Por Germán Ayala Osorio
Al conocer el decreto con el que se
eliminaría la prima especial de servicios que recibirían los próximos congresistas
(11 millones de pesos mensuales) el congresista Antonio Zabaraín espetó que “un
congresista que se gana 32 millones de pesos no es bien remunerado”.
La medida no aplica para los
actuales legisladores.
¿En dónde ubicar lo expresado por
el congresista? En un análisis ligero se podría decir que se trata de una expresión
clasista muy común en una sociedad clasista como la colombiana en la que
políticos como Zabaraín se escandalizan porque les van a tocar sus exagerados privilegios
e incluso les alcanza para oponerse al incremento del salario mínimo a dos
millones de pesos; cifra que los congresistas colombianos se pueden gastar en una
noche de rumba.
Es posible pensar en que Zabaraín
valora la actividad legislativa porque considera meritorio asistir al Congreso
para legislar en favor de los intereses de los clanes y las empresas que les
regalan o financian las curules. Y desde esa perspectiva, el congresista tiene
algo de razón porque lo mínimo que se puede esperar al cumplir el rol de
monigote de agentes económicos y políticos del Establecimiento que solo buscan
mantener y extender sus pérfidos intereses es recibir una jugosa remuneración.
Justamente, un salario de 50 millones de pesos- sin contar con lo que se pueda recibir
por negociados- apenas si alcanza para encubrir o maquillar la mísera
existencia de quienes buscan llegar al Congreso para cumplir tan indigna función.
Bajo esas circunstancias, no está bien que un congresista devengue 32 millones
de pesos.
Lo dicho por Zabaraín, del partido Cambio Radical, podría
competir en repugnancia con la frase del diputado antioqueño, Rodrigo Mesa
Cadavid, “la plata que uno le meta al Chocó es como meterle perfume a
un bollo".
Insisto en que entre las dos las dos
expresiones hay elementos clasistas y racistas muy propios de la sociedad
colombiana. En un ejercicio conducente a “fusionarlas”, el resultado podría dar
vida a estas otras frases. De parte de los patrocinadores de las campañas de
los aspirantes al Congreso: “La plata que uno le meta a un congresista
para que legisle en favor nuestro es poca con tal de que cumpla con nuestras órdenes”.
De parte de los mismos
congresistas: “si voy a cumplir la función de mandadero oficial de poderosos
agentes económicos, el salario que merezco debe alcanzarme para perfumar mi
indignidad”. Parafraseando al excelentísimo doctor Rodrigo Mesa
Cadavid podríamos decir que, en un país de mierda como Colombia, a los congresistas
no los patrocinan, los perfuman.
“Un congresista que se gana $32 millones no es bien remunerado”: senador Antonio Zabaraín - El Diario
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