Por Germán Ayala Osorio
De acuerdo con los resultados de
las últimas encuestas, Iván Cepeda Castro y Abelardo de la Espriella Juris
pasarían a segunda vuelta. De darse esa “final” electoral entre los dos
candidatos presidenciales, la polarización política y la crispación ideológica
se naturalizarían de tal forma que el país del plebiscito por la paz de 2016,
violentamente escindido entre el Sí y el No seguiría vigente en medio de la
intolerancia verbal y la consolidación de las empresas mediáticas como actores
políticos.
Si Cepeda llega a la Casa de Nariño
en calidad de presidente, lo más probable es que los colombianos soporten cuatro
años más de tratamientos periodísticos amañados por parte de la prensa
hegemónica y los enfrentamientos políticos, institucionales y verbales entre
agentes económicos de la sociedad civil y el nuevo gobierno. La "revolución ética" que propone está lejos de concretarse no solo por el crispado ambiente, sino por las lógicas económicas y políticas en un país dominado por millonarios contratistas, banqueros y empresarios interesados más en invertir en campañas presidenciales para sacar millonarias ganancias, que en apostarle a transformar culturalmente a la sociedad colombiana. La corrupción al interior del gobierno Petro existió y constituye una mancha difícil de borrar.
Si De la Espriella se sienta en
el Solio de Bolívar, aquella amenaza que lanzó en contra de todo lo que huela a
izquierda y petrismo animaría la consolidación de un anormal y miedoso clima social
y político en una sociedad cuyos miembros aprendieron a odiarse desde el 7 de
agosto de 2002. Su carácter de abogado "pica pleitos" haría posible escenarios de persecución jurídico-política contra aquellos que osen cuestionar sus decisiones. De hecho, en calidad de candidato presidencial, ya acosa, judicialmente hablando, a la abogada Ana Bejarano.
Bajo esas circunstancias, el gran
derrotado sería el centro político, fantasmal espectro ideológico y político representado
por Sergio Fajardo Valderrama y por aquellos precandidatos que se juntaron en
la Gran Consulta, a pesar de venir de la derecha y la falta de apoyo y carisma
de políticos como Vicky Dávila, Juan Carlos Pinzón, Juan Manuel Galán y Juan
Daniel Oviedo, entre otros.
Cepeda ofrece la continuidad del
proyecto político progresista que encarna el presidente Petro. Mientras que De
la Espriella Juris representa el regreso al poder de la derecha uribizada con
todo y lo que ello significa: “destripar, perseguir, anular, estigmatizar,
expulsar y echar para atrás” normas, decretos y decisiones administrativas adoptadas
por el actual gobierno.
La disputa electoral entre Cepeda
y De la Espriella se dará en medio de un enrarecido escenario político
internacional por cuenta de la aplicación de la Doctrina Donroe en cabeza del
convicto presidente de los Estados Unidos. La reunión Trum-Petro será clave
para entender el tipo de injerencia que el gringo aplicará en las elecciones
venideras.
El gobierno norteamericano cuenta
con la actitud lacaya del “tigre” Abelardo, de la misma manera que cuenta con
la postura soberana y anti gringa de Cepeda. Las relaciones de Abelardo de la
Espriella con el régimen venezolano podría ser un factor negativo al momento de
recibir el apoyo de Trump; por más que se limen asperezas con Petro, el gobierno
de los Estados Unidos intentará, guardadas las proporciones, controlar a
Colombia como lo está haciendo ahora mismo sobre Delcy Rodríguez, la “presidenta”
de Venezuela.
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