Por Germán Ayala Osorio
Después de la positiva
conversación entre los presidentes Trump y Petro hay que aterrizar el
significativo diálogo a dos realidades incontrastables: la primera, que el
gobierno del presidente Petro está de salida, lo que limita los alcances de la
reunión bilateral que está por concretarse entre los dos mandatarios; y la segunda,
que independientemente de cómo salga el encuentro, la injerencia del Tío Sam en
las próximas elecciones sí o sí se dará. El matiz quizás esté en relación con
las maneras en las que buscarán influir en el definitivo escenario electoral.
Basados en la primera realidad,
la comitiva que acompañará a Petro y el propio presidente tendrán que dar las
explicaciones a que haya lugar en torno a la lucha contra el narcotráfico,
pensando en clave de continuidad del proyecto progresista con ajustes
estructurales a la idea de la Paz Total. Es decir, tendrán que erosionar o
desmentir la narrativa que la derecha colombiana ya sembró en las autoridades
norteamericanas alrededor de que Petro y Cepeda son “comunistas” y por lo tanto
un peligro para los Estados Unidos. El objetivo está claro: hay que exponer
privadamente a Uribe Vélez y de esa manera demostrar que no es el “héroe” que
Trump cree que es.
En cuanto al tema de la paz
territorial, haberle dicho a Trump que el ELN es hoy el problema en zonas como el
Catatumbo con la producción de cocaína obliga a un cambio en la idea de buscar
la paz. Cepeda ha dicho que dará continuidad al proyecto Petro, incluida la búsqueda
de la pacificación del país por la vía de la negociación política. Va siendo
hora de que el candidato del Pacto Histórico deje el lado romántico de la paz pues
Estados Unidos muy seguramente estará interesado imponer el camino de la guerra
total contra las narcoguerrillas por encima de la ruta de los diálogos de paz.
Si se logra concretar la reunión entre Trump y
Petro, las claridades que le haga el presidente colombiano a su homólogo en
relación con la manera como viene dando la lucha contra el narcotráfico podrán
servir para que el gringo entienda cuál es la realidad de un país en el que
operan narcoguerrillas en territorios inundados de cultivos de coca. También, Petro
deberá asegurarse de convencer a Trump de que efectivamente fue engañado por políticos
y exmilitares que viajaron a Miami y Washington a tergiversar la realidad
social, económica y política basados en el odio a Petro.
Dada la complejidad que suponen
los temas arriba expuestos, el tema de la injerencia gringa en las elecciones
no se abordará en la reunión bilateral. Lo que sí podrá lograr Petro y su
comitiva es sembrar dudas en la administración Trump de las buenas intenciones
de la derecha colombiana al querer recuperar el poder con el apoyo norteamericano.
Más claro: hay que demostrar con cifras y hechos fácticos que en Colombia hay una
élite perversa responsable de las múltiples formas de violencia que se
manifiestan en el país desde hace décadas. De esa manera, Petro le estaría
abonando el camino a Cepeda, quien deberá morigerar su discurso anti gringo.