI SOMOS VENEZUELA Y JAMÁS ESCASEÓ EL PAPEL HIGIÉNICO

 

Por Germán Ayala Osorio

 

A pocos meses de terminar el gobierno de Gustavo Petro el escenario catastrofista que pintaron agentes políticos, económicos y mediáticos el 7 de agosto de 2022  ya no se dio: el modelo económico no sufrió modificaciones, no se acabó con la propiedad privada, no hubo expropiaciones y mucho menos nacionalizaciones de la banca y jamás escaseó el adorado papel higiénico; el dólar no llegó a los  10 mil pesos y no nos convertimos en Venezuela o Cuba como espetaban a diario los advenedizos “expertos” consultados por la prensa hegemónica; eso sí, el castrochavismo fue y sigue siendo el fantasma con el que Uribe Vélez engañó- e intenta seguir haciéndolo-, a cientos de miles de incautos, cenutrios  e ignaros y que le sirvió, además, para insistir en el ocultamiento de los sistemáticos desastres socio ambientales, la naturalización del ethos mafioso, la privatización del Estado y la concentración de la riqueza y el empobrecimiento de millones de colombianos que dejaron 30 años de neoliberalismo.

Ese escenario catastrofista fue aupado por periodistas y empresas periodísticas que se convirtieron en actores políticos que usaron el lenguaje periodístico y los espacios informativos para meter cizaña, tergiversar decisiones gubernamentales, mentir descaradamente y generar estados de opinión llenos de incertidumbre y miedo.

Por cuenta de decisiones editoriales de medios como El Tiempo, El Espectador, El País de Cali, revista Semana y El Heraldo; noticieros como RCN y Caracol y programas radiales como Blu radio, La W y La FM, estas empresas periodísticas entraron en un proceso de deslegitimación y conversión en actores políticos. Bajo esas circunstancias, las bases éticas e incluso los manuales de periodismo entraron en un proceso erosivo que no parece preocupar a las directivas y propietarios de dichas empresas mediáticas. Y mucho menos a las facultades de periodismo que siguen graduando comunicadores formados en pensamiento acrítico y en la defensa del statu quo.

No se advierte un mea culpa de los periodistas, locutores y editores por haber actuado como bodegueros durante casi cuatro años, impulsando una agenda política marcada por el afán de mentir, generar miedo y apostarle a que al gobierno Petro le fuera mal para poder justificar el regreso de una derecha que quedó expuesta ante la opinión pública como la responsable de los más graves problemas del país.

Por supuesto que no habrá reflexión interna y mucho menos una petición de perdón por parte de los periodistas que actuaron de mala fe. Estos largos tres años fueron suficientes para consolidar un quehacer periodístico alejado de la búsqueda de la verdad y de la responsabilidad social de informar de manera veraz y oportuna. El daño político y periodístico ya está hecho. No hay vuelta atrás.

Adenda: termina el gobierno Petro entre luces y sombras: hubo avances en la entrega de tierra al campesinado que el uribismo insistió en acabar; quedan rutas para la transición energética; el ideario progresista caló en amplios sectores societales. Como destino turístico, el País de la Belleza ganó un lugar en el mundo del ocio. Hubo corrupción público-privada y esa es una mancha indeleble. En ese punto, el cambio fue una quimera.




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