viernes, 2 de enero de 2026

ES VERDAD, UN CONGRESISTA NO PUEDE GANAR 32 MILLONES

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Al conocer el decreto con el que se eliminaría la prima especial de servicios que recibirían los próximos congresistas (11 millones de pesos mensuales) el congresista Antonio Zabaraín espetó que “un congresista que se gana 32 millones de pesos no es bien remunerado”.  La medida no aplica para los actuales legisladores.

¿En dónde ubicar lo expresado por el congresista? En un análisis ligero se podría decir que se trata de una expresión clasista muy común en una sociedad clasista como la colombiana en la que políticos como Zabaraín se escandalizan porque les van a tocar sus exagerados privilegios e incluso les alcanza para oponerse al incremento del salario mínimo a dos millones de pesos; cifra que los congresistas colombianos se pueden gastar en una noche de rumba.

Es posible pensar en que Zabaraín valora la actividad legislativa porque considera meritorio asistir al Congreso para legislar en favor de los intereses de los clanes y las empresas que les regalan o financian las curules. Y desde esa perspectiva, el congresista tiene algo de razón porque lo mínimo que se puede esperar al cumplir el rol de monigote de agentes económicos y políticos del Establecimiento que solo buscan mantener y extender sus pérfidos intereses es recibir una jugosa remuneración. Justamente, un salario de 50 millones de pesos- sin contar con lo que se pueda recibir por negociados- apenas si alcanza para encubrir o maquillar la mísera existencia de quienes buscan llegar al Congreso para cumplir tan indigna función. Bajo esas circunstancias, no está bien que un congresista devengue 32 millones de pesos.

Lo dicho por Zabaraín, del partido Cambio Radical, podría competir en repugnancia con la frase del diputado antioqueño, Rodrigo Mesa Cadavid, “la plata que uno le meta al Chocó es como meterle perfume a un bollo".

Insisto en que entre las dos las dos expresiones hay elementos clasistas y racistas muy propios de la sociedad colombiana. En un ejercicio conducente a “fusionarlas”, el resultado podría dar vida a estas otras frases. De parte de los patrocinadores de las campañas de los aspirantes al Congreso: “La plata que uno le meta a un congresista para que legisle en favor nuestro es poca con tal de que cumpla con nuestras órdenes”.

De parte de los mismos congresistas: “si voy a cumplir la función de mandadero oficial de poderosos agentes económicos, el salario que merezco debe alcanzarme para perfumar mi indignidad. Parafraseando al excelentísimo doctor Rodrigo Mesa Cadavid podríamos decir que, en un país de mierda como Colombia, a los congresistas no los patrocinan, los perfuman.



“Un congresista que se gana $32 millones no es bien remunerado”: senador Antonio Zabaraín - El Diario

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