Por Germán Ayala Osorio
En la sección Colombia Decide
2026, de Noticias Caracol, estuvo el candidato presidencial Santiago Botero
Jaramillo. Un paisa gritón, reaccionario, creyente en Dios, violento en su lenguaje, con un
discurso básico e ideas desordenadas y ambiguas propias de una persona a la que
se le nota insondables vacíos conceptuales en particular en materia de
filosofía política, la operación del Estado y la economía política. Dice ser empresario
y al parecer está forrado en billete. Botero
Jaramillo se parece mucho a Vicky Dávila: ambos son vocingleros poco formados y
preparados para dialogar y respetar a sus contrarios.
Lo llamativo del asunto estuvo
por cuenta de la evidente incomodidad de la periodista y presentadora Alejandra
Murgas, quien se vio atormentada por un vociferante candidato poco dispuesto a
escuchar y a seguir las reglas de la sección: explicar con claridad meridiana en
qué consiste su plan de gobierno. Botero fue grosero con Murgas y las
audiencias. Mi solidaridad con la colega que, a pesar de todo, sacó adelante la
“entrevista”.
Al final, quedó claro que Botero
Jaramillo no tiene un plan de gobierno estructurado, pero si una cantaleta
electorera propia de quien no tiene la más mínima idea de cómo opera el Estado.
Grita que va a romper el sistema y que no se arrodillará ante políticos y
empresarios corruptos, pero no explica cómo hará para llegar a la
Casa de Nariño, pero, sobre todo, con quién gobernará. Amenaza con meter presos
a los políticos corruptos, convocar una constituyente y un referendo. Y promete
sacar de la pobreza a por lo menos 27 millones de colombianos. Eso sí, no dijo
cómo.
Admira al presidente Bukele y lo
cita como si fuera un referente académico. Así las cosas, Santiago Botero representa
al paisa enredador que va de pueblo en pueblo vendiendo cachivaches, gatas
ciegas y embarazadas, tornillos viejos, empaques de ollas a presión y licuadoras;
muñecas reparadas, estropajos, biblias, almanaques Bristol y rascadores… No
parece tener un equipo asesor que le hable al oído: eso de arengar y gritar no
es propio de un demócrata. Al inicio de su deslucida campaña prometió “plomo o
cárcel” para los que bloqueen las vías y “balín a los bandidos y menos
cárceles, más cementerios”.
Botero no se da cuenta de que ese
“habladito paisa”, muy parecido al tonito en el que les habla a los colombianos
el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez, ya no pega en el país
porque millones de colombianos lo asocian con la trampa, la mentira, el visaje,
los que dicen “Mor” y los “vivazos” que irrespetaron los acuerdos con los
clientes en los apartamentos Airbnb por la presentación del “Conejo Malo” en
Medellín.
Botero Jaramillo es otro paisa
enredador, vociferante y violento que cree que coger las riendas de un país
casi ingobernable como Colombia es tan fácil como montar una bestia. No, no es
a los gritos y mucho menos a las patadas que este país cambia. Necesitamos sí,
una revolución cultural urgente, pero no ejercicios de poder atados a la exclusiva
idea de la violencia legítima del Estado. Y si de verdad cree posible “romper
el sistema”, el primero que tiene que romper el molde de “machito violento
capaz de dar balín, o en la cara, marica” es Usted, señor Botero.
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