jueves, 15 de enero de 2026

EL PERFIL DEL PRÓXIMO PRESIDENTE

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Después del paso del primer gobierno progresista en Colombia, con sus luces y sombras, y ante la proximidad de la elección presidencial en Colombia, quizás resulte interesante imaginar el perfil del próximo mandatario.

Aunque la idea de proponer este perfil es que sirva para “unir” a los colombianos para que juntos, alrededor de un consensuado proyecto de nación lleve al país a estadios de modernidad, se necesitará de todas maneras de un profundo cambio cultural en todas las esferas de la sociedad. Justamente, el talante del próximo mandatario estaría atado a su interés y capacidad de liderar ese cambio que necesitamos para alcanzar un desarrollo sostenible[1] y un progreso colectivo que en algo o en mucho se parezca a las condiciones de vida de países como Noruega y Dinamarca, entre otros.

Así las cosas, el próximo presidente[2] debería de insistir en consolidar las reformas sociales propuestas por el gobierno saliente, como punto de partida para avanzar hacia el deseado cambio cultural. Un cambio de esa naturaleza requiere abandonar cualquier práctica o discurso que promueva el odio entre las clases sociales. Si le apostamos como sociedad a proscribir el clasismo, el machismo, la misoginia, la homofobia, la transfobia, el racismo, la aporofobia y el arribismo, estaremos dando el primer paso para avanzar como sociedad civilizada capaz de afrontar los conflictos y transformarlos en oportunidades de mejoramiento como seres humanos.

Se necesita de un presidente que asuma el Estado como un actor responsable - no el único- para que con su legitimidad e incluso con ejercicios de violencia simbólica y física si fuese necesario, asegure  que nadie, en lo consecutivo, viva en condiciones de miseria y pobreza. No se trata de que todos sean ricos. No. Se trata de que todos tengan las mismas oportunidades y condiciones para desarrollar sus vidas. Que la disciplina, el trabajo y el ingenio sean las armas para competir, en lugar de las palancas políticas, al amiguismo, la pertenencia a clanes políticos o el clientelismo.

Para lograr lo anterior, el próximo presidente debe apostar a desprivatizar el Estado. No se trata de cambiar de contratistas-mecenas que aportan millonarias sumas de dineros a la campaña a cambio de recibir el doble o hasta el triple de lo invertido. Un gobierno que haga operar el Estado bajo ese ethos mafioso jamás logrará meter al país en el camino de la modernidad.

Un presidente egocéntrico siempre terminará escuchando solo a los aduladores de oficio y despreciando a sus críticos. La vida es corta y el poder relativo y efímero. Cuando el poder presidencial es adornado con las lisonjas lanzadas desde específicos sectores societales pierde el sentido de lo colectivo. Entonces, no se gobierna para todos, así sea insista en que representa al pueblo que lo eligió. Ese asunto del "triunfo de las mayorías" alude a una idea caduca y reducida de democracia. 

Si Usted amigo lector llegó hasta este punto, espero que haya llegado a la conclusión de que ninguno de los candidatos y precandidatos presidenciales se acercaría al talante que entre líneas y de manera explícita aquí se propone. Y es así porque seguimos enfrascados en la idea de vencer, derrotar, destripar y aplastar al contradictor político. Ninguno le ha planteado al Establecimiento y al resto de la sociedad hacer una pausa para reconocer que el ethos mafioso es ya una tara civilizatoria que debemos superar cuanto antes. Todos andan metidos en una carrera frenética por llegar al Solio de Bolívar para gobernar bajo las mismas condiciones que impiden hacerlo con eficacia, efectividad y eficiencia.

No es a través de asambleas constituyentes, ni de discusiones políticas en el Congreso y mucho menos con violentas manifestaciones callejeras que lograremos proscribir ese ethos mafioso. A lo mejor la salida es más sencilla. No es apelando al discurso patriotero que lo vamos a lograr. Como tampoco con posturas tibias y medrosas propias de un político calculador. Pongámonos de acuerdo en lo fundamental: necesitamos deponer intereses de clase y odios para sacar adelante al país. 




[1] De carácter sistémico, que no priorice e imponga la variable económica y que incluya variables o asuntos como la cultura, la ecología, la ecología política y factores socioambientales.

[2] Hablo de presidente (hombre), porque aún estamos lejos de que una mujer por primera vez gobierne a Colombia. Estoy seguro de que siempre existieron y existen hoy mujeres capaces de gobernar este complejo país. Pero el modelo patriarcal, el machismo y los miedos de los hombres poderosos de ceder el poder no permitieron la llegada de una mujer a la Casa de Nariño.

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