Por Germán Ayala Osorio
Al haberle cedido o regalado la medalla
que la identifica como la Premio Nobel de Paz (2025) a Donald Trump, María
Corina Machado quedó ante el mundo como la más grande cipaya-lagarta, al tiempo
que confirmó que efectivamente los miembros del Comité Noruego cometieron un
grave error al otorgarle semejante reconocimiento. Lo que hizo Machado fue deslegitimar
aún más el dichoso galardón. Desconoció de plano la advertencia del Comité Noruego en el sentido de que el premio es "intransferible".
Un error de cálculo político que
suele minimizarse por la naturaleza política del reconocido premio
internacional de paz, expresión genuina de las contradicciones humanas. Una
decisión acompañada de una postura injerencista en los asuntos internos de
Venezuela, compartida con los Estados Unidos.
Machado viajó a la Casa Blanca con
el firme propósito de plantearle al convicto presidente norteamericano una “transacción
política” soportada en la entrega del galardón a quien ella considera la única
persona capaz de ponerla en Miraflores, a pesar de las desobligantes palabras
de Trump cuando le preguntaron si después de derrocar a Maduro Moros le correspondería
asumir el poder en Venezuela a la líder opositora. Al final, negoció su dignidad, avaluada más o menos en los 1,5 millones de dólares que recibió al ganarse el Premio Nobel. Sin duda alguna, una cifra irrisoria para el magnate anaranjado.
Al quedar por fuera del juego
político planteado entre Trump y Delcy
Rodríguez, a María Corina Machado solo le quedan dos caminos: uno, seguir esperando
a que el régimen venezolano implosione por las luchas intestinas que se escapen
al control de los hermanos Rodríguez, presidenta encargada y presidente de la
Asamblea Nacional; o dos, ir, poco a poco alejándose de los medios internacionales para disfrutar
de los millones de dólares que recibió con el Premio Nobel de Paz y finalmente
olvidarse de ese sueño-capricho de gobernar a Venezuela.
La ninguneada de Trump no solo fue contra María Corina Machado, sino contra la oposición misma que lleva años intentando tumbar al oprobioso régimen de Maduro, hoy preso en una cárcel gringa. Machado apoyó varias veces una intervención militar en su propio país. Una vez los Estados Unidos atacó militarmente la infraestructura de defensa de Venezuela, Machado pensó que ese era su momento de reclamar como suya la victoria. No contó con que Delcy Rodríguez, la flamante presidenta encargada, hace rato venía negociando con el gobierno norteamericano la entrega de Maduro sin que ello representara la caída total del régimen.
Desde el tres de enero de 2026, conceptos
como soberanías estatal y popular, democracia, derecho internacional,
conciencia de clase, espíritu latinoamericano y dignidad devienen debilitados por
cuenta de la actitud arrogante del convicto presidente gringo y de la condición
cipaya de una mujer como María Corina Machado, ultrajada por Trump, un vulgar machito,
tan bocón e ignorante como Nicolás Maduro Moros.
Adenda: Si la medalla del Nobel de Paz (2025) está en manos de Trump, ¿quién realmente representa-ostenta el controvertido e internacional galardón?
Adenda 2: Dice la escritora Carolina Sanín, en su cuenta de X, que lo hecho por Machado constituye "un acto de superioridad... Les está faltando tanta sutileza y tanta agudeza como a Trump. Lávense los ojos".
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